14 de enero de 2001

Si bien replica el estilo clásico europeo en la fabricación de algunos muebles, don Tito Arnoldo Campos prefiere crear originales estilos que están alcanzando aceptación en el mercado extranjero.


Escríbanos

Su casa parece una sala de exhibición de hermosos muebles que no se encuentran en cualquier “vuelta de la esquina”, según él mismo, porque de cada pieza allí no hay más de cinco copias en el mundo y muchas de ellas adornan lujosas casas de Estados Unidos, Alemania, México, España y Francia.
Un chinero con aire barroco, una elegante cama que evoca la Francia de los Luises o unos cómodos sillones de madera y junco con respaldos y patas tallados conquistan al más difícil comprador.
Una de las obras más sorprendentes y ricas en detalles son un par de águilas con sus alas extendidas y aire altivo que pronto se convertirán en sostenes de una mesa de vidrio. “Estas se complementan con esas serpientes y estos peces”, afirma don Tito Arnoldo Campos, propietario del Centro Artesanal Izalco, de donde salen estas maravillas en madera.
Pero aquí no todo es estilo clásico europeo; también ocupan un espacio importante unas sencillas piezas hechas en madera de cortés blanco y barnizadas, que don Tito llama “estilo típico”, ya que en los respaldos, patas o manecillas de los muebles se imprimen figuras mayas en tonos cafés.

Este estilo indígena, que tiene una apariencia rústica y atractiva, se puede apreciar en columpios, sillones, banquitos, en juguetes sube y baja o en un bar. Igual belleza presentan calendarios mayas y aztecas hechos en cortés blanco o caoba colgados en la pared o un Cristo como resucitado que pende de una cruz.
Y es que al entrar en la casa de este experimentado tallador izalqueño en madera sorprende cada adorno o mueble que allí aguarda el momento de embarque hacia Estados Unidos, donde han ganado buena aceptación.

“Made in” Izalco

Cuando don Tito tuvo que suspender sus estudios hasta sexto grado por la pobreza de sus padres y en su lugar aprender la carpintería en el taller de un tío jamás imaginó que sus creaciones en madera se vendieran hoy en mercados extranjeros con el sello “Centro Artesanal Izalco, El Salvador”.
Las “primeras travesuras” en madera, como él llama a sus inicios, son ahora una marca vendible que además está asegurando una fuente de trabajo para muchos de sus operarios y en un centro de aprendizaje (sin costo alguno) para jóvenes de escasos recursos.
“Aquí hay muchos operarios que vinieron muy jovencitos y se quedaron. Puedo decir que algunos de ellos ya superaron a su maestro y así es como debe suceder”, refiere don Tito, quien ahora se concentra más en la administración del centro artesanal, pero sin descuidar el diseño y la vigilancia de cada pieza.
Y es que el tallado en madera requiere no solo precisión, creatividad e ingenio, sino también un trabajo minucioso, pues solo en la elaboración de un águila pueden tardarse más de un mes, lo que implica un proceso que empieza con el diseño o dibujo en papel, plasmarlo en la pieza de madera, forjado (dar forma sin entrar en detalles), pulido, adorno con detalles más finos, lijado hasta terminar con el barnizado.
El resultado son obras de excelente calidad, apreciadas mayormente en el extranjero, aunque don Tito dice que en el mercado nacional han encontrado clientes “que no se asustan con los precios” porque “saben apreciar buen arte”.

 

A don Tito le enorgullece contar que sus obras se encuentran desde Ahuachapán hasta La Unión, en Estados Unidos y Europa, que la viuda del que fuera presidente de Francia, Francoise Mitterrand, posee un calendario maya de su autoría; que la Universidad de La Sorbona de Francia también luce uno de sus trabajos o que en algún lugar de Querétaro, México, exhiben una Virgen de Guadalupe de unos tres metros de altura en color natural de la madera.
Pero igual le satisface haber ganado el primer lugar en la última “Feria del Juguete Popular” con un sube y baja que se puede desarmar; haber construido las urnas que albergan la figura mortuoria de Jesucristo en La Unión, Cojutepeque, Santa Tecla y las andas de Jesús Nazareno en Sonsonate.

Esfuerzo propio

Para don Tito, estos logros obedecen al interés y a la persistencia para hacer un trabajo de calidad y en su mayor parte hecho en forma manual. “Utilizamos tecnología en el proceso de fabricación en un veinte por ciento, pero el toque final lo dan las manos, porque de lo contrario no pudiéramos competir y ese ha sido nuestro éxito en el mercado extranjero donde es algo bien apreciado allá”, dice.
Sin mayores obstáculos, los estadounidenses están comprando, por ejemplo, una cama estilo Luis XV que aquí podría costar unos ¢28,000, un chinero de casi ¢30,000 o un juego de tres columpios para jardín estilo autóctono por unos ¢5,000.
Consciente de que el poder adquisitivo del salvadoreño en general lo margina de estos muebles, este artesano piensa fabricar un producto más barato y que disminuiría un poco su calidad, pero atractivo, a fin de que “la gente también adquiera buenas piezas”.
Pero aparte de la calidad en el trabajo, la clave en este taller también ha sido innovar y promocionarse por iniciativa propia. “Cualquier cosa se vende... Si somos innovadores, vamos a lograr mayor apertura en el mercado; por ejemplo, hacer menos unidades pero de mejor calidad para venderlas mejor. Manejarlo a nivel artístico”, opina don Tito.

Y es que para don Tito, hacer lo que al artesano le gusta y pretender que lo compre el cliente que no quiere eso es un error. La clave está en presentarle al comprador algo atractivo y utilitario, como lo ha comprobado con sus muebles estilo típico, que además de llamativos tienen la peculiaridad de ser desmontables y de fácil traslado para el cliente.
Estas creaciones típicas están en proceso de ser patentadas porque son una originalidad de don Tito Campos y para evitar que se reproduzcan, según él, como se acostumbra a nivel de muchos artesanos del país, entre los que existe mucha competencia desleal está limitando el progreso de la ebanistería que no se puede “vender por canastadas”.
Si a esta falta de visión se suma el escaso apoyo del gobierno, el desarrollo de la ebanistería no promete, según este artista. “A veces el gobierno no nos da oportunidad para que resurjamos y nosotros por nuestros medios lo debemos hacer, aunque no se puede negar que hay una apertura para los pequeños exportadores fuera del área centroamericana con el incentivo del seis por ciento sobre lo que exporte y eso nos nos va a generar más ganancias”, opina optimista.
Por el momento, el pequeño Centro Artesanal Izalco de don Tito hace lo propio y sus camas, consolas, marcos para espejos y sillones, entre una variedad de muebles, incursionan con más fuerza en el mercado estadounidense.

 

Trabajo cotizado en el extranjero

Las artesanías de don Tito Arnoldo Campos son bien cotizadas en el exterior, donde las han adquirido algunas personalidades.




Águila tallada en fina madera.

Los motivos indígenas son algunos de los preferidos del ebanista.

Sus cuadros enmarcados decoran residencias de figuras políticas.

 

 

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