12 de mayo 2002


Durante la temporada de corte de café es común observar a niños y niñas que trabajan a la par de sus padres. Se colocan un canasto en la cintura y cargan los
sacos de café en sus pequeños hombros.


Las manos frágiles de los niños y de las niñas de Ataco y Juayúa ya se han acostumbrado a las cortas de café.

Ataco, en Ahuachapán, y Juayúa, en Sonsonate, son dos de las zonas cafetaleras más importantes del país, pero también son los lugares donde durante cada temporada de corta, de noviembre a febrero, niños y niñas se involucran de lleno en esa actividad.
“Yo le ayudo a mi mami a cortar y a pepenar”, pronuncia la voz suave de Guadalupe Villeda, de cinco años. Como esta niña, existen más de 3,000 pequeños en Ataco y en Juayúa que trabajan en la industria del café.
De 2,256 pequeños encuestados en una investigación realizada por estudiantes de la maestría en Administración Pública de la Universidad José Matías Delgado, el 89% contestó que trabajó en la cosecha de café de 1999.
Aunque la participación del sector infantil en la industria del café no es catalogada como una de las peores formas de trabajo, sí puede llegar a serlo en la medida que se arriesga la salud y se deja a los menores en actividades de adultos sin darles la oportunidad de desarrollo.
Por eso, el programa “Erradicación del trabajo infantil en la industria del café”, implementado por la Asociación ÁGAPE de El Salvador, en coordinación con la Organización Mundial del Trabajo (OIT) y el Programa de Erradicación del Trabajo Infantil (OPEC), busca alejar a los menores de esa práctica tradicional.
Según Maritza de Arriola, coordinadora del proyecto, algunos de los riesgos físicos a los que se ven sometidos los niños y las niñas durante la temporada son picadas de insectos y de reptiles, dolores de espalda crónicos, problemas diarreicos, multiparasitismo, caídas, afecciones en la piel, maltrato sicológico y físico y lesiones oculares o auditivas.


Estudiantes del centro educativo “Dr. Camilo Arévalo”, de Juayúa, se han visto favorecidos con los paquetes escolares donados por un programa de ayuda.

 

La iniciativa, que comenzó en noviembre del año pasado, atiende a unos 2,800 menores de esas dos zonas cafetaleras: 500 niños de tres a seis años; 2,000 de siete a 14; 300 adolescentes y 330 familias adicionales.

Problema cultural

Concienciar a los padres de que al involucrar a los niños en las cortas de café los están sometiendo a muchos riesgos físicos, así como convencer a los cafetaleros de no emplear a los pequeños ha sido la principal barrera con la que se ha enfrentado el programa.

Los padres son orientados para que conozcan los riesgos a que se exponen los menores en los cafetales.

Maritza de Arriola manifiesta que el equipo técnico (enfermeras, sicólogas, educadores) se está esforzando para sensibilizar a los sectores implicados: finqueros, maestros, padres y madres y líderes comunales.
No se obliga a los padres para que no los manden, sino que se les habla de los riesgos que corren los niños en los cafetales. Se les limita el crecimiento académico y muchas veces no se les abren las expectativas de desarrollo profesional.
Peor aún es comprobar que algunos infantes interrumpen la escuela o no son matriculados al año siguiente por asistir a las cortas de café.
Según el estudio se comprobó que en 1999 el 3.5% de los niños consultados no asistió a la escuela por el trabajo y el 40.5% no fue matriculado por sus padres.
En Juayúa, el 86.8% de los niños contestó que no fue matriculado, y en Ataco sólo el 13% durante el mismo año. Mientras las cifras de los niños trabajadores crecen, los padres siguen pensando que es mejor llevarlos a las fincas que dejarlos en las calles, además la temporada es aprovechada para saldar deudas económicas con lo que ganan.
“Por eso sabemos que el trabajo infantil en la industria del café no la vamos a quitar de raíz, pero sí queremos disminuir el porcentaje y darles otras alternativas de ocupación a los menores”, comenta Arriola.
Dentro de estas alternativas se piensan implementar talleres de panadería y de corte y confección para los menores que ya no acuden a la escuela. También se piensa construir Centros de Bienestar Infantil (CBI) para que las madres tengan donde dejar a sus hijos durante las cortas de café.

 

Maritza de Arriola, coordinadora del proyecto, brinda capacitación a los padres de los pequeños.

“Él no corta bastante (refiriéndose a su hijo de nueve años), pero se pone su canasto y hace su arrobita, aunque lo helado del café le da tos”, menciona Rosa Villeda.
La idea del programa es disminuir casos como este, es decir no dejar en manos de los infantes actividades de los adultos.

Más beneficios

El programa “Erradicación del trabajo infantil en la industria del café” incluye la entrega de paquetes escolares para educación básica, parvularia y tercer ciclo.

Hasta el momento, los estudiantes inscritos en el programa han recibido mochilas, cuadernos, estuches de geometría y de colores.

También se han desarrollado jornadas de salud, en las que se han entregado desparasitantes y vitaminas a los menores.

La temperatura fresca del café provoca enfermedades en la garganta a algunos infantes.

Reciben atención
El porcentaje de niños y niñas
inscritos en el proyecto es muy
representativo para las dos
zonas cafetaleras.


2800 menores
de 12 escuelas de Juayua y 12 de ataco se han favorecido.

330 familias
adicionales reciben orientación y
algún tipo de ayuda.

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