15 de abril de 2001

El día que iniciamos la travesía hacia el cerro Aconcagua supimos que nos enfrentaríamos a una montaña singular, con sus propias cualidades. Nunca antes habíamos retado la verdadera Puna andina.


Escríbanos

sLa Puna es el desierto de granito, roca suelta y perdigón de todo tipo que caracteriza a la cordillera más grande del planeta.
El macizo de los Andes nació millones de años atrás cuando las placas continentales rozaron entre sí. A su paso dejaron una huella geológica diversa y variopinta que advierte sobre el terreno que habrá más arriba.
El nombre Aconcagua hay que buscarlo en el idioma aimara, en el que las palabras "acon" y "cagua" significarían "Monte nevado". Otros, en cambio, lo ubican en el quechua, cuyas voces "Ackon-Cahuac" se traducirían literalmente como "Centinela o vigía de piedra".
En lengua araucana "Acon-ca-gua" sería una expresión mapuche aplicada al río también llamado Aconcagua, ubicado en Chile, que, según antiguas creencias, suponían que nacía en los faldeos del monte.


A ambos lados del coloso vivieron los araucanos y los aymaras. Luego los Incas, procedentes de Cuzco, invadieron estas regiones trayendo su cultura y la dulzura de su lengua: el quechua. Pero no habían registros que ampliaran más sobre su presencia en la montaña.
¡Sorpresa! A principios de 1985 y en una zona poco transitada por montañeros fue descubierta una momia incaica. El cuerpo, al parecer de un joven, fue sacrificado en el lugar (a 5.000 metros s.n.m.) y junto a él se encontraron ofrendas tales como plumas y estatuillas. Por eso es que en el camino encontramos un yacimiento ceremonial incaico con vista a la cara sur del cerro.

En el corazón del valle

Ahi estábamos. Frente al reto de nuestras vidas y sentíamos miedo escénico. No sabíamos si íbamos a comportarnos a la altura de una montaña que ha cobrado decenas de vidas y ha significado la gloria para los ilusos que creen que la conquistan.
La travesía entre la Jefatura Central de los guardaparques, ubicada en el Refugio de Horcones, y el campamento base Plaza de Mulas tiene poco más de 40 kilómetros, y te muestra -poco a poco- qué tipo de montaña vas a enfrentar. A lo largo de esos kilómetros, los caminantes se desplazan por un valle enmarcado con paredes curiosas y llenas de sedimentos marinos. Lo que veíamos era admirable.
El deseo por llegar a esta montaña nació años atrás cuando volvimos de escalar el volcán Cotopaxi; pero no había condiciones. Fue hasta el año 2000 que empezó nuestro mayor reto: planear un proyecto ambicioso y único en su género.
Queríamos transmitir día a día nuestra aventura y hermanar a todos los salvadoreños fuera de su patria querida a través de una página "web" y el uso de tecnología de punta. No iba ser fácil. Ni subir ni transmitir.
Antes de partir, durante seis meses nuestra rutina diaria estuvo marcada por el gimnasio; los fines de semana, montaña.
Al inicio de todo, tras anunciar nuestro propósito a la Federación de Montañismo, William invitó a sumarse a un viejo amigo llamado Pedro. Sin embargo, "el Aconcagua no le interesaba", nos dijo. Meses después surgió la sorpresa al saber que hizo su camino y alcanzó la cima gracias al apoyo de un guatemalteco.
Él tuvo la dicha de no ser tocado por el terremoto del 13 de enero. A nosotros eso nos cambió la vida. Desde aquella fecha trágica, William y yo pensamos si íbamos o no. Solo faltaba nuestra decisión. Pero con el apoyo del Instituto de los Deportes y la empresa privada le dimos luz verde. Era nuestro reto y el de todos los salvadoreños.

 

Los días en la "web"

El primer enlace estuvo marcado por el asombro. Cada trozo de la montaña, cada brisa de aire seco, cada rayo de sol fulminante era una maravilla. Nuestros ojos no eran capaces de retener tanta belleza.
Los mensajes que envíabamos a través de la red no eran capaces de reflejar lo que sentíamos. Era una dicha y un privilegio poner pie en una montaña donde, por ejemplo, el general José de San Martín ("el primer montañés de América") atravesó los altos pasos fronterizos entre la Argentina y Chile en 1817.
San Martín transitó por la región de los gigantes andinos: Aconcagua, Mercedario y Tupungato. Por el norte y el sur del Aconcagua encabezó un numeroso ejército con más de 5.300 soldados, con 9.280 mulas y 1.600 caballos, y cayó inesperadamente sobre Chile, liberando al país de la dominación española.
Nosotros, en cambio, íbamos contra la corriente. No nos acompañaba una legión de montañeros ni cientos de mulas. Por el contrario, al ingresar, los guardas fueron claros: "Saben que vienen a cerrar el Parque, ¿verdad?".
A lo largo del camino hacia el campamento base encontrábamos a un sinfín de montañistas europeos, estadounidenses y suramericanos. Nadie iba. Todos venían. "Ahí apagamos la luz y bajamos el telón", decíamos en son de broma.
Pero todos eran avisos. Al observar la cara sur del cerro, una nube rebelde revoloteaba la cima; era "viento blanco", una señal del mal tiempo.
En campo base, nuestra tienda era una entre una decena; no más. Pero nadie iba a subir. Todos venían en bajada. Nuestros ánimos, en cambio, estaban en subida. El optimismo era norma de cada día.

La aclimatación terrible

Las condiciones climatológicas de los Andes centrales es mucho más severa que los Himalayas debido a que la humedad relativa es escasa y el porcentaje de oxígeno disminuye sustancialmente.
Un montañista centroamericano debe tener muy buena aclimatación previa; sin embargo, eso significa dinero, pues hay que permanecer en nevados de México como mínimo ejercicio.
Los vientos en el cerro Aconcagua, que se intesifican durante el fin de temporada (cuando estuvimos nosotros), producen zonas de baja presión que dificultan una aclimatación rápida a la altura.
A cambio, los signos de inestabilidad física se manifiestan con un dolor de cabeza leve o agudo, insomnio, náuseas, pérdida del apetito, dificultad para orinar, fatiga anormal, vértigo y vómitos.

Casi nadie escapa a vivir uno de estos síntomas. Nosotros disfrutamos principalmente el dolor de cabeza. Teníamos sensación de lata de soda comprimida.
El aspecto desértico y el aislamiento afectan sicológicamente al más avezado de los andinistas. No escapamos a eso. El día del ascenso a los campamentos de altura fue especial. Había menos tiendas de campaña en Plaza de Mulas. El helicóptero, que utilizan los guardaparques, llevaba todo el lastre de su campamento. Estábamos solos y la montaña nos iba a poner a prueba, nos iba a enseñar a ser montañistas de verdad...

Desniveles eternos

El primer avance fue hasta Plaza Canadá, que es una planicie enclavada a 4,900 msnm desde donde se observa la cresta del cerro Cuerno con sus nieves perpetuas

 


Desde ese punto continuamos realizando enlaces con los salvadoreños que nos seguían. No nos sentíamos solos.
La noche era infinita y estrellada. Cada vez que salíamos a evacuar los litros de agua que ingeríamos, los destellos de los cielos y unas manchas cósmicas nos observaban. No estábamos solos.
Durante la travesía hacia el campamento de altura Nido de Cóndores, ubicado a 5,400 msnm, el terreno era una panza enorme con un desnivel uniforme que agota a cualquiera. Cada paso era un esfuerzo meditado. "Despacio, despacio se atrapa al mono", reza un proverbio hindú y era mi regla al caminar.
A ratos alzaba la vista y veía a William adelante de mí y a unos metros. Luego cometía el pecado de ver atrás y casi me convertía en estatua de sal. El paisaje era fabuloso e invitaba a disfrutarlo. Pero la misión era seguir cada vez más.
A media tarde llegamos a Nido y establecimos nuestro campamento utilizando tiendas térmicas que pesan casi 40 libras. En el lugar había una pareja de montañistas argentinos que llevaba dos días aguardando por el buen clima. La cumbre estaba rebelde y unos vientos que provienen del Pacífico le seguían el juego.
Ante nuestros ojos, un cielo dramático y acariciado por peligrosas nubes nos advertían lo que estaba por venir. El llamado "hongo", que es un fenómeno que empeora la cima, ya se había posado dos veces; aunque, a la vuelta de unas horas, desaparecía. No estábamos solos.
La noche fue terrible. El viento amenazaba con arrancar nuestras tiendas y, dentro de la carpa, el termómetro marcaba menos 15 grados. Afuera, la sensación térmica que producía el mal clima era peligrosa. El amanecer fue difícil. El sol despuntó a las nueve, pero el viento no amainaba. Al filo del mediodía era hora de partir hacia el penúltimo campamento. No faltaba un día para la cumbre.
Ese mediodía, empero, fue un momento para tomar decisiones como hombres maduros y no como adolescentes juguetones que ambicionan llegar primero.
El tiempo pintaba mal y no llegaríamos los dos. Si nos separábamos, quien bajara aligeraba la carga del otro y aumentaba sus posibilidades para hacer cumbre a pesar de tener todo en contra.
Y bajé. Lo decidí porque la resistencia de William garantizaba que volvería sano y salvo. Sin carga (más que sus alimentos y agua), el trayecto a Refugio Berlín, a 5,900, era pan comido.
Un abrazo de hermanos nos separó y lloramos desconsolados. Los lentes antirrayos UV, sin embargo, lo disimulaban.
Ese fue nuestro punto de vista y no el de la montaña.
William tuvo que retroceder a 6,400 metros gracias a la ráfagas de casi 100 km/h. No hay nada que pensar. Lo que importa es la vida y seguir subiendo montañas. Aconcagua es nuestra cuenta pendiente.

"Records" de l Aconcagua

Ascensiones relámpago de la ruta normal
Enero 1987: L. Cichy, Polonia. 9 horas. Alejandro Randis, Argentina. 8,7 horas.
Febrero 1987: D. Alessio, Argentina. 7,48 horas. M. Sánches, Argentina. 6,32 horas.
Enero 1989: M. Dacher, Alemania. 6,15 horas. M. Smith, E.U. 6,13 horas.
Diciembre 1991: D. Porsche, Alemania. 5,45 horas.
Febrero 1996: Z. Pauletto, Brasil. 5,29 horas.

Primera ascensión de las dos cimas en un día.
El 6 de febrero de 1991, Alejandro Randis logra ascender las dos cimas en una sola jornada, partiendo desde Plaza de Mulas. Tiempo total: Campamento base-cima sur-cima norte y descenso: 14.30 horas.

Primera ascensión del "Glaciar de los Polacos" en un día
Febrero 1992, Lito Sánchez y Marcelo Acosta se convierten en los primeros alpinistas que ascienden a la cima, desde Plaza de Mulas, escalando el Glaciar de los Polacos en una sola jornada (descenso por la vía normal el mismo día).

arriba
Click Click Click Click
Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com