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El libro “Historia de la medicina en El Salvador”, del doctor Carlos Infante Meyer, presenta los datos más variados, curiosos y valiosos sobre el quehacer médico desde la época prehispánica hasta la actualidad.


 

Sala de operaciones sˇpticas, Hospital de
Ni–os Benjam’n Bloom, en 1929. (Hˇctor Hern‡ndez).

Si en este momento un doctor le dijera a un enfermo de neumonía que le van a inyectar coñac endovenoso, de seguro le sorprendería el uso de este licor como tratamiento médico, y más aún se admiraría un enfermo de cirrosis hepática si le suministraran agua de coco por vía intravenosa.
Estos singulares tratamientos son dos ejemplos de lo que atesora el libro “Historia de la medicina en El Salvador”. El primer caso se encuentra en la página 259, como un testimonio del doctor Salvador Morán Calderón, quien dijo: “Éramos estudiantes y hacíamos nuestras prácticas de medicina interna en los servicios del Hospital Rosales, más que todo en el segundo, cuyo jefe era el doctor Carlos Rodríguez Jiménez allá por el año de 1934... Recuerdo que cuando llegaban al servicio pacientes con enfermedades pulmonares inflamatorias agudas, como la neumonía, no habiendo en ese tiempo antibióticos, la primera indicación del doctor Rodríguez era inyectar coñac endovenoso cada 12 horas.
Cargábamos una jeringa con 10 ó 20 centímetros de coñac ‘Martel’ y lo inyectábamos lentamente en la vena. Según los detalles físicos del enfermo, como constitución, la edad y el sexo, así era la cantidad infundida: alrededor de veinte centímetros y algunas veces más.
Con los muchachos siendo jóvenes y curiosos todos, a veces queríamos gozar de la administración de aquella terapia del coñac y aplicábamos lentamente 20 centímetros al enfermo, nos poníamos atentos a platicar con él y notábamos que se iban poniendo eufóricos, ‘tecolotones’, como por el efecto de un par de buenos tragos en un hombre sano. Después de unos minutos, como era por vía endovenosa, el enfermo empezaba a contarnos historias pintorescas, alegres, chistes, hasta de sus amores, lo que indicaba el cambio que iba teniendo.
No había dudas de que el licor hacía provecho en su enfermedad. Hubo veces que aplicamos dosis mayores para observar el efecto en el hombre que nos servía para practicar. Esto lo hicimos varias veces en nuestras prácticas de alumnos de la Escuela de Medicina y observamos que el licor era efectivo”.

Escuela de Medicina y Hospital Rosales (Postal de Stephen Grant).

Recorrido por el tiempo

El libro de Infante Meyer es una joya de la literatura, porque además de recoger una valiosa información que se encontraba fragmentada y que servirá para conocer los antecedentes médicos del país, también es un valioso rescate cultural.
En sus 512 páginas, divididas en 24 capítulos, se recopila buena parte de los datos y los hechos que dieron vida y desarrollo al campo médico. Aquí hay anécdotas, testimonios, tratamientos médicos, rescate bibliográfico, presentación de cifras y hasta publicidad de diferentes épocas relacionada con la medicina.
La obra comienza con la medicina indígena, y es aquí donde Meyer se enfrenta con la escasez de literatura. Esta limitante la superó al recurrir a libros de historia y relatos de los antiguos cronistas sobre la cultura maya en Mesoamérica, así como a colecciones artísticas (estatuillas de barro, pinturas en cerámica y esculturas en piedra) que plasman el conocimiento que los indígenas poseían de ciertas enfermedades o defectos físicos.
Meyer presenta fotografías de esculturas indígenas, en las cuales se reflejan los padecimientos que sufrían, como exoftalmos (defectos del ojo saltón), el escleroma nasal (tumoración de la nariz), la sífilis congénita y hongos en las uñas, entre otros.
También presenta algunos de los medicamentos utilizados por los aborígenes y los procedimientos para curar, datos que han sido tomados de algunos historiadores, como fray Bernardino de Sahagún, quien escribió en náhuatl y publicó la “Historia general de las cosas de Nueva España”.
Este autor señaló lo siguiente: “Digamos aquí una cosa digna de saber, que tiene dependencia de cuando el niño muere dentro de su madre, que la partera con una navaja de piedra que se llama ‘itztli’ (obsidiana) corta el cuerpo muerto dentro de la madre y a pedazos lo saca: con esto libran a la madre de la muerte...”.
Sahagún también indicó que “los vendedores de remedios tenían en los tianguis un sitio especial y ahí había yerbas medicinales, raíces, flores y también piedras y sustancias medicinales, así como productos del reino animal”.

 

Dejando las páginas que se refieren a la medicina indígena, Meyer pasa al choque cultural del Viejo Mundo con el Nuevo, al enriquecimiento de la información médica y farmacológica, y lastimosamente al intercambio de enfermedades.
Con la llegada de los españoles arriban los primeros médicos europeos y junto con ellos también se presentan los registros de las primeras epidemias en Centroamérica, como la del sarampión en 1532 y el de la disentería en 1545.

culta

Entre la información que presenta este libro también está la fundación del primer hospital en Centroamérica, el “Hospital de la Misericordia”, que comenzó a funcionar en Guatemala en 1535. En el actual El Salvador, el primero funcionó en Sonsonate, que para 1642 era conocido como el “Hospital la Santísima Trinidad”.
Según los apuntes investigados por Meyer, en un principio los hospitales eran fundados para socorrer y para curar a los pobres y a los peregrinos. En el caso de San Salvador, hasta principios del siglo XIX nunca había existido un centro asistencial.
Para la atención de los enfermos menesterosos, según comentarios de uno de los médicos más notables de esa época, el licenciado Andrés Castro Mesones, “no se necesitaba todavía hospital, porque los enfermos pobres eran recibidos con mucho interés en las casas de las personas acomodadas, pues casi todas tenían piezas interiores preparadas para recibirlos. Yo conocí como médico, cuando empecé a ejercer mi profesión y fui llamado varias veces, que en algunas casas había camas hasta con pabellones para recibirlos, cuidarlos y hasta sepultarlos si morían, y rezarles los nueve días”.
La obra también incluye la creación de las primeras universidades en Mesoamérica, los primeros médicos graduados en Centroamérica, la influencia de la medicina francesa, la participación de los galenos en la política, el porqué es considerado padre de la medicina en El Salvador al doctor Carlos Bonilla, cuáles eran los precios que cobraban en 1861, el trabajo que desempeñaban los barberos como cirujanos y el desarrollo de la cirugía en el país.
De igual forma encontramos la introducción de los métodos antisépticos, cuál fue el primer trabajo sobre cirugía experimental, la primera mujer en estudiar medicina, la fundación del Hospital Rosales; la salud pública a principios, mediados y finales de este siglo, toda una información valiosa para el historiador y el estudioso de la medicina.

Estudiantes reciben prácticas de anatomía en la Facultad de Medicina de El Salvador, en 1846 (“El Porvenir de Centro América”).

Herencia familiar

Según Carlos Infante Meyer, la idea de escribir este libro nació como una forma de continuar y complementar la investigación histórica realizada por su padre, el también médico Salvador Infante Díaz, en su libro “Cáncer en El Salvador”.
“Es así como hace ocho años, al leer con atención esta obra medité sobre la indiferencia del gremio médico al no reconocer la gran labor de todos aquellos colegas que nos antecedieron, a quienes debemos ciencia y ejemplo. Así invité a un numeroso grupo de historiadores y colegas salvadoreños en diferentes especialidades a unirse en la realización de esta recopilación histórica”, asegura.
Durante todo el trabajo para conseguir la información adecuada siempre hubo problemas, como la escasa documentación sobre la medicina prehispánica del país, la pérdida de mucha literatura médica salvadoreña de los siglos XIX y XX en las bibliotecas, así como la escasa publicación de la medicina en el país en los últimos 30 años.

 

Sobre el siglo XX se revisa casi todo lo publicado sobre medicina en El Salvador en las revistas “Archivos del Hospital Rosales”, “El Salvador médico”, “Revista salvadoreña de hospitales”, así como algunas publicaciones de la Sociedad de Pediatría y memorias de varias instituciones relacionadas con el campo médico.

“Al analizar esta amplia bibliografía es interesante y a la vez desalentador observar cómo en la primera mitad del siglo, a pesar de los inconvenientes de la época y del limitado número de galenos, se realizaban más investigaciones científicas y se escribía mayor cantidad de artículos sobre medicina que en los tiempos actuales”, señala Meyer en la introducción de su libro.
Otro de los problemas que encontró es el de establecer quién fue el médico que diagnosticó, por primera vez, tal o cual enfermedad, o quién practicó tal operación, así como el primero que haya empleado cierto medicamento. “Con frecuencia se escucha ‘yo fui el primero que practicó tal procedimiento, pero no recuerdo la fecha’, ‘yo lo realicé antes que otro’. Por ello se ha tratado de ser imparciales y veraces, motivo por el cual se ha consultado un extenso número de especialistas en los diferentes campos de la medicina”, señala Meyer.
Para la publicación de este libro recibió el patrocinio de Laboratorios Ancalmo, ya que según su presidente, el doctor Mario Enrique Ancalmo, los empresarios deben ver más allá de la generación de empleos; deben apoyar la cultura, porque es el mejor antídoto contra la violencia.
En todo caso, con la investigación y la publicación de este libro, Meyer descubrió la riqueza cultural e informativa de algunos de sus colegas, y la prepotencia, la arrogancia y la vanidad de otros; sin embargo, el lector encontrará en este libro el esfuerzo de varias personas para rescatar la rica historia de la medicina en El Salvador, y a lo mejor algún médico quiera recuperar y usar algún tratamiento que en el pasado sirvió de mucho.

 


Fechas importantes

• 1847. Fundación de la Facultad de Medicina en el convento de Santo Domingo, edificio construido a partir de 1721, segunda sede de la Universidad de El Salvador a partir de 1844.
• 1879. Se inaugura el nuevo edificio de la Universidad de El Salvador contiguo al Palacio Nacional.
• 1902. Abre sus puertas el Hospital Rosales. Muchas personas criticaron que el sanatorio estuviera tan lejos del centro de San Salvador.
• 1913. Fue inaugurado el edificio de la Escuela de Medicina, conocido también como “La Rotonda”.
• 1928. Comienza a funcionar el hospital de niños Benjamín Bloom.
• 1934. Es inaugurado el Hospital Militar.
• 1954. Inicia sus labores el Hospital de Maternidad.
• 1968. Se inaugura el edificio del Colegio Médico en la colonia Miramonte, San Salvador.
• 1970. Abre sus puertas el nuevo edificio del hospital de niños Benjamín Bloom.
• 1971. La Facultad de Medicina logra su traslado definitivo al campus universitario.

Otras fechas

• 1848. El licenciado Rafael Pino es el primer profesor de la Facultad de Medicina.
• 1852. Los primeros médicos graduados de la Facultad de Medicina son los doctores Gregorio Ávalos (foto de arriba) y Horacio Parker (abajo).

 


El libro “Historia de la Medicina en El Salvador” es vendido a 600 colones en Laboratorios Ancalmo y en librerías.


 

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