14 de enero de 2001

De sus calles empedradas sólo quedan recuerdos y 245 bienes inmuebles que develan la historia de San Miguel durante los pasados cinco siglos.


Escríbanos

San Miguel está ubicado a 130 kilómetros al oriente de la capital, entre tierras cálidas y extensas playas que lo convierten en un sitio particular, aunque es más conocido por su tradicional carnaval novembrino dedicado a la Virgen de la Paz.
Su historia trasciende a nivel nacional con figuras como el escritor Francisco Gavidia, pero también por la sobriedad única que caracteriza la mayor parte de su centro histórico de casas señoriales y amplios corredores, aun cuando ahora albergan la zona de mayor pujanza comercial.
Hasta 1995, según una investigación de tesis elaborada por estudiantes egresados de la Universidad ”Albert Einstein”, San Miguel contaba con unos 400 inmuebles con valor patrimonial; para el año 2000 casi la mitad desapareció.

Historia perdida

Mientras la iglesia San Francisco, construida en el siglo XVII, parece resistirse al paso de la modernidad, la casa donde por años residió el expresidente Gerardo Barrios es simplemente un sitio histórico.
San Miguel perdió en sólo cuatro años casi la mitad de la riqueza arquitectónica descrita a mediados de los noventas, según el inventario de bienes realizado por Concultura.
El arquitecto Edgard Chacón dice que luego de varios veces de investigaciones basadas en un diagnóstico, fotografías y visitas de campo se logró recopilar datos de 245 inmuebles con más de 40 años de antigüedad que sobresalen por su historia o por su valor arquitectónico.
Su centro histórico, en otrora época de casas señoriales de adobe y teja, ha sucumbido, no por estar en mal estado, sino porque cambió el uso de las mismas.

 

El arquitecto Chacón dice que no existe conciencia entre la gente sobre la necesidad e importancia de conservarlas, mucho menos que sean inventariadas por el falso temor a una expropiación. “El gobierno no tiene dinero para eso”, afirma.

De hecho, sólo el 20 por ciento de los propietarios permitió el ingreso de los investigadores a sus viviendas incluidas en el documento final.
Según el registro de bienes inmuebles que lleva Concultura, en San Miguel existen ocho inmuebles históricos con valor local: el Teatro Nacional “Francisco Gavidia”, el parque Barrios, la iglesia San Francisco y la Capilla Milagrosa (1920), antigua capilla del Hospital San Juan de Dios.
A pesar de los problemas que enfrentan los pocos edificios monumentales que posee la ciudad todavía existe mucha riqueza por conservar y las particularidades que hacen de la misma una tierra diferente.

Ciudad sobria

A diferencia de Santa Ana, Sonsonate, Ahuachapán e inclusive Santa Tecla, caracterizadas por una arquitectónica que derrocha decorados en madera y lámina troquelada por doquier, en San Miguel la sobriedad es por excelencia su punto de atracción.
La sencillez de sus construcciones contrasta con la singularidad que representa el pilar esquinero, propio de la zona oriental, el doble canecillo en el techo y los postigos, que son pequeñas miras protegidas con barrotes ubicadas arriba o al medio de las puertas para observar hacia la calle.
En el centro histórico, frente a la iglesia San Francisco se conserva la llamada “cruz del perdón” original, donde según la historia durante la colonia era utilizada por los españoles para convertir al cristianismo a los indígenas.

 

Pero la sobriedad arquitectónica de San Miguel no niega la belleza de edificios monumentales como la Catedral dedicada a la Virgen de la Paz y el Teatro Nacional, inaugurado el 31 de diciembre de 1909, construido por iniciativa del entonces gobernador José Tomás Calderón.
El inventario de Bienes Culturales ha sacado a la luz el otro rostro de San Miguel, que va más allá de sus carnavales y campos plantados con henequén, sino en el que se encuentra en sus casas históricas de adobe y sobrios corredores.

En la historia

Fue fundada por el capitán Luis de Moscoso.

Se cree que el primer asentamiento del entonces San Miguel de la Frontera estuvo ubicado en el mismo sitio que ocupa el municipio de Santa Elena, Usulután, pero debido a un incendio la ciudad fue trasladada en 1586.

En 1812 le fue otorgado el título de Noble y Leal Ciudad por el apoyo que ofreció al rey Fernando VII durante los movimientos de independencia de 1811.

En 1824 asciende a cabecera departamental de San Miguel, San Alejo y Gotera.

El edificio más singular es la catedral-basílica en honor de la Virgen de la Paz, cuya construcción duró un siglo y es sin duda la más importante a nivel tecnológico local, por su característica estructura de acero y bóveda de lámina repellada.

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