15 de julio de 2001


El loroco, hortaliza rústica y silvestre que se conoce desde la época precolombina, poco a poco ha ido ganando terreno. Los agricultores ven en estos pequeños capullos de flor un sendero hacia la productividad.


Escríbanos

Cada mañana, Leocadio Campos, de 60 años, en compañía del rocío y de los primeros rayos del sol, lanza una mirada perspicaz y mueve con agilidad sus manos arrugadas en busca de lo que llama con orgullo “su patrimonio”: el loroco, una hortaliza fresca que más tarde será vendida por su esposa.
Esta escena se vive a diario en el cantón El Conacaste, municipio de San Lorenzo, Ahuachapán. Cada año, más de la mitad de los habitantes de este lugar pone sus esperanzas en la cosecha de loroco. Toda la familia se involucra en la producción del cultivo, considerando como “estrella” por su alta rentabilidad y por sus perspectivas de desarrollo.
En el cantón El Conacaste, al igual que en otras zonas del país, muchos agricultores han sustituido la siembra de maíz y de maicillo por la del loroco. Los terrenos antes labrados de milpa lucen ahora con enormes ramadas cubiertas con hojas y guías de loroco.
El señor Campos tiene doce años de cultivarlo. “Me da el doble que el maíz”, comenta con un atisbo de satisfacción.
La cosecha se puede mantener durante todo el año, incluso en el verano con riego. Los agricultores tienen la oportunidad de obtener buenas ganancias porque en la época seca el producto alcanza precios más altos.
Si en invierno se comercializa a 10 colones la libra, en verano alcanza un precio de 180 colones. La variación en los precios impide que esta hortaliza deje de ser rentable, porque se trata de un cultivo permanente que se extiende de 10 a 20 años.
Para ello el agricultor corta la mata, dejando una guía de 20 a 30 centímetros y ésta vuelve a crecer como nueva. De esta manera no tienen que invertir de forma constante.

Duración de cosecha

El proceso para el cultivo del loroco tiene de dos a tres meses de duración.

 

Primero se hace un semillero y luego se pasan las matitas en pilón a una bolsa; cuando la guía crece se siembra en el terreno previamente preparado.
Santos Grijalva, productor de loroco residente en el mismo cantón, expresa que antes de sembrar se hace una ramada con postes de madera, alambre de púas y de amarre, para que así, la guía del loroco se extienda a sus anchas.

De exportación

Beatriz Alegría, técnica de Agronegocios del Ministerio de Agricultura y Ganadería, dice que el loroco se cultiva en todo el país. En cada departamento pueden encontrarse productores en grande y en pequeño, desde los que siembran 100 matas hasta los que cultivan 10 manzanas de terreno.
Sin embargo, las zonas más propicias son las de clima cálido, que van desde una temperatura de 20 a 32 centígrados. Algunos de los departamentos de mayor producción son La Paz, La Libertad y Sonsonate.
Agronegocios define el loroco como un producto con ventaja comparativa, generadora de empleo y de divisas.


Según Alegría, esta flor se exporta hacia Estados Unidos y es muy bien recibido por los salvadoreños, quienes esperan ansiosos la diminuta hortaliza.
En el 2000, El Salvador obtuvo 1,500,000 colones por la exportación a Estados Unidos. Aunque por el momento no son los productores quienes se encargan de la venta, sino empresarios que lo congelan y lo envían refrigerado.
Agronegocios está luchando para que los productores puedan exportar directamente el loroco y lo hagan de forma fresca. Por eso les recomienda informarse y que no sólo se dediquen a sembrar sin antes tener un comprador definido, porque la venta de loroco podría venirse abajo y en vez de resultar una ganancia, traerle pérdidas considerables.

 

Proyecciones

Con el propósito de brindar asistencia, capacitación técnica y agrupar a los productores de esta hortaliza se ha creado la Asociación de Productores de Loroco de El Salvador (APLORES).
Víctor Santos, presidente de APLORES, dice que la entidad apenas tiene un mes de haber nacido y ya tienen agrupados 29 socios.
Su papel será primordial para orientar a agricultores como Leocaido Campos, quien ha enfrentado en su siembra una plaga transmitida por un animalito amarrillo que se incrusta en la flor hasta volverla de color negro. Problemas como este y el desconocimiento para contrarrestarlos suponen pérdidas para los agricultores.
Entre los proyectos de la APLORES están impartir cursos para dar a conocer las últimas técnicas en la producción de loroco y agrupar a los productores que sea posible, con el fin de globalizar el cultivo “estrella”.
Actualmente se están explorando otros mercados, como el japonés, y han recibido apoyo de la embajada de ese país, así como de la Cancillería de El Salvador. Lo más probable es que dentro de poco tiempo el loroco viaje hasta esa tierra.
Además se están contemplando otros mercados, como el de Canadá y el de Australia, donde en este último hay una asociación de pupuseras esperando por este producto.
Si las perspectivas que se tienen con esta hortaliza se cumplen, el loroco, además de ser el sustento diario de numerosas familias, se puede convertir en mecanismo de producción rentable y duradero, incentivador del desarrollo de la agricultura en el país.

Desde las seis de la mañana, Tránsito Hernández comienza la venta de loroco por menor en el mercado central.

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