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Obdulio
Sosa ha demostrado que la discapacidad no es un límite, sino
un reto a vencer.
La luz se ha apartado de sus pupilas, pero
los tres se identifican con una sola frase que nace desde los más
profundo de sus deseos: Queremos decirle al mundo que podemos
trabajar; que nos ayuden, no con limosna, sino sintiéndonos útiles
para la sociedad.
Desde noviembre del año pasado, la idea de crear un negocio se
propagó como pólvora en la mente de tres no videntes:
Hazel Aguilera, de 28 años, bachiller y quiromasajista; Andrés
Reyes, de 31 años, profesor en letras y masoterapista, y Obdulio
Sosa, de 28 años, fisioterapista.
Al principio todo era un sueño. Llegado el momento de instalar
la clínica, a principios de abril, se unieron para recolectar
el poco dinero con el que contaban. Quebramos nuestras alcancías
y nos preguntamos cuánto teníamos, menciona Obdulio
Sosa.
Sueño hecho
realidad
Después de solicitar un local a la Asociación Independiente
Salvadoreña de Ciegos Progresistas (AISCIEPRO), de hacer algunos
préstamos y de recibir donaciones lograron equipar un salón
con dos camillas y un par de sillas para iniciar el proyecto.
La clínica terapéutica se llama Jhoanva y
presta servicios en las diferentes áreas físicas: sicoterapia
(estado de ánimo), fisioterapia (sistema funcional) y nutrición
(fuente de energía). La mayoría de terapias que se aplican
son masaje relajante, reductivo anticelulítico quiropráctivo
y prescripción de plantas medicinales.
A pesar de que sólo tienen un mes de haber abierto, el negocio
ya tiene clientes. Una señora que adolece de artritis y se ha
sometido a los masajes de Hazel es la mejor carta de presentación.
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Ejemplo
de valor
Detrás de los invidentes que decidieron hacer caso omiso a la
discriminación laboral y que tienen como expectativas dar empleo
o otros no videntes se esconden las más conmovedoras historias,
unas más que otras, pero sirven de ejemplo a la humanidad.
Tal es el caso de Obdulio, originario de Tapalhuaca, La Paz, quien es
miope de nacimiento. A los seis años, debido al pesar ocasionado
por la muerte de su padre, se le desprendió la retina. Diez años
después perdió la vista por completo.
Pasaron tres años sin que su madre se enterara de la ceguera
de su hijo. Mi mamá me mandaba a dejar comida al campo,
a veces me perdía en el monte. Una vez caí en un precipicio
de cinco metros de profundidad. Después de eso mi abuelo comenzó
a sospechar de mí, recuerda Obdulio.
Cuando llegó el tiempo de asistir al bachillerato, su madre se
enteró de su estado. Mientras él quería trasladarse
a San Salvador para continuar sus estudios, ella pensaba que no podría
desenvolverse solo en la capital.
Pero él tenía un futuro para su vida y ahora que la oscuridad
se había apoderado de su vista no podía interrumpirlo.
Estoy ciego y quiero estudiar. No puedo convertirme en un mendigo
que vive de las limosnas de su madre, pensó en esa ocasión.
El día que debía presentarse por primera vez en el Instituto
Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN) se levantó temprano.
Al bañarse se estregó con una esponja para no hacer ruido,
tomó su maleta y emprendió el camino.
Desde ese momento se convirtió en una esponja que absorbía
todo lo que podía. Aprendió computación, practicaba
judo y recibía rehabilitación en una escuela de ciegos.
Cuando terminó la secundaria ingresó a la Universidad
de El Salvador para estudiar licenciatura en Filosofía.
Las actividades que ha desarrollado: participar en campeonatos de judo,
estudiar técnico en rehabilitación básica en Cuba,
terminar un curso de fisioterapia, pintar, tejer y practicar la carpintería
demuestran que la discapacidad no debe ser un obstáculo, sino
un reto a vencer.

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Para
nosotros lo importante es que el mismo sistema nos permita demostrar
lo que somos y los pacientes son nuestra tarjeta de presentación.
Obdulio
Sosa

Queremos extender el proyecto para podernos mantener y darle
trabajo a más ciegos. Estamos poniendo todo el empeño
y el ánimo necesarios.
Hazel Aguilera

Este trabajo me permite reafirmar lo que una vez me dijo
una maestra: No importa que sea una pequeña ocupación,
pero si se hace con amor, es lo mejor que puede haber.
Andrés
Reyes
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Los
masajes aplicados por las manos suaves de Hazel resultan efectivos para
los enfermos que se han acercado a la clínica.
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