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Para María Elena Sakurai no es ninguna
molestia viajar desde el Japón para ver una sonrisa y escuchar
un gracias de sus paisanos en El Salvador.
Ver las caras alegres y optimistas es la mayor satisfacción para
esta salvadoreña cuando sus compatriotas reciben un donativo que
ella hace gracias al apoyo del gobierno y del pueblo japonés.
Su amor por El Salvador y principalmente por sus conciudadanos la ha hecho
una mujer muy ocupada con el programa permanente de donaciones Corazón
Japan.
Gracias a esta entidad fundada por la señora Sakurai, el Ministerio
de Correos de Japón, por medio del Ahorro Voluntario para Ayuda
Internacional (Yuseisho Kokusai Bolantia Chokin), donó la cantidad
de un 1,540,000 yenes, equivalente a más de cien mil colones.
Con este dinero, Corazón Japan compró el año
pasado más de una veintena de máquinas de coser, así
como mesas para los talleres de costura, bancas, planchas, tijeras y telas.
Los donativos fueron realizados en dos poblaciones del norteño
departamento de Chalatenango.
En marzo del año pasado el esposo de María Elena, el señor
Takashi Sakurai viajó desde Japón hasta El Paraíso
para entregar veinte máquinas, así como todos los implementos
necesarios para establecer un taller de costura. Estas dádivas
fueron facilitadas a la Asociación de Damas de El Paraíso.
Para administrar este taller de costura existe un convenio entre la alcaldía,
la Casa de la Cultura y la parroquia de la población.
Esta ayuda brindada por Corazón Japan ha motivado a
los beneficiarios a constituir en marzo próximo una cooperativa
de costureras, aunque el objetivo más ambicioso es establecer una
maquila, con lo que pretenden beneficiar al pueblo, que cuenta con una
población aproximada de 15 mil habitantes.
La Palma es el otro municipio favorecido con tres máquinas de coser
eléctricas: una rana de cinco hilos, otra de 37 puntadas diferentes
y una última de 30 puntadas y más de doscientas libras de
tela para la confección de prendas de vestir. Esta donación
la efectuó la señora Sakurai a través del alcalde
de La Palma, don Rolando Erroa, el pasado 25 de diciembre.

Publicaciones del
trabajo humanitario en japonés.
El comienzo de todo
La donación del equipo para el taller
de costura es tan solo una parte de un millonario trabajo de beneficencia
que los Sakurai han realizado desde 1991. La historia de esta loable labor
comienza en septiembre de 1990, cuando María Elena residía
con su esposo e hijas en la ciudad de Maebashi, ubicada al noroeste de
Tokio.
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En esa época a ella le diagnosticaron
cáncer en la matriz, una enfermedad que la asustó mucho,
por lo que telefoneó a El Salvador para hablar con el doctor Rodolfo
Girón Flores para consultarle sobre su dolencia.
En ese año, el doctor Girón Flores desempeñaba el
cargo de ministro de Salud. María Elena lo conocía a él
porque la había operado en dos ocasiones cuando ella vivía
en El Salvador: la primera vez por una hernia lumbar y la segunda, por
rotura de meniscos en la pierna derecha, resultado de su fuerte trabajo
como maestra de educación física.
Sin embargo, la consulta telefónica cambió de rumbo cuando
el doctor le solicitó ayuda para que consiguiera, en calidad de
donación, 50 sillas de ruedas para entregárselas a los soldados
lisiados por la guerra.
Yo me sorprendí demasiado, a tal grado que el habla se me
apagó completamente. Minutos después le contesté
que si tenía evidencias y me las enviaba, posiblemente podría
hacer alguna cosa, pero no le di seguridad, porque yo no sabía
cómo hacerlo, asegura María Elena.
Aunque la solicitud del doctor era apremiante, había dos obstáculos
que vencer: la falta de contactos en aquella tierra lejana y un idioma
complicado, principalmente el escrito.
Como primera medida, María Elena se identificó en la embajada
salvadoreña en Tokio para verificar qué grado de necesidad
había. Hacía algunos meses antes había llegado el
señor Mynor Gil como jefe diplomático.
El embajador salvadoreño le proporcionó las evidencias necesarias
para convencerla sobre las necesidades de las sillas de ruedas. Sin embargo,
ella descubrió que los niños y las niñas también
sufrían las atrocidades de la guerra, y fue hacia ellos que dirigió
la principal ayuda.
Pero no sólo ella se conmovió del sufrimiento de los pequeños,
sino también su esposo, y gracias al apoyo incondicional de él
comenzaron la campaña a favor de los infantes mutilados, con el
nombre El Salvador naisen hisaisha shinshosha kyusai no kai,
que traducido al español significa Ayuda pro-inválidos
salvadoreños víctimas de la guerra.
Con este proyecto, y con la ayuda del padre Oka y de la Asociación
María, de la iglesia católica de Maebashi iniciaron diferentes
actividades para recaudar fondos en febrero de 1991. Vendimos pasteles
de chocolate, pequeños libros de educación física
con juegos salvadoreños adaptados al Japón y artesanías.
Con esto recaudamos alrededor de 1,500 dólares, asegura María
Elena.
De esta forma, María Elena y su esposo Takashi pudieron donar la
primera vez 60 sillas de ruedas, objetos destinados no a los soldados,
sino a los niños y a las niñas discapacitados.
Con la finalización del conflicto armado, el trabajo de los esposos
Sakurai continuó, y decidieron cambiar el nombre de su proyecto
a Corazón Japan, retomando el emblema de la Fundación
Teletón pro-Rehabilitación (FUNTER), porque con esta institución
trabajaron de la mano para entregar durante estos nueve años más
de 200 sillas de ruedas.
Además de estas entregas, la familia Sakurai ha donado a FUNTER
hornos y materiales para fabricar prótesis, refrigeradores para
conservar los materiales para las prótesis, diez sillas de ruedas
al Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos
(ISRI) y otras diez a la Fuerza Armada; alrededor de 200 bastones plegables
de aluminio para los no videntes, 50 relojes y 300 pizarras braille entregadas
a la Asociación Nacional de Ciegos de El Salvador (ANCIESAL) y
a la escuela de ciegos Eugenia viuda de Dueñas.
Asimismo han donado las máquinas de coser para talleres de costura
en Guarjila, San Sebastián, San Francisco Lempa, El Paraíso
y La Palma, todo esto como parte de un trabajo humanitario de una salvadoreña
de gran corazón que no olvida a sus paisanos pobres y necesitados.
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Afiche promocional
de Corazón Japan
Amor japonés
María Elena nació en 1948 en
El Paraíso, Chalatenango, en el seno de una familia humilde pero
trabajadora. Ella formó parte del los primeros 25 alumnos que se
graduaron de bachillerato en su pueblo natal, allá por 1967.
Gracias a una beca logró estudiar profesorado en educación
física en la Escuela Normal entre 1970 y 1971, y durante el primer
año, el señor Takashi Sakurai fue su profesor, aunque para
el oriental ella pasó inadvertida. Lo considero que fue el
profesor más exigente de todos; él ni me miraba, recuerda
María Elena.
Por motivos de estudio, Takashi viajó a Japón, pero en 1976
regresó a El Salvador para seguir trabajando con el Ministerio
de Educación. Para entonces María Elena también estaba
laborando en esa entidad, y por razones de trabajo estuvieron juntos.
Era una época de peleas; él se molestaba mucho cuando
yo le corregía su forma de escribir el español en los programas
de educación física para parvularia. Después había
que viajar en el país para explicar los nuevos programas, pero
el trabajo con él era para terminar peleando.
En una ocasión, a Takashi le dio una enfermedad dermatológica,
y como el mal estaba en la espalda, él solo no se podía
aplicar la medicina, entonces María Elena se ofreció para
ayudarle. Cuando él se curó y como resultado de su atención
primorosa, sin qué ni para qué, Takashi le propuso matrimonio.
Después de un año de pensarlo, María Elena aceptó
la propuesta. Ahora la familia Sakurai tiene dos vástagos: Elena
Miki y Chiami Susana.

Familia Sakurai.

Población de La
Palma benficiada por el donativo.
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