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Obra
Los equilibristas de la vida,
trabajada en acrílico.
Es un pintor que nació con la suerte
y los colores bajo el brazo. Al declarar que en su primera infancia
conoció la acidez de los arrayanes, el olor de la guayaba, la
tinta naranja de los mameyes, el algodón de las paternas y el
aroma de la flor de los naranjos, está hablando de un mundo feliz
y la misión fundamental del artista plástico, así
como de los auténticos escritores, debe ser testimoniar su tiempo
y producir un entorno emocional, porque un mundo feliz produce un artista
realista, porque el arte, como decía Paul Klee, no reproduce
lo visible, lo hace visible.
Se trata de Mauricio Mejía. Quien conozca a profundidad su fecunda
obra sabrá que su quehacer pictórico es riguroso, a veces
trascendiendo de lo subjetivo a lo objetivo y pasando del presente al
pasado o al futuro, no por un simple capricho, sino por esa obligación
que tiene el pintor de crear un arte valedero, de no repetirse ni mucho
menos permitir que su obra se estanque o sea simplemente ornamental
para el gusto de una minoría.
El trabajo hecho por Mauricio a través del tiempo es excitante,
como esas arañas que tejen su tela con la máxima precisión,
la observación y la paciencia. En este artisa hay mucho de eso
por una vivencial curiosidad y por el trascendente amor a los designios
de la naturaleza, como él mismo lo expresa al recordar que los
inviernos tenían especial encanto, ya que enfrente de mi casa
(en el patio) cuando llovía pasaba una crecentada de aguas lluvias
que traía consigo los más inverosímiles objetos:
frutos, animales, ramas... Yo pasaba extasiado viendo aquel pequeño
mar de locura tropical....
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Obra
excitante
La emoción le vino en su primera infancia. Los colores y la luz
habrían, con el transcurrir del tiempo, de mezclarse en el lienzo
de los recuerdos, como corresponde a las obras que fueron concebidas
en circunstancias y tiempos diferentes. Lo importante de todo esto es
que las etapas fueron cambiando por el mismo proceso de maduración
y elevación de la conciencia, luego por la descomposición
de la materia, dentro y fuera del cuadro, en el arte y la vida, en los
estudios universitarios, en la historia de la cultura y en la necesidad
de innovaciones, en las tradiciones y en las esperanzas.
Su temática ha transitado así las más variadas
formas, desde el tratamiento del paisaje urbano y rural, pasando por
las estampas, hasta llegar a lo figurativo y al realismo mágico,
donde su creatividad e imaginación alcanzan horizontes insospechados,
desplazando por su disciplina y formación intelectual cualquier
manera de retratismo tradicional.

Pintor
Mauricio Mejía.
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Pintoresco
Mejía concibe los elementos de la sociedad desacralizada
El riguroso camino seguido por Mejía lo ha llevado por
convicción a desplazar lo pintoresco por la concreción
de lo real, incluyendo en lo real la añeja fantasía
en su obra, y para esta temática han sido concebidos los
elementos que integran la sociedad desacralizada y vista con la
sensibilidad propia de los que trabajan con el pincel, el lienzo,
la imaginación, el color y la luz.
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Obra
Éxodo tropical, técnica acrílico.
Apela
a los sentidos
Su pintura gusta y penetra por los poros, no solo por el conocimiento
de los colores, la técnica misma, sino porque de alguna manera
se ha burlado de galas y oropeles, de las estratificaciones sociales
y hasta de los símbolos solemnes.
De la lectura de su memoria pictórica, de la trascendencia y
alcances de su fecunda obra se puede comprender que ha sido una larga
y hasta barroca búsqueda de un sentido primigenio de la vida,
de una inocencia que no podría ser hallada porque no existía
cuando él tuvo conciencia de lo circundante.
Esa permanente curiosidad que debía de aumentar con el tiempo
no hizo más que acentuar los relieves de su pintura, de toda
su obra pasada y presente. Porque en lo que hemos visto no hay un discurso
pintado, hay una avalancha de elementos que no apela a la razón
sino a los sentidos. (Como esas sus dos obras Camino de magia
en el trópico y Los encuentros).
Prenden del infinito y se esparcen por el río de los sueños
y las flores de la imaginería. Toda la iconografía de
la figura (natural y humana) se cobija a la sombra de altos árboles,
pastos y sublimes colores. Materia prima de gran valor ha resultado
aquí y en tantas de sus creaciones: la fertilidad de su mente,
el abrirse sin temor a lo desconocido, al futuro, en busca quizá
de un proceso espiritual que siempre en determinada etapa de su vida
acosa al auténtico creador.
Ya no es entonces la gran escuela nativista la que subyace en su quehacer
pictórico, sino que cobra otros matices para convertirse en un
arte verdaderamente universal, fin último al que debe aspirar
un artista de calidad.
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