15 de abril de 2001

No todos apoyan la integración de sordos al sistema educativo regular, pero sí coinciden en la necesidad de mayores oportunidades para poder desarrollarse.


Escríbanos

Cada día, las clases en las aulas del primer año de bachillerato y del noveno grado del Liceo Getsemaní, de San Salvador, se desarrollan de manera inusual. La mayoría de los alumnos pone su atención en el maestro, seis estudiantes lo hacen en un intérprete.
Son alumnos sordos que nacieron en El Salvador, pero hablan una lengua distinta: la de señas; sin embargo, se integraron al Liceo Getsemaní hace cuatro años, después de que no pudieran estudiar en la Escuela Cristiana para Sordos Nazareth, donde no existe tercer ciclo.
"Solo se necesitó de voluntad para ayudar a estos jóvenes que necesitaban tomar parte activa en la sociedad y han aprovechado la puerta que se les abrió", afirma la licenciada Marta de Medrano, directora de la institución.
Ser sordos no supuso un trato preferencial. "Se les exige igual y dan más que sus compañeros", afirma el profesor Roberto Martínez. Y los padres están de acuerdo. "No aceptamos ganguería. Velamos por que nuestros niños reciban educación de calidad", manifiesta Edgar Durán.
Excepto las clases escritas de inglés, que por su naturaleza las reciben aparte, estos jóvenes se involucran en todas las actividades académicas y recreativas del colegio. La integración ha dado resultado.
"En un principio teníamos miedo a lo desconocido, pero al ver la respuesta en el estudio de los alumnos vimos que no era algo imposible", comenta el profesor Martínez.
Tania León, estudiante de bachillerato, recuerda el nerviosismo y la incertidumbre que sentía al no saber si entendería claramente las clases o a no ser aceptada por sus compañeros.
"Decidí confiar en Dios y me dije: Voy a empezar a estudiar lo mejor posible. Al principio nos veían con mucha curiosidad y algunos no nos aceptaban, pero queríamos estudiar y eso era lo más importante. Los maestros se sorprendieron al ver nuestro desenvolvimiento", recuerda Tania, quien anhela estudiar diseño gráfico.
A nivel de escuelas públicas, otros jóvenes están perseverando por alcanzar un futuro mejor a través de secciones y escuelas que el Ministerio de Educación ha dispuesto, pero sin el sistema de intérpretes, sino con maestros que tienen nociones básicas del idioma del sordo.

Experiencia oficial

En Sonsonate, 49 alumnos aprovechan esa oportunidad en la Escuela para Sordos "Carlos Langenegger", un centro que hace dos años fue separado de la Escuela de Educación Especial y hoy ofrece desde parvularia hasta sexto grado.
Además de recibir formación académica según los programas curriculares oficiales, son atendidos en educación especializada (que incluye lenguaje de señas) y una capacitación en talleres de dibujo y serigrafía a fin de prepararlos para la vida laboral.
La edad de muchos alumnos no corresponde al nivel académico porque los matricularon tarde o eran formados dentro de la Escuela de Educación Especial en un aula multigrado.
"Se les daba educación sistematizada, pero teníamos doce niños por sesión con diferentes edades y necesidades y no lográbamos los objetivos deseados", recuerda la licenciada Concepción de Palucha, directora de la escuela..
Con algunas dificultades como un escaso recurso humano y la asistencia irregular de los alumnos más pequeños porque sus padres no pueden llevarlos diariamente, la escuela se ha convertido en una esperanza para muchos padres que por su pobreza veían un futuro negro para sus hijos sordos.

  Óscar Armando Girón nunca imaginó a su pequeña Reina Victoria de nueve años en una escuela estudiando primer grado; hoy dice estar contento porque la niña ya no se aísla de sus hermanitos y habla en señas.

"Puentes" efectivos

Guadalupe de Villalobos, quien trabaja desde hace cuatro años como "puente de comunicación" entre tres alumnos sordos y el maestro en el Liceo Getsemaní, cree en la efectividad de este sistema.
Ella sabe que ser intérprete significa una enorme responsabilidad de transmitir fielmente a los alumnos los conocimientos que emanan del maestro y asistirles para que entiendan los contenidos de separatas y libros escritos en español.
No devenga un salario elevado, sino el que los padres de los muchachos pueden pagarle. Su recompensa, dice ella, la ganará cuando su hijo sordo se integre a un aula regular y haya un intérprete que le ayude.
Esta experiencia acumulada le lleva recomendar al Ministerio de Educación la creación de plazas para intérpretes calificados que asistan a los sordos que ingresen a la escuela regular y a la universidad.
"Nuestros padres discuten sobre cómo le van a hacer para pagar más intérpretes cuando vayamos a la universidad", dice Sonia Cabrera.
Pablo Durán quiere estudiar computación o diseño gráfico, pero está consciente de que tener un intérprete personal representa un enorme esfuerzo económico para sus padres.
Su padre, Edgar, dice que echarán mano de todos los recursos que estén a su alcance para que sus hijos estudien en la universidad porque detrás de ellos vienen otros sordos con iguales derechos y aspiraciones.
La ministra de Educación dice que en un inicio se propusieron capacitar 50 maestros por año, pero eso implicaba altos costos para el Ministerio, pues cada aula contaría con dos maestros (maestro e intérprete) y por eso se optó por escuelas y secciones que concentraran a todos los alumnos sordos.
La licenciada Ada Montano, directora de Educación Especial del Ministerio, dice que precisamente esa falta de formación de intérpretes en el país impide impulsar un programa de integración de sordos.

Recurso calificado

Lissete Amaya, estudiante de bachillerato a distancia, cree que esta alternativa oficial será efectiva en la medida que haya buenos intérpretes. En el país existen a lo sumo tres.
Esta joven sabe lo que significa estudiar en una escuela regular sin intérprete. "Estudié en la Escuela Santa Catalina (de San Jacinto) hasta cuarto grado, pero empecé a frustrarme porque no había intérpretes y aunque mi mamá me ayudaba no aprendía nada", recuerda Lissete.
Edwin Molina, estudiante de bachillerato, dice que nunca será igual como tener a un maestro que sepa el lenguaje de señas.
La licenciada Montano cree que las universidades privadas deberían abrir carreras de formación de intérpretes o la ASS formar y acreditarlo. Agrega que por el momento estar por contratar a cinco muchachos recomendados por la ASS para que trabajen por cinco meses en las escuelas y secciones para alumnos sordos y refuercen al maestro en materia de lenguaje de señas.
Claudia Berenice Medina estudió por nueve años en una escuela regular sin intérprete, pero contó con el apoyo de una madre soltera que abandonó un trabajo permanente y optó por la venta informal para asistirla en sus estudios.

 

"Uno debe ayudarlos a educarse y yo he aprendido mucho a la par de ella", dice Dinora Sánchez, su madre.
Pero no todos suplen las necesidades de un intérprete como Dinora y ante la carencia de este recurso en el sistema educativo, muchos se desmoralizan y cifran su esperanza en que algún día existan escuelas y maestros especializados para sordos.
La licenciada Griselda Zeledón comparte esta idea y basada en la Declaración de Salamanca y la Convención de los Derechos del Niño de la ONU demanda escuelas para sordos porque al integrarlo pierde su identidad.
La ministra de Educación opina que la integración les ayuda a que se integren en la comunidad y a la vez estimula a los que no tienen discapacidad a ser solidarios y más humanos.
El profesor Roberto Martínez cree en la integración con oyentes porque eso no los aísla. La licenciada de Palucha dice que un estudiante sordo se favorecerá en un aula regular si ha adquirido una comprensión lingüística del español y desarrollado la habilidad lectora de labios.
Aunque unos a favor, otros en contra de la integración, todos coinciden en un punto: que se les cumpla el derecho a la educación como una oportunidad para el desarrollo de la población sorda.

Traslado lento

* Hasta hace algunos años, los sordos podían estudiar hasta el sexto grado dentro de los centros de audición y lenguaje del ISRI, donde además se les brindaba rehabilitación.
* Para 1997, Educación retoma la parte educativa e inicia un proceso de traslado gradual al sistema educativo comenzando con el cuarto, quinto y sexto grados.
* Mientras no se concluye este traslado, el Centro de Audición y Lenguaje de San Salvador sigue atendiendo unas 220 personas sordas por año, en las áreas de educación (de parvularia a sexto grado) y rehabilitación.
* Este año funcionaría por primera vez el bachillerato para sordos, que se implementará mediante una especie de combinación del sistema presencial (que haya un aula y un maestro) y el de distancia. Además se les asignarán tutores que el MINED.
* El MINED también espera haber elaborado para finales de este año un plan de enseñanza que incluya fomentar el español como segundo idioma.

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