15 de abril de 2001

De entre 200,000 salvadoreños sordos está surgiendo una voz que gime por su derecho a la educación. Sin mayores oportunidades y con grandes pretensiones han abierto la brecha y están demostrando su capacidad para desarrollarse y ser útiles a su tierra.


Escríbanos

"Me molesta que nos digan mudos. Somos sordos con el único problema de la comunicación. No hablamos español, sino el lenguaje de señas", reclama enérgica Sonia Cabrera, una de las seis estudiantes sordas que se ha integrado a las aulas regulares del Liceo Getsemaní en San Salvador.
"Somos una minoría lingüística, culturalmente en desventaja porque no tenemos acceso a la información ni a la comunicación", sentencia la licenciada Griselda Zeledón, presidenta de la Asociación Salvadoreña de Sordos (ASS), entidad que trabaja por los derechos de esta comunidad desde 1987.
La licenciada Zeledón y Sonia son dos generaciones distintas, con aspiraciones iguales: ser respetadas como seres humanos y obtener igualdad de oportunidades, especialmente en el campo educativo y laboral.
Ambas mujeres han tenido la ventaja de estudiar. A Griselda Zeledón, su madre la ayudó a desarrollar la difícil habilidad de leer los labios y a que coronara una licenciatura en sicología. Ahora dirige el área de educación en el Centro de Audición y Lenguaje del ISRI en San Salvador.
Sonia está empezando el bachillerato y quiere estudiar diseño en la universidad o profesionalizarse en la fotografía. Y en este camino hace caso omiso de las burlas que le hacen otros sordos adultos que truncaron sus estudios cuando ella les dice que es posible estudiar junto a jóvenes oyentes y aspirar a estudios superiores.
"Yo les digo que tienen trabajo donde no les pagan bien porque nunca fueron a la escuela o dejaron de estudiar, pero ellos no me creen y dicen que yo soy muy inteligente, pero eso no es así", dice Sonia.
Sonia representa las nuevas generaciones de sordos que proclaman su capacidad para desarrollarse intelectualmente y abogan por el derecho a formarse en las aulas e incorporarse a la vida laboral, ya no solamente como obreros o artesanos, sino como maestros, ingenieros o artos.

Marginados

En El Salvador se calcula una población de 200,000 sordos, que en su gran mayoría no tienen acceso a la educación. Ada Montano, gerente de Educación Especial del Ministerio de Educación, dice que las personas que nacieron poco más de 25 años atrás, lo más probable es que sean analfabetas.
La ministra de Educación, Evelyn Jacir de Lovo, reconoce que hay que hacer grandes esfuerzos por la población sorda y la no vidente, que han estado al margen.
La comunidad sorda resiente el desprecio social porque aún no cree en sus capacidades mentales. "Necesitamos que la sociedad nos vea como una minoría lingüística que necesita desarrollarse en su comunidad, con su lengua, su cultura, aprender la cultura y el español del oyente para poder integrarse a la sociedad", apunta la licenciada Zeledón.
Pero muchos sordos entrevistados ven este reconocimiento lejano porque la marginación comienza en su propio hogar, donde contar con un hijo sordo aún constituye vergüenza y lo aíslan del mundo.
"El niño sordo aprende con su familia, al igual que el oyente, pero muchas veces los padres se resisten a aprender lenguaje de señas porque han sido mal orientados y les han hecho creer que su hijo hablará y eso no es así. La gran mayoría de los sordos no llega a hablar", afirma la licenciada Zeledón.
Edgar Durán, padre de dos gemelos sordos, dice que es normal que atraviesen por un proceso de aceptación de esa realidad, pero que no hay que tardarse tanto tiempo en aceptarla y en accionar para que ellos desarrollen sus potencialidades.

 

Esta falta de aceptación en los padres ha marginado de la escuela a muchos, pero a otros también les abate la pobreza y anteponen la prioridad: sobrevivir. Esto ocurre en Sonsonate, donde según cálculos de la Escuela Nacional para Sordos "Carlos Langenegger", un 6% de la población es sorda y no asiste a la escuela por problemas económicos.

Débil cobertura

A la marginación familiar y social y la pobreza se unen la escasa cobertura en educación que brinda el gobierno para alcanzar a esta población.
El Ministerio atiende a unos 700 alumnos sordos a nivel nacional distribuidos en cuatro escuelas para sordos, 38 secciones para sordos adscritas a escuelas públicas regulares y de educación especial, y seis círculos de alfabetización para adultos.
"Con esta estrategia creemos estar respondiendo a las necesidades de la población sorda de acuerdo a su demanda especificada, por supuesto con limitaciones de recursos que nunca son suficientes para suplir todas las necesidades, (pero) hay resultados bastante satisfactorios", refiere la licenciada Montano.
Pero las personas sordas no están muy de acuerdo y creen que la labor del Ministerio de Educación es casi nula. Lissete Amaya, estudiante de primer año de bachillerato a distancia, cree que no hay espacios para el desarrollo educativo del sordo porque no existen escuelas ni profesores especializados.


"Me sorprendo de cuánto vacío de oportunidades para educarse tienen tantos niños, jóvenes y adultos sordos en nuestro país", dice Sonia Cabrera.
Pablo Durán lamenta que en el país haya muchísimo niño y adulto sordo que por su pobreza no asista a la escuela. "Ni siquiera saben el lenguaje de señas, no pueden leer ni escribir el español, (por eso) yo ayudo a alfabetizar a adolescentes que nunca fueron escolarizados mediante un programa de ayuda que tiene la iglesia Bautista Miramonte", señala Pablo.
Vilma Aracely de Paz es una ama de casa a la que le ha facilitado emplearse en una fábrica porque entre otros conocimientos aprendió a leer y a escribir el español y es muy abierta a comunicarse con oyentes.
La licenciada Zeledón apuesta al hecho de que si los sordos pudieran aprender a escribir y leer el español como segunda lengua no tendrían problemas para incorporarse a la sociedad.
Para la licenciada Zeledón, la creación de escuelas para sordos es un avance, pero se pregunta: ¿De qué sirve una escuela si no hay profesores con dominio de la lengua de señas y que enseñen el español como segunda lengua?

 

Y es que aprender el "lenguaje de la mayoría" de salvadoreños se perfila como una puerta al desarrollo para la población sorda, pero lograrlo plantea dudas: ¿Deben hacerlo integrándose a un aula regular? ¿Asisitiendo a una escuela especializada? ¿Hay intérpretes que sirvan de puente de comunicación entre el maestro y los alumnos sordos?

Derechos y curiosidades

* El artículo 33 del Código de Familia avala el matrimonio entre personas sordas, siempre y cuando exista un intérprete, algo no permitido antiguamente porque se les considerba enfermos.
* Ya participan en los juicios como intérpretes o testigos.
* Muchos sordos conducen vehículos ilegalmente en el país porque no se les concede licencia.
* Su identidad como comunidad sorda, comen zando por el lenguaje. El idioma de señas salvadoreño está compuesto de 500 caracteres básicos que están recopilados en un diccionario.
* La Plaza Morazán es un punto de reunión diaria donde "desahogan sus necesidades de comunicación" un grupo de sordos, algo que no logran en sus hogares.
* Muchos se consideran un grupo cerrado en el que no admiten a alguien que no sepa su lenguaje o no se interese en aprenderlo.
* Les molesta que las personas los observen demasiado, se burlen o intenten copiarles las señas cuando ellos hablan.
* Quienes hablan el lenguaje en señas "americano" dicen entenderse con alquien que habla el salvadoreño.
* Quienes tienen la habilidad de leer los labios pueden enterarse si están hablando en mal de ellos

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