14 de enero de 2001

Es fría la mañana, los vientos soplan más fuertes que nunca. Madres desconsoladas, invadidas por la desesperanza y la impotencia corren con sus hijos por los humedecidos pasillos del anexo del hospital “Benjamín Bloom” en busca de atención médica.


Escríbanos

Llanto, gritos de dolor de pequeños inocentes, médicos y enfermeras esmerándose por aliviar la enfermedad y sabor a tristeza embargan la Sala de Rehidratación Oral.
Pareciera que las enfermedades virales en nuestro país se han ensañado con la población más vulnerable: los niños y las niñas.
Apenas unas dos semanas antes, una epidemia de dengue causó la muerte de varios pequeños, y ahora golpea esta de diarrea que ya ha causado tres muertes. Las cifras de infectados se elevan a más de cinco mil casos.
El rotavirus, causante de las diarreas, se detectó a finales de noviembre pasado.
“Yo no comprendo por qué mi hija se me ha enfermado de diarrea si en mi casa hiervo el agua de beber; además mantengo limpio mi hogar. El único problema es que entra mucho polvo y humo por las ventanas. ¡Pobrecita mi hija! Ya tiene cuatro días de estar mal del estómago... ¿Por qué tienen que sufrir los niños? No entiendo”, dice entre sollozos Rosa Maritza Rivera, de 32 años, al ver a su hija Dalia Marisol Rivera, de un año, postrada en la cama.
Los síntomas
Según la doctora Claudia Alvarenga, los síntomas representativos de la enfermedad son vómitos constantes, fiebres altas y diarrea, aunque no es regla general, ya que pueden estar relacionados con infecciones urinarias, meningitis o con problemas respiratorios.
Los médicos aconsejan que al detectarse estos síntomas hay que hidratar inmediatamente al niño con suero oral y abundantes líquidos, mientras se acude a la unidad médica más cercana, donde le darán el tratamiento adecuado.


 

El tratamiento es simple: puede aplicársele líquidos endovenosos (soluciones polielectrolítricas), sales de rehidratación oral y acetaminofén para la fiebre.
Poniendo en práctica medidas higiénicas, como lavarse bien las manos con agua y jabón antes de comer y después de ir a la letrina, desinfectar frutas y verduras, incluso los juguetes muebles y pisos, cocinar adecuadamente los alimentos y mantenerlos tapados se puede evitar que los niños y las niñas sean víctimas del rotavirus.
Asimismo se deben mantener tapados los utensilios de cocina y se debe evitar exponer a los infantes, especialmente de cero a cinco años, a corrientes de aire, porque el virus se transmite por ellas.

En los últimos días, asegura la doctora Teresa Rivas, los casos han aumentado en forma considerable. “Estamos atendiendo alrededor de 180 a 190 pequeños diarios, entre consultas e internos. Solo los casos de deshidratación severa son atendidos en la ‘torre’ ”, refiriéndose al Hospital Bloom.
En el hospital anexo del Bloom, el panorama no es alentador: las filas de madres esperando turno para que sus hijos sean atendidos parecen engrosar.
El ulular de las sirenas vuelve más desesperante el ambiente en el lugar, mientras médicos y enfermeras se esmeran por prestar la mejor atención y evitar que la lista de defunciones por la enfermedad continúe engrosando.

Cuidado con automedicar

El peor error es automedicarse o acudir a los servicios de los “sobadores”. Estas medidas pueden atentar contra la vida de los niños. La “sobada” puede causarles hemorragias intracraneanas, según los médicos.
Lo más recomendable en caso de que un niño o niña comience con diarreas es llevarlo de urgencia al hospital más cercano, para que los facultativos le den el tratamiento adecuado.

No les dé

Los niños y las niñas no son “conejillos de Indias”, sujetos de experimentación y por lo tanto hay una serie de medicamentos antidiarreicos que debe evitarse proporcionarles, como los siguientes “intestinomicina”, “entero guanil”, “suero oral vitaminado”, “sal andrews”, “no vomit”, “entero cetin”, “tetraciclina”, “estreptopectina” (antibiótico) “yodoclorina” y “bismutina”.
Tampoco es recomendable la medicina casera como las semillas de bálsamo, las hojas de jalapa, el polvo de víbora de cascabel, la raíz de waco, la nuez moscada o las semillas de caulote o “tapaculo”, entre otros.

 

De la toma de conciencia de los padres de familia en adoptar medidas higiénicas en sus hogares depende en gran medida el descenso de casos de diarreas.



Las jornadas que debe cumplir el personal médico son extenuantes, ya que en un lapso de cuatro horas deben atender a unos 40 pequeños aproximadamente.

arriba
Click Click Click Click
Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com