12 de Noviembre de 2000


Es una simpática novela donde un cura presuntuoso, un club de solteras y beatas adineradas y un conjunto de vecinos pobres se unen para brindar un drama de la vida real, salpicada de vanidades, frustraciones y humor.


Escríbanos

Aunque a veces cómica y tediosamente descriptiva, Goffredo Parise nos ofrece una entretenida historia de la vida real. Ambientada en la Italia fascista, este autor nos representa las frialdades cotidianas y cómo las sociedades pueden degenerarse por los mismos sentimientos humanos.
Esta novela, narrada en primera persona, es un recuento de los años mozos de un grupo de chiquillos que desde el ángulo de su pobreza desnudan las intimidades de una clase adinerada, déspota y egoísta.
Centrada prácticamente en la figura de un sacerdote que hace uso no solo de su posición religiosa para cumplir, según él, su misión de buenas obras, influenciando en las señoras adineradas, solteronas y enamoradas de él para que inviertan en piadosas actividades sociales.
Si bien este cura, don Gastone Coaduro, las ha organizado en un club de “Fe y Valor”, en el que convergen disputas por merecer sus atenciones, logra a fuerza de sutiles presiones que estas mujeres apoyen el talento artístico de algunos chicos de la vecindad, no importando su condición económica.

 

El narrador de la historia es precisamente uno de esos chicos privilegiados por el club, que con mucho sentido descriptivo logra contarnos con ocurrente humor lo que sucede en esa vecindad, desde lo más íntimos ardides de los opulentos por mantener su moral en alto hasta las travesuras —casi delictivas— de un grupo de chiquillos de la clase menos privilegiada.
Uno de los aspectos más interesantes de esta obra es la degeneración del ser humano por cuestiones de amor, como se representa en la persona de don Gastone, quien no solo quebranta el celibato por una bella mujer, sino que se transforma hasta el punto de la casi destrucción de sí mismo y de su amada.
Personajes como Sergio, el que narra, el rebelde llamado Cena, las hipócritas beatas como la señorita Immacolata, las aparentemente púdicas hijas de un militar retirado, entre otros, nos dan una lección de que una vida llena de vicios, egoísmos, hipocresías y vanidades solo terminan en autodestrucción.
 

 



POR MARIO TÉVEZ Y MIGUEL RAMIREZ

David Lanz

“An evening with David Lanz”

Una recopilación en vivo de sus mejores canciones. Si se trata de definir este álbum se podría decir que es simplemente dulce al oído (“Leaves on the seine”, “Heartsounds”) y confortante para el alma (“Summer´s child”, “A whiter shade of pale”).
David Lanz es uno de los más talentosos pianistas estadounidenses. Ha trabajado junto a la Orquesta Filarmónica de Münich, Alemania, y con artistas de la talla de Paul Speer, Michael Jones y David Arkenstone, reconocidos en el “new age”.
Si usted gusta de escuchar un buen piano, le recomendamos este álbum.

Precio ¢170.
Lugar: CD planet Metrocentro.

 

Lo mejor del “new age”

Al hablar del género musical “new age” o nueva era lo primero que se nos viene a la mente son melodías de pájaros cantando, el agua del río fluyendo o el sonido del viento, o se confunde el género con alguna secta extraña.
La música “new age” es para los sentidos, ideal para relajarse y desestresarse. Tiene una gran variedad de ritmos, que varían desde la música electrónica o un delicioso piano hasta los sonidos tradicionales del Tíbet. He aquí unas muestras.

Ray Linch

“The best of volume one”

Esta recopilación nos cautiva con sonidos que evocan aire, espacio y movimiento. Además cuenta con un versión más moderna y bailable de su famosa “Celestial soda pop”.
La música electrónica se caracteriza por utilizar la tecnología de las computadoras y los sonidos de los sintetizadores para generar nuevos sonidos, ya sean voces o instrumentos más “electrónicos” y ambientes más etéreos. Ejemplos son Tangerine Dreams, Constance Dembi y Robert Miles, quien nos diera una de las canciones más sonadas en la radio (“Children”) en 1996.

Precio ¢170.
Lugar: CD Planet Metrocentro.


 

Nawang Khechog

“Karuna”

Este flautista y compositor tibetano fue monje budista por once años y ha tenido el honor de tocar ante el Dalai Lama. Trabajó en la banda sonora de la película “Siete años en el Tíbet”, del director Jean Jacques Annaud.

“Karuna” significa compasión en sánscrito y ese es el nombre de este excelente álbum que nos transporta a los más recónditos lugares del Tíbet con su sonido lleno de exotismo (“Rythm of dakini”, “Thanksgiving to mother Earth”) y de espiritualidad (“Tíbet”, “Karuna”, “Journey with ancients”).
Nawang Khechog toca la mayoría de los instrumentos en este disco, algunos tradicionales de la cultura tibetana y otros prestados de las culturas australiana, africana, japonesa y americana.
Trabajó de la mano con otro grande del “new age”, Kitaro, quien fue el productor de este disco, ideal para meditar y para relajarse.

Precio ¢170.
Lugar: CD Planet Metrocentro.

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