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Las
manos frágiles de los niños y de las niñas de Ataco
y Juayúa ya se han acostumbrado a las cortas de café.
Ataco, en Ahuachapán, y Juayúa,
en Sonsonate, son dos de las zonas cafetaleras más importantes
del país, pero también son los lugares donde durante cada
temporada de corta, de noviembre a febrero, niños y niñas
se involucran de lleno en esa actividad.
Yo le ayudo a mi mami a cortar y a pepenar, pronuncia la
voz suave de Guadalupe Villeda, de cinco años. Como esta niña,
existen más de 3,000 pequeños en Ataco y en Juayúa
que trabajan en la industria del café.
De 2,256 pequeños encuestados en una investigación realizada
por estudiantes de la maestría en Administración Pública
de la Universidad José Matías Delgado, el 89% contestó
que trabajó en la cosecha de café de 1999.
Aunque la participación del sector infantil en la industria del
café no es catalogada como una de las peores formas de trabajo,
sí puede llegar a serlo en la medida que se arriesga la salud
y se deja a los menores en actividades de adultos sin darles la oportunidad
de desarrollo.
Por eso, el programa Erradicación del trabajo infantil
en la industria del café, implementado por la Asociación
ÁGAPE de El Salvador, en coordinación con la Organización
Mundial del Trabajo (OIT) y el Programa de Erradicación del Trabajo
Infantil (OPEC), busca alejar a los menores de esa práctica tradicional.
Según Maritza de Arriola, coordinadora del proyecto, algunos
de los riesgos físicos a los que se ven sometidos los niños
y las niñas durante la temporada son picadas de insectos y de
reptiles, dolores de espalda crónicos, problemas diarreicos,
multiparasitismo, caídas, afecciones en la piel, maltrato sicológico
y físico y lesiones oculares o auditivas.

Estudiantes
del centro educativo Dr. Camilo Arévalo, de Juayúa,
se han visto favorecidos con los paquetes escolares donados por un programa
de ayuda.
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La iniciativa, que comenzó en noviembre
del año pasado, atiende a unos 2,800 menores de esas dos zonas
cafetaleras: 500 niños de tres a seis años; 2,000 de siete
a 14; 300 adolescentes y 330 familias adicionales.
Problema
cultural
Concienciar a los padres de que al involucrar
a los niños en las cortas de café los están sometiendo
a muchos riesgos físicos, así como convencer a los cafetaleros
de no emplear a los pequeños ha sido la principal barrera con
la que se ha enfrentado el programa.

Los
padres son orientados para que conozcan los riesgos a que se exponen
los menores en los cafetales.
Maritza de Arriola manifiesta que el equipo
técnico (enfermeras, sicólogas, educadores) se está
esforzando para sensibilizar a los sectores implicados: finqueros, maestros,
padres y madres y líderes comunales.
No se obliga a los padres para que no los manden, sino que se les habla
de los riesgos que corren los niños en los cafetales. Se les
limita el crecimiento académico y muchas veces no se les abren
las expectativas de desarrollo profesional.
Peor aún es comprobar que algunos infantes interrumpen la escuela
o no son matriculados al año siguiente por asistir a las cortas
de café.
Según el estudio se comprobó que en 1999 el 3.5% de los
niños consultados no asistió a la escuela por el trabajo
y el 40.5% no fue matriculado por sus padres.
En Juayúa, el 86.8% de los niños contestó que no
fue matriculado, y en Ataco sólo el 13% durante el mismo año.
Mientras las cifras de los niños trabajadores crecen, los padres
siguen pensando que es mejor llevarlos a las fincas que dejarlos en
las calles, además la temporada es aprovechada para saldar deudas
económicas con lo que ganan.
Por eso sabemos que el trabajo infantil en la industria del café
no la vamos a quitar de raíz, pero sí queremos disminuir
el porcentaje y darles otras alternativas de ocupación a los
menores, comenta Arriola.
Dentro de estas alternativas se piensan implementar talleres de panadería
y de corte y confección para los menores que ya no acuden a la
escuela. También se piensa construir Centros de Bienestar Infantil
(CBI) para que las madres tengan donde dejar a sus hijos durante las
cortas de café.
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Maritza
de Arriola, coordinadora del proyecto, brinda capacitación a
los padres de los pequeños.
Él no corta bastante (refiriéndose
a su hijo de nueve años), pero se pone su canasto y hace su arrobita,
aunque lo helado del café le da tos, menciona Rosa Villeda.
La idea del programa es disminuir casos como este, es decir no dejar
en manos de los infantes actividades de los adultos.
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Más
beneficios
El programa Erradicación del trabajo infantil en
la industria del café incluye la entrega de paquetes
escolares para educación básica, parvularia y tercer
ciclo.
Hasta el momento, los estudiantes inscritos en el programa han
recibido mochilas, cuadernos, estuches de geometría y de
colores.
También se han desarrollado jornadas de salud, en las que
se han entregado desparasitantes y vitaminas a los menores.
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La
temperatura fresca del café provoca enfermedades en la garganta
a algunos infantes.
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Reciben
atención
El porcentaje
de niños y niñas
inscritos en el proyecto es muy
representativo para las dos
zonas cafetaleras.
2800 menores
de 12 escuelas de Juayua y 12 de ataco se han favorecido.
330
familias
adicionales reciben orientación y
algún tipo de ayuda.
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