14 de abril 2002



Dejar tirados los recipientes de plaguicidas en el campo son prácticas que se están
controlando a través de un programa de eliminación y manejo de envases.
Pese a ello, algunos ambientalistas critican la reutilización que se da a los plásticos.

Para manipular los envases Carlos
Murga tiene que usar guantes y
casco protector.

Al preguntarle a Pedro Aquino, agricultor del valle de Zapotitán, La Libertad, sobre el paradero de los recipientes de agroquímicos (herbicidas, fungicidas, foliares, insecticidas y otros) que usa en los cultivos, su respuesta es sincera e inmediata: “Aquí la mayoría de gente los deja botados. Algunas personas los recogen y los ocupan para llevar agua al campo”.
A escasos dos metros de distancia se encuentra semienterrado un envase vacío de foliar (para nutrir las plantas).
El fin que se da a los envases de plaguicidas empleados en los cultivos agrícolas es dejarlos botados en los terrenos, usarlos para llevar agua al campo, tirarlos en los vertederos de basura o en las cuencas de los ríos. Todas estas son prácticas que no sólo contaminan el medio ambiente, sino que también son dañinas para la salud humana y animal.
Los residuos de pesticidas que quedan en los envases contaminan las cuencas de los afluentes, usarlos como cantimplora puede provocar intoxicación en los agricultores y al ser incinerados en los reservorios de basura producen dioxinas y furanos (sustancias químicas resultantes de quemar cualquier material que contenga cloro).
Evitar estos efectos contraproducentes para la salud y el ecosistema es lo que busca la Asociación de Proveedores Agrícolas (APA) con el programa de manejo y de eliminación de envases financiado por la Asociación Latinoamericana para la Protección de los Cultivos (Latin American Crop Protection Association).
“Nuestra misión es facilitar la limpieza de los campos y contrarrestar el impacto ambiental que los residuos de agroquímicos pueden significar para el hombre y el ecosistema”, refiere Óscar Figueroa, técnico capacitador de APA.
Esta iniciativa de la industria de agroquímicos es implementada en todos los países de América Latina y promueve la adecuada eliminación de los recipientes utilizados para envasar los plaguicidas.
Debido a que el material plástico es uno de los más empleados para estos fines (más del (60%), seguido por envases de metal (20%), el manejo y la eliminación se ha centrado en estos dos componentes. En el país se trabaja más que todo en la eliminación de recipientes plásticos.

Los envases son trasladados al lugar
donde serán picados.

Centros de acopio

Desde 1996, APA destina unos 40,000 dólares anuales al programa. La primera fase incluyó una campaña de educación y concientización a agricultores, maestros y estudiantes de las zonas agrícolas para que comprendieran la importancia ambiental del esfuerzo.
Cuatro años después se prosiguió con la etapa operativa. Se construyeron los centros de acopio de envases en lugares estratégicos, ubicados en zonas agrícolas y alejados de áreas urbanas. Esto último debido a los ruidos que produce la máquina procesadora de plástico.
“Al edificar los lugares de recolección guardamos las medidas pertinentes para evitar daños; no hay contaminación de árboles ni del aire, el piso es de concreto para evitar que cualquier residuo traspase al suelo”, detalla Figueroa.
En la actualidad funcionan centros de acopio en Zapotitán y Atiocoyo, en La Libertad; Santa Cruz Porrillo, en La Paz; Texistepeque, en Santa Ana, y en Ahuachapán. Además se piensa instalar uno en San Francisco Gotera, Morazán.
También se han instalado minicentros de acopio en las casas distribuidoras de plaguicidas. Esto permite que los agricultores al comprar los productos se enteren de la importancia de la eliminación de los recipientes y regresen para depositarlos.
Antes de llevar los envases a los establecimientos de acopio, los labradores ponen en práctica el “triple lavado”. Este consiste en lavar tres veces el recipiente luego de vaciar la última parte de agroquímico. El técnico de APA señala que esta forma de enjuague es efectiva porque acaba con el 99% de las partículas de pesticidas.
Es una medida segura porque una vez descontaminados los envases pueden ser manipulados por el hombre sin que exista riesgo. Además es económica porque se aprovecha todo el contenido y no representa una carga para el medio ambiente.
José Escobar es uno de los productores agrícolas de Zapotitán que confía en el “triple lavado”. “Yo les digo a mis trabajadores que cuando se terminen el pesticida enjuaguen tres veces el envase para aprovechar el líquido”, relata mientras uno de sus empleados lava un envase de agroquímico.

 

¿Alternativa segura?

Después de recolectar los envases, estos son procesados en una máquina de termoplásticos que tiene capacidad para picar de 70 a 100 kilogramos por hora.
Carlos Murga, encargado de los centros de acopio, se ocupa de introducir los recipientes en el molino y de poner el plástico picado en sacos.
Cuando se acumulan dos toneladas de plástico picado, un camión del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) se encarga de llevarlo a cemento CESSA, donde es reutilizado con fines térmicos o energéticos.
Debido a que el plástico contiene casi el mismo poder energético que los combustibles tradicionales de los hornos cementeros y los de producción energética, el material recolectado es incinerado en las calderas de CESSA para transformarlo en energía.
La combustión del plástico se realiza a temperaturas de 1,000 a 2,000 grados centígrados. “El nivel con que se trabaja no permite la formación de dioxinas y furanos. Abajo de los 500 grados sí se producen emanaciones peligrosas”, comenta Figueroa.
Ítalo Córdova, jefe de la división Seguimiento de Convenios del Ministerio del Medio Ambiente (MARN), manifiesta que la combustión en hornos es mucho más segura que dejar los recipientes en los botaderos de basura. En estos lugares los envases son quemados sin precaución a temperaturas más bajas y por tanto pueden constituir una fuente de sustancias químicas como las dioxinas.

Dejar tirados los recipientes en el
campo es perjudicial.

Solución peligrosa

El destino que dan los agricultores a los recipientes de pesticidas es visto como una fuente de contaminación por la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES).
Mauricio Sermeño, coordinador ejecutivo de esta organización, dice que la reutilización energética que se da al plástico es más dañina para el ecosistema.
Según él, la mayoría de envases de agroquímicos está hecha de PVC (polivinilo de cloruro) que al incinerarse —independientemente de la temperatura— produce las dioxinas y los furanos. Ambas sustancias pertenecen a la familia de los organoclorados y son dos de las partículas más tóxicas que el hombre ha sido capaz de sintetizar.
“Pero lo más grave es que al ingresar al cuerpo humano las dioxinas pueden producir cáncer y malformaciones genéticas, alterando todo el sistema endocrino. Este problema es perjudicial para la existencia humana y animal. Esas partículas permanecen en el medio durante miles de años”, admite Sermeño.
Sin embargo, Ítalo Córdova expresa que los envases no son de PVC, sino de otros materiales llamados PET, polipropileno y polietileno de alta y baja densidad. En los últimos tiempos, los componentes de los envases se han ido mejorando de acuerdo a las exigencias de la Organización Mundial de la Salud.
El MARN realizó una inspección en Cemento CESSA y se comprobó que las emisiones producidas con la combustión del plástico están dentro de los parámetros industriales y por tanto no representan un riesgo para la salud.
“Al hacer una evaluación resulta más beneficioso para el medio ambiente eliminar los envases de plaguicidas que dejarlos tirados en los campos y en los ríos, porque se trata de material biodegradable que tarda miles de años en descomponerse”, manifiesta Córdova.
El trabajo que desempeña la Asociación de Proveedores Agrícolas al recolectar y eliminar los envases de plaguicidas es útil para conservar la limpieza de los campos salvadoreños, pues eso garantiza el desarrollo de la agricultura en armonía con el ambiente.
No obstante, aún existen posiciones encontradas sobre la reutilización térmica o energética que se da al plástico. Todavía está en tela de juicio si es una medida efectiva o si en lugar de contribuir al ecosistema daña la vida de las personas.
Para la UNES, existen otras alternativas de eliminación de envases menos perjudiciales que podrían emplearse en el país, entre ellas crear depósitos de seguridad donde no se quemen o la reutilización de los recipientes.

Después del triple lavado y la recolecció,
los envases son trasladados al lugar
donde serán picados.

Dioxinas mortales

Las dioxinas son una clase de sustancias químicas producidas al quemar material que contiene cloro en presencia de material orgánico y oxígeno. Son los productos químicos más tóxicos que el hombre ha sido capaz de sintetizar.

Un informe de la Agencia del Medio Ambiente (EPA) en Estados Unidos detalla que las fuentes principales de dioxinas son incineración de residuos, combustión de PVC, fábricas de papel que usan cloro o dióxido de cloro como agente blanqueante. Además son responsables de diversas enfermedades.
Ocasionan cáncer en el ser humano.
Dosis inferiores a la asociada con cáncer provocan alteraciones en los sistemas inmunitario, reproductor y endocrino.
Los fetos y los embriones de peces, aves, mamíferos y seres humanos son muy sensibles a sus efectos tóxicos.
Representan un especial peligro desde antes del nacimiento y en las primeras etapas de vida.

 

El triple lavado permite a los
agricultores economizar.

Se benefician con el plástico

Según la Asociación Europea de Productores de Plástico (APME), el impacto de la incineración de este material en el medio ambiente es mínimo.

Europa quema cada año 27 millones de toneladas de residuos
para producir energía calorífica.

En Suecia se cubre el 15% de la energía necesaria para las calefacciones mediante la incineración del 56% de sus residuos plásticos.

Suiza es el país que más energía recupera con el 72%. Le sigue
Dinamarca con el 62%.


Formas de eliminación

Existen cinco alternativas de eliminación de envases de plaguicidas recomendadas por la Asociación Latinoamericana para la protección de los cultivos.

Reciclado de materiales. El material recolectado se recicla y se vuelve a utilizar. Los envases son triturados y calentados para moldear piezas gruesas como tablas, postes de alambrado, fondos para camiones refrigerados y tarimas industriales para almacenamiento.

Reutilización térmica o energética. El plástico es utilizado como combustible alterno. Es incinerado en hornos cementeros a temperaturas de 1,000 a 2,000 grados centígrados.

Reutilización de los envases. El mismo envase es reutilizado, pero existe la posibilidad de contaminación de productos de principios activos y formas de acción diferentes.

Incineraciónes en hornos especiales. El plástico es quemado en hornos de incineración de residuos peligrosos. Es un proceso costoso y tiene la desventaja de no aprovechar la energía del material.

Incineraciónes en campo abierto. Esta forma no está autorizada en la mayoría de los países, debido a que produce emanaciones peligrosas para la salud humana y animal.

Eliminación en
vertederos de basura. Los envases son tirados en basureros, ya sea municipales o particulares. Se recomienda que sean triturados a fin de evitar la recolección y la reutilización inadecuada.


Proceso de manejo

Antes de participar en el proyecto de eliminación y manejo de envases, los agricultores deben enterarse de los distintos pasos del proceso.

Al ocupar la última parte de agroquímico, el envase debe ser lavado tres veces con agua. El resultado del enjuague se debe hechar en la bomba de riego para aprovechar todo el producto.
Después se deben llevar los envases a los centros de acopio o alos minicentros ubicados en las distribuidoras de plaguicidas.
uLos recipientes son picados en una máquina trituradora de plásticos.
En sacos el material picado es trasladado a Cemento CESSA, donde es incinerado en las calderas para convertirlo en energía calorífica.


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