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Para acercanos a la obra de este pintor
se necesita desechar los términos agradable y bello. Sus figuras
rompen con la estética clásica y muestrana al estilo feo
y grotesco, una sociedad salvadoreña en crisis.
Mis cuadros son una manera de expresar la realidad. Hay violaciones,
secuestros y mendicidad. El país se encuentra desenfrenado y
mi obra es contestataria, explica Miguel Antonio Bonilla.
Su línea de trabajo siempre ha naufragado por el subrealismo,
atrapado en un realismo cotidiano, que está cargado con un simbolismo
que evidencia una atmósfera dramática, donde el protagonista
principal es el hombre como maquinador y destructor de sí mismo.
El lenguaje visual en sus pinturas es simple y grotesco, por lo que
es catalogado por el resto de sus colegas como el maestro del
feísmo, debido a lo polémico, irreverente y agresivo
de sus cuadros, con los cuáles sacude la conciencia de quienes
los observan.
Con el título puesto por sus compañeros no parece sentirse
cómodo don Antonio, y es que para él, la gente confunde
belleza y fealdad en el arte y esas son categorías estéticas,
por lo que no se considera como el maestro del feísmo en El Salvador.
Sin embargo, no niega que la fealdad esté presente en sus obras.
Dentro del material reciente se encuentra apuntes sobre la violencia,
obras hechas en tonalidades pasteles que muestran con crudeza la realidad
que vive la sociedad salvadoreña. Entre ellas destacan los problemas
familiares (violencia física, sicológica y verbal); la
incidencia de los secuestros, las violaciones y las torturas a las que
son sometidas las víctimas de estos fenómenos sociales.


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Estilo controversial
Su obra se caracteriza por expresar la
realidad acentuando lo grotesco, lo tenebroso, lo absurdo de la vida
cotidiana. Presenta inclinación por crear como Picasso, Kandinsky,
Cezanne y Magritte, todos con denominador común la destrucción
de la forma clásica.
Bonilla rescata con ese tenebrismo y repugnante realidad el dolor de
un parto que no se sabe cuándo terminará de sangrar o
la tortura de una fémina que es sometida a todo tipo de agresiones
sexuales.
Este arte defiende aquellas cualidades de la realidad señaladas
como negativas, deformadas, que destruye la forma y crea el drama, acentuando
la atención en los aspectos oscuros y malignos de la sociedad.
Gran parte de la temática de su obra se enfoca en la problemática
política y social y desemboca en un subrealismo que forma imágenes
oníricas y fantasmagóricas, donde presenta demonios, esqueletos,
militares, gorilas y mutaciones entre hombres y monstruos.

Este maestro del arte no bello también deja en sus lienzos las
pasiones humanas, la ira, la ambición, el sexo, la codicia, el
crimen, temáticas que plasma bajo contrapuesta óptica
en la religión. Ejemplo de ellos son Los siete pecados
capitales.
Bonilla es autodidacto; trabajó junto a Ricardo Ramírez,
Napoleón López, Edgardo Valencia y Dagoberto Reyes. Fue
integrante de la brigada La Masacuata, en la década
de los 70. Estudió arquitectura, que luego abandonó para
dedicarse a las artes plásticas.

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La mayoría de obras
de este capitalino caza con lo inédito, no se repiten y su estilo
está ligado a las historias de El Salvador de los últimos
años sin pretender moralizar ni atemorizar al público
con el fin de que enmiende sus pecados. Más bien muestra el interior
del ser humano en todo su salvajismo y crueldad.
Más
de Bonilla
Nació en San Salvador el 9 de abril
de 1954.
Tiene una formación autodidacta en las artes plásticas
y participa desde 1972, junto con otros compañeros, en trabajos
pro-cultura. Durante algún tiempo reside en México y retorna
al país en 1980.
La mayoría de sus obras se encuentra en México y en colecciones
privadas en Europa y Estados unidos.
Exposiciones colectivas
1972: Salón
del Banco Central de Reserva de El Salvador.
1978: Salón Arte Erótico, Galería La Esfera,
México.
1980: Violines y zepelines, Galería La Chinche, México.
1982: Cinco artistas salvadoreños, galería Museo,
San Francisco California, E.U.
1986: Museo Forma, Costa Rica.
Individuales
1974: Sala Exposición
Credisa, El Salvador.
1976: Tiempo y muerte, Galería Alianza Francesa, México.
1978: Aparador de reflejos, Galería La Esfera, México.
1984: Horrores y otras vainas, Galería Tlaolli, El Salvador.
1987: Mitos y farsas. Galería El Laberinto, El Salvador.
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