15 de julio de 2001


Grotescas, feas, dramáticas y acompañadas de un erotismo vulgar son las pinceladas que Antonio Bonilla imprime a sus obras. Cada una es reflejo de las desenfrenadas crisis políticas y sociales.


Escríbanos

Para acercanos a la obra de este pintor se necesita desechar los términos agradable y bello. Sus figuras rompen con la estética clásica y muestrana al estilo feo y grotesco, una sociedad salvadoreña en crisis.
“Mis cuadros son una manera de expresar la realidad. Hay violaciones, secuestros y mendicidad. El país se encuentra desenfrenado y mi obra es contestataria”, explica Miguel Antonio Bonilla.
Su línea de trabajo siempre ha naufragado por el subrealismo, atrapado en un realismo cotidiano, que está cargado con un simbolismo que evidencia una atmósfera dramática, donde el protagonista principal es el hombre como maquinador y destructor de sí mismo.
El lenguaje visual en sus pinturas es simple y grotesco, por lo que es catalogado por el resto de sus colegas como “el maestro del feísmo”, debido a lo polémico, irreverente y agresivo de sus cuadros, con los cuáles sacude la conciencia de quienes los observan.
Con el título puesto por sus compañeros no parece sentirse cómodo don Antonio, y es que para él, la gente confunde belleza y fealdad en el arte y esas son categorías estéticas, por lo que no se considera como el maestro del feísmo en El Salvador. Sin embargo, no niega que la fealdad esté presente en sus obras.
Dentro del material reciente se encuentra “apuntes sobre la violencia”, obras hechas en tonalidades pasteles que muestran con crudeza la realidad que vive la sociedad salvadoreña. Entre ellas destacan los problemas familiares (violencia física, sicológica y verbal); la incidencia de los secuestros, las violaciones y las torturas a las que son sometidas las víctimas de estos fenómenos sociales.

 

Estilo controversial

Su obra se caracteriza por expresar la realidad acentuando lo grotesco, lo tenebroso, lo absurdo de la vida cotidiana. Presenta inclinación por crear como Picasso, Kandinsky, Cezanne y Magritte, todos con denominador común la destrucción de la forma clásica.
Bonilla rescata con ese tenebrismo y repugnante realidad el dolor de un parto que no se sabe cuándo terminará de sangrar o la tortura de una fémina que es sometida a todo tipo de agresiones sexuales.
Este arte defiende aquellas cualidades de la realidad señaladas como negativas, deformadas, que destruye la forma y crea el drama, acentuando la atención en los aspectos oscuros y malignos de la sociedad.
Gran parte de la temática de su obra se enfoca en la problemática política y social y desemboca en un subrealismo que forma imágenes oníricas y fantasmagóricas, donde presenta demonios, esqueletos, militares, gorilas y mutaciones entre hombres y monstruos.


Este maestro del arte no bello también deja en sus lienzos las pasiones humanas, la ira, la ambición, el sexo, la codicia, el crimen, temáticas que plasma bajo contrapuesta óptica en la religión. Ejemplo de ellos son “Los siete pecados capitales”.
Bonilla es autodidacto; trabajó junto a Ricardo Ramírez, Napoleón López, Edgardo Valencia y Dagoberto Reyes. Fue integrante de la brigada “La Masacuata”, en la década de los 70. Estudió arquitectura, que luego abandonó para dedicarse a las artes plásticas.

 

La mayoría de obras de este capitalino caza con lo inédito, no se repiten y su estilo está ligado a las historias de El Salvador de los últimos años sin pretender moralizar ni atemorizar al público con el fin de que enmiende sus pecados. Más bien muestra el interior del ser humano en todo su salvajismo y crueldad.

Más de Bonilla

Nació en San Salvador el 9 de abril de 1954.
Tiene una formación autodidacta en las artes plásticas y participa desde 1972, junto con otros compañeros, en trabajos pro-cultura. Durante algún tiempo reside en México y retorna al país en 1980.
La mayoría de sus obras se encuentra en México y en colecciones privadas en Europa y Estados unidos.

Exposiciones colectivas

• 1972: Salón del Banco Central de Reserva de El Salvador.
• 1978: Salón Arte Erótico, Galería La Esfera, México.
• 1980: Violines y zepelines, Galería La Chinche, México.
• 1982: Cinco artistas salvadoreños, galería Museo, San Francisco California, E.U.
• 1986: Museo Forma, Costa Rica.

Individuales

• 1974: Sala Exposición Credisa, El Salvador.
1976: Tiempo y muerte, Galería Alianza Francesa, México.
• 1978: Aparador de reflejos, Galería La Esfera, México.
• 1984: Horrores y otras vainas, Galería Tlaolli, El Salvador.
• 1987: Mitos y farsas. Galería El Laberinto, El Salvador.

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