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Para
Mario, transportarse en bicicletas
en un país como el nuestro es
enfrentarse a calles inadecuadas para ciclistas, así como al
irrespeto de
automovilistas.
De pequeño no tenía bicicleta, pero la anhelaba. Para
materializar momentáneamente ese sueño alquilaba alguna.
Nunca imaginó que aquella pasión infantil le duraría
toda su vida. Hoy tiene siete y se transporta en ellas, especialmente
cuando se dirige a su trabajo ubicado en San Marcos.
Basta media hora de pedaleo intenso y casi continuo para desplazarse
diariamente de su hogar en la colonia Santa Lucía en Ilopango
hasta su trabajo en los talleres del Centro Salvadoreño de Tecnología
Apropiada (CESTA).
Pero en su paso por el Bulevar del Ejército sortea diversidad
de peligros, desde la amenaza de algún automovilista incomprensivo
con los ciclistas hasta el atropello y la muerte. Pero Mario Martínez
los enfrenta haciendo uso de su pericia ganada con los años y
protegiendo su cabeza con un casco.
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Si bien respeta semáforos en rojo,
pide vía a los vehículos para sobrepasar o detenerse y
circula por las calles orillándose a su derecha, este hombre
de cuarenta años parece diminuto entre la masa vehicular que
a diario abarrota vías principales como los bulevares del Ejército
y Venezuela, parte de su ruta obligada.
Transportarse en bicicleta en este país no es seguro. Más
que todo son los autobuses los que no respetan al ciclista. Algunas
veces ya me han amenazado porque dicen que les hago estorbo, dice
Mario, quien ha sufrido cuatro atropellos de dos autobuses y tres vehículos
particulares. El resultado: sólo una pierna herida.
Tiempo
y economía
Pese a los accidentes sufridos, Mario no está dispuesto a cambiar
la bicicleta por nada del mundo. Ya me acostumbré a la
comodidad y rapidez de esta máquina. Viajar en bus me irrita
porque uno va apretado, debo soportar los congestionamientos vehiculares,
me tardo más en llegar a mi trabajo y gasto más en pasajes,
explica.
Mario dice que a diario se ahorra seis colones y aunque invierte en
el mantenimiento de las bicicletas porque debe repararle llantas o soldarle
alguna pieza que por el uso se ha roto, le resulta más económico
que viajar en bus.
El ahorro en tiempo es también otra ventaja. Los aproximadamente
veinte kilómetros que recorre desde su casa hasta su trabajo
le significan apenas media hora, mientras que en bus se tardaría
una hora y media en llegar.
Aparte de este ahorro , lacomodidad y una oportunidad para mantenerse
en forma, Mario le hace caso al llamado de su conciencia ecológica
al optar por este transporte como una saludable alternativa porque no
contamina el aire, aunque tenga que enfrentar cada día graves
riesgos que atentan contra su integridad física o su misma vida.
No le voy a decir que no tengo miedo de desplazarme en bicicleta
en medio de tanto carro, pero es cuestión de costumbré,
dice Mario, mientras jadea y se limpia el sudor que deja su andar en
bicicleta, sus amigas de infancia, sus compañeras hoy.
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Ambiente
ciclístico
Quizá
marcado por el destino, la vida de Mario Ernesto Martínez
parece girar en torno a las biciletas.
Después de transportarse en ellas hasta el CESTA, trabaja
de lleno en la hechura de soportes delanteros para triciclos,
la última innovación ecológica en materia
de transporte que se ha logrado introducir en una fábrica
de jugos.
Puede llegar a reparar bicicletas o sillas de ruedas todo el día.
Durante el fin de semana, cuando sale de paseo o visita a algún
amigo o familiar,v iaja en bicicleta.
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