14 de abril 2002



José Samuel Díaz dejó las riñas estudiantiles y se unió a FUNDASALVA,
como facilitador y orientador, para que otros jóvenes se alejen de la violencia escolar.

La fraternidad entre estudiantes
de distintas Instituciones puede lograrse
con más grupos.

Este muchacho estudia tercer año en el Instituto Nacional Técnico Industrial (INTI) y participó en los pleitos estudiantiles cuando estaba en primer año. Ahora nos describe bajo qué circunstancias se dan esas peleas y cómo fue su cambio de ideología.
“Realmente no hay maras. El problema es que los mismos compañeros de uno lo incitan a participar en las riñas estudiantiles... La mayoría de veces, como se sale en grupo y con el mismo uniforme, la gente piensa que son maras, pero en realidad son estudiantes que salen a buscar diversión, porque eso de buscar pleitos, riñas con otras personas, ellos lo ven como una diversión.
La primera vez que yo participé en un problema fue ahí mismo en el instituto. Fue una rivalidad entre unos muchachos de segundo y tercer año de mecánica, y comencé a ver la forma violenta con la que actuaban.
Con otros institutos, la primera vez fue un error mío. Yo no conocía los lugares de conflicto y salí a comprar materiales que me habían pedido en la institución, y al pasar por ese lugar me vieron uniformado y comenzaron a gritarme ‘perro, perro, perro’ y comenzaron a agredirme.
Después yo quedé con resentimiento hacia aquellas personas, y comencé a decir: ‘es que me las tengo que desquitar, me las tengo que desquitar’, porque todo esto es como un círculo: si a mí me hacen algo, yo me las desquito con otra persona, y esta persona viene y se la desquita con otra, no busca al mismo que se la ha hecho... Así es como yo comencé.
Los estudios son bastante pesados en la institución, pero aparte de eso a uno le queda bastante tiempo libre y en ese tiempo libre uno se dedica a fregar.
Realmente yo que la he vivido (la riña estudiantil) le digo que uno siente la adrenalina, se sube, se siente aquella emoción como cuando uno experimenta una caída libre, cuando uno se lanza a una piscina y está bastante alto. Se siente una emoción bien fuerte, pues, y uno se deja llevar por esos impulsos, y es donde cae la tendencia de usar la violencia contra esos muchachos.

 

 

Sentir que van corriendo detrás de uno y que vienen con piedras, y que de presto uno halla algo con qué defenderse, uno se emociona y al sentir eso se va emocionando más...
Mi cambio comenzó siempre en primer año (de bachillerato). Recibí una charla de parte del grupo ITINFRAMENCOS. Ellos comenzaron a hablar sobre la presión grupal, porque es lo que más vive uno, que los compañeros lo incitan a hacer aquella cosa, tal vez uno no quiere, pero dicen: hacelo, hacelo, y uno lo hace.
Hablaron sobre la cuestión grupal, y a mí no me pareció eso, porque sentía que lo decían por mí, y me salí de la reunión. Junto conmigo salió uno de los muchachos que impartían la charla y me invitó a las reuniones de los martes.
Fui la primera vez a una de esas reuniones, y comencé a ver cómo trabajaban; primero no me involucraba, sólo me quedaba viendo. Media vez entré al grupo sólo participé tres veces más en las riñas; luego me fui calmando, porque vi que realmente no tenía ningún beneficio. Así como me hablaban en el grupo yo comencé a entender que era una idiotez. ¿Qué es lo que peleo?, ¿qué es lo que logro con andar corriendo? ¿con tenerle miedo a los demás? Porque eso genera miedo por último, de que al verlo a uno lo conocen y dicen ‘este es de tal lugar, caigámosle’.
Entonces yo comencé a relacionarme con estas personas (de ITINFRAMENCOS) y en julio comencé a participar fuertemente, y comencé a retirarme.

Una mayor presencia policiaca a la
hora que salen los estudiantes de
clases puede disuadir las riñas.

Al principio me sentía mal porque mis compañeros me ignoraban; me decían ‘bicho volteado, ya te hiciste perro’. Se siente uno rechazado, pero después yo fui invitando a más compañeros, y logré que más de la mitad de la sección participara también en el grupo.
Después fregábamos siempre, pero de una forma pacífica, ya con algo beneficioso; trabajamos en alguna actividad. Aparte de formarnos, también nos divertimos; aprendemos jugando sin violencia.
Realmente uno se da cuenta de que lo que pelea no es nada, y que son muchachos igual que nosotros, compartimos las mismas emociones, los mismos gustos, y por qué es, por tonterías... y viendo desde un punto lógico, todos somos iguales.
El consejo para otros jóvenes es que abran los ojos y que vean qué es lo que quieren, qué es lo que desean hacer, y si cuál es la mejor manera de lograrlo, si es fregando en la calle o estudiando realmente, y preparándose para ser alguien mejor mañana”.

El programa de FUNDASALVA busca una mejor armonía.

 

En las capacitaciones de FUNDASALVA mezclan los estudiantes de diferentes centros educativos para que mejoren
sus relaciones personales.

Qué hace falta

Según el licenciado Juan Carlos Urías, trabajar con los estudiantes en conflicto les ha permitido comprender con mayor claridad la dinámica de la violencia estudiantil, así como las necesidades para encontrar una solución.

De acuerdo a apreciaciones de maestros y promotores juveniles (ex-alumnos), el porcentaje de alumnos que llegan con mentalidad violenta parece ir en aumento.

Existe una serie de resentimientos acumulados a través de los años, los cuales generan venganzas entre los alumnos; esto a su vez genera más resentimiento, formándose así un círculo vicioso.

Los alumnos de primer año rápidamente comienzan a tener vivencias que los inducen a hechos violentos: ser atacados por alumnos de otros centros educativos; ser rechazados o insultados por el hecho de ser estudiantes de institutos con problemas; los alumnos de grados superiores los convencen o intimidan a participar en peleas, y la policía los detiene para registrarlos, siendo común que los insulten y los golpeen.


Posibles soluciones

Comenzar con las orientaciones sobre la no violencia estudiantil por lo menos desde tercer ciclo.

Trabajar en la erradicación del maltrato infantil dentro del núcleo familiar.

Orientar a los niños sobre la importancia de la comunicación, la autoestima, el manejo de conflictos, el control sobre la presión grupal para fortalecerles la seguridad en sí mismo.

Padres de familia y maestros deben predicar con el ejemplo.

Mejorar más la calidad educativa.

Crear más opciones recreativas.

Involucrar en el proyecto a alumnos de instituciones privadas.

Mayor participación de otros sectores sociales.

En los Institutos Nacionales de Antiguo Cuscatlán, Técnico Industrial, de Comercio y el Francisco Menéndez existen los grupos juveniles ITINFRAMENCOS, los cuales te pueden ayudar a que abandonés la violencia estudiantil.

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