11 de noviembre de 2001

En un curso que dura una semana, periodistas de varios países reciben adiestramiento de preparación para cuando tengan que enfrentarse a situaciones de peligro.


Escríbanos

La campiña de Virginia, Estados Unidos, resplandece vestida de los colores de octubre. Es otoño en las montañas del Shenandoah, pero el verano se resiste a perderse el paisaje.
Ahí un grupo de 20 periodistas de varias partes del mundo, meciéndose en sus asientos de autobús, no han llegado a Virginia a contemplar el paisaje ni a disfrutar del clima, sino a prepararse para lo peor, y poco sospechan que la primera prueba está a la vuelta de la esquina.
Nadie se ha dado cuenta de que a distancia les sigue una camioneta negra, cuyo conductor pasa por radio a sus cómplices todos los movimientos del autobús.
“Baja por la ladera y se aproxima al puente”, dice en su cargado acento del sur de Inglaterra.
Los periodistas, cinco de ellos procedentes de América Latina, sin sospechar lo más mínimo, charlan sobre sus largos viajes hasta llegar a este apartado rincón rural, a unos 160 kilómetros al este de Washington.
“Está ya en el puente. ¡Todos alerta!” Las pistolas están cargadas y la adrenalina se dispara “A 20 metros de la entrada”.
De pronto, una enorme explosión a la izquierda del camino detiene el vehículo y todos giran la cabeza hacia esa dirección. En un instante, varios enmascarados corren hacia el autobús disparando al aire, entran lanzando insultos, ordenan a todos echarse sobre los asientos y en breves segundos, los periodistas se encuentran con pistolas en las sienes y las cabezas cubiertas con capuchas.
El ensordecedor estruendo de los disparos y los gritos dan paso a un silencio sepulcral, sólo interrumpido por los chasquidos de los dedos de los secuestradores al pasarse mensajes unos a otros.
El autobús parte de nuevo. La camioneta negra les sigue.
Al poco de detenerse el autobús, los secuestrados son bajados uno a uno y colocados en fila india. La fila, comandada a empujones por los secuestradores, comienza a moverse torpemente.
Se les obliga a tumbarse boca abajo y se les despoja de sus pertenencias.
Los minutos se arrastran en el reloj del miedo. Han pasado 30 desde el secuestro. El fin del calvario ya está cerca.
Y ocurre súbitamente. Uno de los “secuestradores” va retirando las capuchas una a una, diciendo a los “secuestrados” que ya se acabó. Sólo se trataba de un ejercicio.

 

¡Bienvenidos!

Bienvenidos al Curso de Ambientes Hostiles de “Centurión Risk Assessment Services”, la compañía británica líder mundial de este tipo de capacitación para profesionales que trabajan en situaciones de peligro, especialmente periodistas.
Desde que Centurion inició sus cursos en las afueras de Londres hace más de seis años, unos 7.500 periodistas han realizado el entrenamiento, 250 de ellos procedentes de América Latina.
“Realizamos seis cursos al mes en el Reino Unido y dos menssuales en Estados Unidos”, dice Paul Rees, director y fundador de Centurion, quien agrega que después de los ataques del 11 de septiembre, la demanda ha aumentado, especialmente por cursos de defensa contra armas químicas y biológicas.
Hace un año que la compañía comenzó sus entrenamientos en las Américas en una finca a orillas del río Shenandoah. Ahí han acudido periodistas de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, El Salvador, México, Perú y Venezuela, además de Estados Unidos y Canadá.

Perder el control

Ya en el aula, el propósito del “secuestro”, dice Mick Down, veterano del Real Cuerpo de Marines Británico, al igual que el resto de los instructores, es experimentar el impacto de ser secuestrado, de perder el control sobre el destino y de aprender a controlar las emociones.
El curso también permite a los periodistas familiarizarse con las armas ligeras que se encuentran en un campo de batalla, desde granadas y pistolas hasta morteros, pasando por fusiles de asalto, como AK-47 y M-16, y ametralladoras como la M-60. Los instructores explican cómo funcionan, los daños que pueden causar en el cuerpo y cómo protegerse de ellas.
A continuación, el grupo pone en práctica sus conocimientos sometiéndose a una serie de “emboscadas”. A medida que van avanzando por un sendero son blanco de fuego simulado de distintas armas, del cual deben protegerse y saber identificar.

 

Primeros auxilios

El énfasis del curso se hace en los primeros auxilios, que ocupan alrededor del 50% del currículo. El propósito es el de convertirlos en enfermeros de emergencia capaces de salvar la vida a un compañero.
Los estudiantes aprenden que casi el 40% de las personas que mueren camino del hospital puede salvarse si reciben primeros auxilios básicos.
Esos conocimientos han de ponerse en práctica. Las víctimas son los propios instructores, quienes escenifican situaciones de enorme realismo, que ponen a prueba no sólo la preparación de los periodistas sino también su sangre fría.
“Una vez que vuelvan a sus trabajos esperamos que los estudiantes investiguen bien las zonas en las que van a actuar, que se aseguren de consultar con la población local sobre los posibles peligros y sobre todo que si la situación es demasiado arriesgada no merece la pena jugarse la vida”, dice Rees.
Son consejos valiosos, sobre todo para informadores que trabajan en América Latina, donde en lo que va del año al menos 15 periodistas han perdido la vida.

Quién imparte
los cursos

La compañía que imparte los cursos de defensa se llama “Centurion Risk Assessment Services Ltd.”, de Gran Bretaña.
Esta es su dirección:
PO Box 1740, Andover, Hants, SP11 7PE, United Kingdom.
www.centurion-riskservices.co.uk
Tel. (+44) (0) 07000 221221.
Fax (+44) 01264 355322.

 

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