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Cada día, las clases en las aulas
del primer año de bachillerato y del noveno grado del Liceo Getsemaní,
de San Salvador, se desarrollan de manera inusual. La mayoría de
los alumnos pone su atención en el maestro, seis estudiantes lo
hacen en un intérprete.
Son alumnos sordos que nacieron en El Salvador, pero hablan una lengua
distinta: la de señas; sin embargo, se integraron al Liceo Getsemaní
hace cuatro años, después de que no pudieran estudiar en
la Escuela Cristiana para Sordos Nazareth, donde no existe tercer ciclo.
"Solo se necesitó de voluntad para ayudar a estos jóvenes
que necesitaban tomar parte activa en la sociedad y han aprovechado la
puerta que se les abrió", afirma la licenciada Marta de Medrano,
directora de la institución.
Ser sordos no supuso un trato preferencial. "Se les exige igual y
dan más que sus compañeros", afirma el profesor Roberto
Martínez. Y los padres están de acuerdo. "No aceptamos
ganguería. Velamos por que nuestros niños reciban educación
de calidad", manifiesta Edgar Durán.
Excepto las clases escritas de inglés, que por su naturaleza las
reciben aparte, estos jóvenes se involucran en todas las actividades
académicas y recreativas del colegio. La integración ha
dado resultado.
"En un principio teníamos miedo a lo desconocido, pero al
ver la respuesta en el estudio de los alumnos vimos que no era algo imposible",
comenta el profesor Martínez.
Tania León, estudiante de bachillerato, recuerda el nerviosismo
y la incertidumbre que sentía al no saber si entendería
claramente las clases o a no ser aceptada por sus compañeros.
"Decidí confiar en Dios y me dije: Voy a empezar a estudiar
lo mejor posible. Al principio nos veían con mucha curiosidad y
algunos no nos aceptaban, pero queríamos estudiar y eso era lo
más importante. Los maestros se sorprendieron al ver nuestro desenvolvimiento",
recuerda Tania, quien anhela estudiar diseño gráfico.
A nivel de escuelas públicas, otros jóvenes están
perseverando por alcanzar un futuro mejor a través de secciones
y escuelas que el Ministerio de Educación ha dispuesto, pero sin
el sistema de intérpretes, sino con maestros que tienen nociones
básicas del idioma del sordo.
Experiencia
oficial
En Sonsonate, 49 alumnos aprovechan esa oportunidad
en la Escuela para Sordos "Carlos Langenegger", un centro que
hace dos años fue separado de la Escuela de Educación Especial
y hoy ofrece desde parvularia hasta sexto grado.
Además de recibir formación académica según
los programas curriculares oficiales, son atendidos en educación
especializada (que incluye lenguaje de señas) y una capacitación
en talleres de dibujo y serigrafía a fin de prepararlos para la
vida laboral.
La edad de muchos alumnos no corresponde al nivel académico porque
los matricularon tarde o eran formados dentro de la Escuela de Educación
Especial en un aula multigrado.
"Se les daba educación sistematizada, pero teníamos
doce niños por sesión con diferentes edades y necesidades
y no lográbamos los objetivos deseados", recuerda la licenciada
Concepción de Palucha, directora de la escuela..
Con algunas dificultades como un escaso recurso humano y la asistencia
irregular de los alumnos más pequeños porque sus padres
no pueden llevarlos diariamente, la escuela se ha convertido en una esperanza
para muchos padres que por su pobreza veían un futuro negro para
sus hijos sordos.
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Óscar Armando
Girón nunca imaginó a su pequeña Reina Victoria de
nueve años en una escuela estudiando primer grado; hoy dice estar
contento porque la niña ya no se aísla de sus hermanitos y
habla en señas.
"Puentes"
efectivos
Guadalupe de Villalobos,
quien trabaja desde hace cuatro años como "puente de comunicación"
entre tres alumnos sordos y el maestro en el Liceo Getsemaní, cree
en la efectividad de este sistema.
Ella sabe que ser intérprete significa una enorme responsabilidad
de transmitir fielmente a los alumnos los conocimientos que emanan del
maestro y asistirles para que entiendan los contenidos de separatas y
libros escritos en español.
No devenga un salario elevado, sino el que los padres de los muchachos
pueden pagarle. Su recompensa, dice ella, la ganará cuando su hijo
sordo se integre a un aula regular y haya un intérprete que le
ayude.
Esta experiencia acumulada le lleva recomendar al Ministerio de Educación
la creación de plazas para intérpretes calificados que asistan
a los sordos que ingresen a la escuela regular y a la universidad.
"Nuestros padres discuten sobre cómo le van a hacer para pagar
más intérpretes cuando vayamos a la universidad", dice
Sonia Cabrera.
Pablo Durán quiere estudiar computación o diseño
gráfico, pero está consciente de que tener un intérprete
personal representa un enorme esfuerzo económico para sus padres.
Su padre, Edgar, dice que echarán mano de todos los recursos que
estén a su alcance para que sus hijos estudien en la universidad
porque detrás de ellos vienen otros sordos con iguales derechos
y aspiraciones.
La ministra de Educación dice que en un inicio se propusieron capacitar
50 maestros por año, pero eso implicaba altos costos para el Ministerio,
pues cada aula contaría con dos maestros (maestro e intérprete)
y por eso se optó por escuelas y secciones que concentraran a todos
los alumnos sordos.
La licenciada Ada Montano, directora de Educación Especial del
Ministerio, dice que precisamente esa falta de formación de intérpretes
en el país impide impulsar un programa de integración de
sordos.
Recurso
calificado
Lissete Amaya, estudiante
de bachillerato a distancia, cree que esta alternativa oficial será
efectiva en la medida que haya buenos intérpretes. En el país
existen a lo sumo tres.
Esta joven sabe lo que significa estudiar en una escuela regular sin intérprete.
"Estudié en la Escuela Santa Catalina (de San Jacinto) hasta
cuarto grado, pero empecé a frustrarme porque no había intérpretes
y aunque mi mamá me ayudaba no aprendía nada", recuerda
Lissete.
Edwin Molina, estudiante de bachillerato, dice que nunca será igual
como tener a un maestro que sepa el lenguaje de señas.
La licenciada Montano cree que las universidades privadas deberían
abrir carreras de formación de intérpretes o la ASS formar
y acreditarlo. Agrega que por el momento estar por contratar a cinco muchachos
recomendados por la ASS para que trabajen por cinco meses en las escuelas
y secciones para alumnos sordos y refuercen al maestro en materia de lenguaje
de señas.
Claudia Berenice Medina estudió por nueve años en una escuela
regular sin intérprete, pero contó con el apoyo de una madre
soltera que abandonó un trabajo permanente y optó por la
venta informal para asistirla en sus estudios.
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"Uno
debe ayudarlos a educarse y yo he aprendido mucho a la par de ella",
dice Dinora Sánchez, su madre.
Pero no todos suplen las necesidades de un intérprete como Dinora
y ante la carencia de este recurso en el sistema educativo, muchos se
desmoralizan y cifran su esperanza en que algún día existan
escuelas y maestros especializados para sordos.
La licenciada Griselda Zeledón comparte esta idea y basada en la
Declaración de Salamanca y la Convención de los Derechos
del Niño de la ONU demanda escuelas para sordos porque al integrarlo
pierde su identidad.
La ministra de Educación opina que la integración les ayuda
a que se integren en la comunidad y a la vez estimula a los que no tienen
discapacidad a ser solidarios y más humanos.
El profesor Roberto Martínez cree en la integración con
oyentes porque eso no los aísla. La licenciada de Palucha dice
que un estudiante sordo se favorecerá en un aula regular si ha
adquirido una comprensión lingüística del español
y desarrollado la habilidad lectora de labios.
Aunque unos a favor, otros en contra de la integración, todos coinciden
en un punto: que se les cumpla el derecho a la educación como una
oportunidad para el desarrollo de la población sorda.
Traslado
lento
* Hasta hace algunos años, los sordos
podían estudiar hasta el sexto grado dentro de los centros de audición
y lenguaje del ISRI, donde además se les brindaba rehabilitación.
* Para 1997, Educación retoma la parte educativa e inicia un proceso
de traslado gradual al sistema educativo comenzando con el cuarto, quinto
y sexto grados.
* Mientras no se concluye este traslado, el Centro de Audición
y Lenguaje de San Salvador sigue atendiendo unas 220 personas sordas por
año, en las áreas de educación (de parvularia a sexto
grado) y rehabilitación.
* Este año funcionaría por primera vez el bachillerato para
sordos, que se implementará mediante una especie de combinación
del sistema presencial (que haya un aula y un maestro) y el de distancia.
Además se les asignarán tutores que el MINED.
* El MINED también espera haber elaborado para finales de este
año un plan de enseñanza que incluya fomentar el español
como segundo idioma.
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