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Declarada Patrimonio Cultural
de la Humanidad por la UNESCO, Cartagena de Indias es
una ciudad colmada de riquezas arquitectónicas
que la convierten en uno de los sitios más visitados
de Colombia.
Sus espectaculares playas y sus más de once kilómetros
de murallas construidas en 1515 para defenderse del
ataque de piratas la convierten en un lugar ideal para
el turista.
A un lado, la ciudad vieja, y al otro, la nueva, divididas
por tres bóvedas construidas en el siglo XVIII.
El visitante puede pasar de un lado a otro caminando
y disfrutar de un interesante contraste.
En la ciudad vieja hay carruajes que recorren las estrechas
callejuelas con simpáticos guías que muestran
cada rincón, pregoneras que venden cocadas, canillitas
de leche, dulces de papaya y otras exquisiteces en el
famoso Portal de los Dulces; además
de infraestructura colonial por doquier: decenas de
viviendas construidas en los siglos XVI y XVII, con
balcones colmados de jardines, puertas de gruesa madera
que abren a amplios corredores, grandes habitaciones
de pisos y techos de madera como detenidos en el tiempo.
Hermosas fachadas, amplias escalinatas, sombreados corredores
y jardines interiores, grandes salones y románticos
miradores muestran el buen vivir durante la colonia.

En la plaza de Santo Domingo podrá disfrutar
de un exquisito café colombiano, además
de visitar el Museo del Oro.
Por el otro, en la ciudad nueva, el tráfico es
intenso, la gente camina apresurada en calles colmadas
de comercio de ropa, calzado, casetes y frutas.
Numerosas discotecas, hoteles cinco estrellas y lujosos
restaurantes ubicados, ya sea en Bocagrande o en La
Manga, barrios de gran opulencia durante la época
de la colonia que hoy son el punto de partida hacia
otros atractivos turísticos de la ciudad.
En Bocagrande se puede tomar una Chiva rumbera,
autobús multicolor que por espacio de tres horas
recorre ambas partes de la ciudad junto a un grupo nativo
que toca música ballenato y que hace bailar a
los pasajeros.
También en Bocagrande se puede disfrutar de los
más suculentos platillos marinos, comprar artesanías
y visitar la mejor parte de la playa, además
de admirar la impresionante vista desde esa parte de
la bahía.
Es ahí donde también se puede tomar una
embarcación que lo llevará a cualquiera
de las islas que rodean Cartagena que ofrecen paradisíacas
playas verde esmeraldas.

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Visitas
obligadas
Por su estratégica
ubicación frente al mar Caribe, Cartagena fue
el puerto elegido para abastecer los galeones que iban
rumbo a la corona cargados de preciosas mercancías
y municiones.
Este movimiento comercial atrajo la ambición
de piratas y ladrones que atacaban Cartagena en busca
de fortuna. Para defender a la ciudad, los reyes de
España aprobaron la construcción de castillos
y murallas que protegerían a la región
de la codicia de los filibusteros.

Ahora son precisamente estas murallas y fortalezas las
que constituyen el principal atractivo de la ciudad.
Uno de los más representivos es el Fuerte de
San Felipe, una monolítica estructura de piedra
y argamasa, llena de trampas, túneles y sorpresas.
Considerada la obra defensiva más importante
realizada por la ingeniería militar española
en América, ante sus muros cayó vencida
a fines del siglo XVIII la poderosa flota inglesa comandada
por el almirante Vernon, que venía con el propósito
de apoderarse de la ciudad.
Otros fuertes reconocidos son el de San Sebastián
de Pastelillo, que tiene una doble atracción:
el Club de Pesca y la vista que ofrece de la bahía
y de la ciudad.
Otra de las visitas obligadas es el Museo de la Santa
Inquisición, ubicado en el corazón de
la ciudad vieja y construido en 1770 siguiendo los patrones
del barroco español. Sus muros fueron testigos
de confesiones fantásticas, conseguidas a punta
de torturas y amenazas.
En su interior aún se conservan objetos y herramientas
con las que se castigó en ese tiempo a las blasfemias
y herejías cometidas durante aquella época.
Frente al museo, el Parque Bolívar, el antiguo
Hotel Plaza Bolívar y el Portal de los Moros
son sitios donde se dan cita ancianos de la ciudad y
grupos de música folclórica.
A unos veinte minutos a pie desde ahí se puede
llegar al Convento de Santa Clara, otra de las grandes
construcciones religiosas de la ciudad, levantado como
un claustro para monjas y construido durante el siglo
XVII. Es notable la belleza de su altar y un púlpito
en madera dorada.
Hoy día este convento es un hotel de gran categoría
al que se puede entrar para hacer fotografías
y disfrutar de sus hermosos corredores y jardines.
Muy cerca de ahí se encuentra localizado el Cuartel
de la Bóvedas, que si bien no es la obra mayor
de la ingeniería militar local, guarda cierta
belleza la equilibrada repetición de los 47 arcos
de medio punto que protegen las 24 bóvedas construidas
al final del siglo XVIII como depósito de pólvora,
víveres y pertrechos. Este es uno de los rincones
típicos de Cartagena colonial y lugar de gran
atractivo turístico, porque ahí se puede
comprar la más variada colección de artesanías
de la zona.
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