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La campiña de Virginia, Estados
Unidos, resplandece vestida de los colores de octubre. Es otoño
en las montañas del Shenandoah, pero el verano se resiste a perderse
el paisaje.
Ahí un grupo de 20 periodistas de varias partes del mundo, meciéndose
en sus asientos de autobús, no han llegado a Virginia a contemplar
el paisaje ni a disfrutar del clima, sino a prepararse para lo peor,
y poco sospechan que la primera prueba está a la vuelta de la
esquina.
Nadie se ha dado cuenta de que a distancia les sigue una camioneta negra,
cuyo conductor pasa por radio a sus cómplices todos los movimientos
del autobús.
Baja por la ladera y se aproxima al puente, dice en su cargado
acento del sur de Inglaterra.
Los periodistas, cinco de ellos procedentes de América Latina,
sin sospechar lo más mínimo, charlan sobre sus largos
viajes hasta llegar a este apartado rincón rural, a unos 160
kilómetros al este de Washington.
Está ya en el puente. ¡Todos alerta! Las pistolas
están cargadas y la adrenalina se dispara A 20 metros de
la entrada.
De pronto, una enorme explosión a la izquierda del camino detiene
el vehículo y todos giran la cabeza hacia esa dirección.
En un instante, varios enmascarados corren hacia el autobús disparando
al aire, entran lanzando insultos, ordenan a todos echarse sobre los
asientos y en breves segundos, los periodistas se encuentran con pistolas
en las sienes y las cabezas cubiertas con capuchas.
El ensordecedor estruendo de los disparos y los gritos dan paso a un
silencio sepulcral, sólo interrumpido por los chasquidos de los
dedos de los secuestradores al pasarse mensajes unos a otros.
El autobús parte de nuevo. La camioneta negra les sigue.
Al poco de detenerse el autobús, los secuestrados son bajados
uno a uno y colocados en fila india. La fila, comandada a empujones
por los secuestradores, comienza a moverse torpemente.
Se les obliga a tumbarse boca abajo y se les despoja de sus pertenencias.
Los minutos se arrastran en el reloj del miedo. Han pasado 30 desde
el secuestro. El fin del calvario ya está cerca.
Y ocurre súbitamente. Uno de los secuestradores va
retirando las capuchas una a una, diciendo a los secuestrados
que ya se acabó. Sólo se trataba de un ejercicio.
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¡Bienvenidos!
Bienvenidos al Curso de Ambientes Hostiles
de Centurión Risk Assessment Services, la compañía
británica líder mundial de este tipo de capacitación
para profesionales que trabajan en situaciones de peligro, especialmente
periodistas.
Desde que Centurion inició sus cursos en las afueras de Londres
hace más de seis años, unos 7.500 periodistas han realizado
el entrenamiento, 250 de ellos procedentes de América Latina.
Realizamos seis cursos al mes en el Reino Unido y dos menssuales
en Estados Unidos, dice Paul Rees, director y fundador de Centurion,
quien agrega que después de los ataques del 11 de septiembre,
la demanda ha aumentado, especialmente por cursos de defensa contra
armas químicas y biológicas.
Hace un año que la compañía comenzó sus
entrenamientos en las Américas en una finca a orillas del río
Shenandoah. Ahí han acudido periodistas de Argentina, Bolivia,
Chile, Colombia, El Salvador, México, Perú y Venezuela,
además de Estados Unidos y Canadá.
Perder
el control
Ya en el aula, el propósito del
secuestro, dice Mick Down, veterano del Real Cuerpo de Marines
Británico, al igual que el resto de los instructores, es experimentar
el impacto de ser secuestrado, de perder el control sobre el destino
y de aprender a controlar las emociones.
El curso también permite a los periodistas familiarizarse con
las armas ligeras que se encuentran en un campo de batalla, desde granadas
y pistolas hasta morteros, pasando por fusiles de asalto, como AK-47
y M-16, y ametralladoras como la M-60. Los instructores explican cómo
funcionan, los daños que pueden causar en el cuerpo y cómo
protegerse de ellas.
A continuación, el grupo pone en práctica sus conocimientos
sometiéndose a una serie de emboscadas. A medida
que van avanzando por un sendero son blanco de fuego simulado de distintas
armas, del cual deben protegerse y saber identificar.

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Primeros
auxilios
El énfasis del curso se hace en
los primeros auxilios, que ocupan alrededor del 50% del currículo.
El propósito es el de convertirlos en enfermeros de emergencia
capaces de salvar la vida a un compañero.
Los estudiantes aprenden que casi el 40% de las personas que mueren
camino del hospital puede salvarse si reciben primeros auxilios básicos.
Esos conocimientos han de ponerse en práctica. Las víctimas
son los propios instructores, quienes escenifican situaciones de enorme
realismo, que ponen a prueba no sólo la preparación de
los periodistas sino también su sangre fría.
Una vez que vuelvan a sus trabajos esperamos que los estudiantes
investiguen bien las zonas en las que van a actuar, que se aseguren
de consultar con la población local sobre los posibles peligros
y sobre todo que si la situación es demasiado arriesgada no merece
la pena jugarse la vida, dice Rees.
Son consejos valiosos, sobre todo para informadores que trabajan en
América Latina, donde en lo que va del año al menos 15
periodistas han perdido la vida.
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Quién
imparte
los cursos
La
compañía que imparte los cursos de defensa se llama
Centurion Risk Assessment Services Ltd., de Gran Bretaña.
Esta es su dirección:
PO Box 1740, Andover, Hants, SP11 7PE, United Kingdom.
www.centurion-riskservices.co.uk
Tel. (+44) (0) 07000 221221.
Fax (+44) 01264 355322.
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