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En El Salvador, el arma de caballería
nació oficialmente en 1859 con los escuadrones Dragones
de Morazán y Ahuachapán. Ciento cuarenta
y dos años después, y en estos tiempos de paz interna,
los militares consideran que el Regimiento todavía tiene razones
para existir.
Orsy Campos
Fotos: Lizette Moreno
En los recintos del Regimiento de Caballería se vive un ambiente
que combina lo añejo con lo moderno y lo pintoresco con la realidad.
Por un lado hay caballos de sangre, con una apariencia llamativa, altos
y fuertes, montados por diestros jinetes que se ven gallardos con sus
polainas de negro brillante, quienes reflejan una antigua tradición
guerrerista.
Mientras que en otra parte están los hábiles artilleros
que manejan con mucha pericia los vehículos blindados y artillados,
a los que llaman la caballería mecanizada, como parte
del concepto actualizado de lo que es la función de una unidad
de caballería.
Podría pensarse ¿para qué tener un regimiento de
caballería en pleno siglo XXI? No obstante, cualquier país
que tenga esta unidad militar, como El Salvador, en realidad lo que
resguarda y utiliza son vehículos blindados y artillados con
cañones y ametralladoras pesadas; los caballos que se mantengan
ya es por pura tradición.
Porque en esta nueva era los vehículos con armas constituyen
excelentes recursos de combate, siendo la movilidad, la capacidad de
maniobra y el gran poder de fuego sus principales características.La
mayor conveniencia es que puede emplearse en una amplia variedad de
escenarios y terrenos, cumpliendo diversas misiones en los niveles operativos
y tácticos, para lo cual recurre a su potencia de fuego, celeridad,
poder de choque y aplastamiento.
En el plano de la estrategia militar, las unidades de caballería
dejaron de tener sentido desde la Segunda Guerra Mundial, cuando los
tanques alemanas invadieron y aniquilaron a la caballería polaca.Hoy
en día, mantener una caballeriza de más de 60 caballos,
como lo hace el Regimiento, es por dos razones: romanticismo por una
época de antaño y porque en la actualidad forman parte
de la Federación Ecuestre Salvadoreña, con la que representa
a El Salvador en torneos y competencias a nivel nacional e internacional.
Para sostener cada uno de estos animales, el Regimiento tiene un gasto
aproximado entre 75 a 100 colones diarios, a veces más y a veces
menos, todo dependerá de cuánto se enferman, asegura el
mayor de caballería José Edgardo Rivas Sosa, jefe del
departamento de asuntos civiles del Regimiento de Caballería.

Más
allá de la guerra
La caballería de sangre salvadoreña
tuvo su apogeo y sus hazañas militares que ya quedaron en el
recuerdo, y entre las últimas batallas en la que participaron
con caballos de sangre fue en junio de 1890, en el combate de Tierra
Blanca (Guatemala).
En esa oportunidad, los salvadoreños dirigidos por los coroneles
Leoninas Plaza Gutiérrez y Francisco Guzmán fueron obligados
por la tropa guatemalteca a abandonar sus líneas de ataque, mientras
que el general Máximo Cerna les protegía la retirada.
Pero la balanza se inclinó a favor
de los salvadoreños, cuando llegó el general Roberto Delgado
con fuerzas de caballería e infantería, quienes atacaron
con tanto furor a las tropas chapinas que las hicieron retroceder hasta
sus líneas en Tierra Blanca, menciona una recopilación
histórica del Regimiento.Setenta
y nueve años después, en 1969, en la guerra de las
100 horas, El Salvador utiliza de nuevo al Regimiento de Caballería,
pero en esta ocasión en vez de caballos usó tanques ligeros
M3 Stuart, de fabricación estadounidense, con los
que atacaron las posiciones hondureñas, específicamente
en Nueva Ocotepeque.Durante los 12 años de conflicto armado interno,
Caballería participó con carros blindados y artillados,
brindando apoyo a otras unidades de la Fuerza Armada en tareas de protección
de convoyes o para mantener las carreteras libres de obstáculos,
entre otras actividades castrenses.
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En la actualidad, el Regimiento de Caballería
es una de las guarniciones a la que acude la población que no
tiene trabajo, principalmente personas de los estratos más pobres,
como el sector campesino, quienes ven en este cuartel una forma para
obtener una paga (salario mínimo) en forma honrada, además
de que el ejército es el forjador de mano de obra, de disciplina
y de educación ciudadana con miras a resolver los problemas del
país, asegura el mayor Rivas.
Cada seis meses se presentan como reclutas
más de 200 aspirantes, de los cuales sólo son seleccionados
entre 60 a 90 hombres, dependiendo cuántos salen de baja después
de cumplir el tiempo de servicio voluntario.
Mientras reciben la disciplina y los conocimientos militares, cada promoción
que causa baja es preparada para que se incorpore a la vida productiva
civil, mediante cursos vocacionales que los capacita en albañilería,
sastrería, panadería, mecánica automotriz, carpintería
o computación, cursos que tienen el apoyo y el aval del Instituto
Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP).
Ahora las funciones del Regimiento se han reorientado, enfocándolo
a la seguridad pública, con el apoyo que ofrece a la Policía
Nacional Civil mediante los planes Guardian y Grano
de oro, que busca proteger las cortas y el transporte del café,
así como la actual vigilancia en las aduanas y la seguridad que
brindan a los camiones comerciales contra las bandas delincuenciales.
Esto demuestra que el trabajo del Regimiento de Caballería aún
continúa, y su aplicada organización militar estuvo a
prueba durante los pasados terremotos, donde mostraron rapidez y eficiencia
para servir a la población, a pesar de que los tambores de guerra
están guardados desde la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.
Caballería
nacional
Por decreto del gobierno bajo las órdenes del capitán
general Gerardo Barrios, el 13 de junio de 1859 se organiza
el Ejército de la República, dividido en tres
divisiones: de Vanguardia, del Centro y de Reserva. Es dentro
de esa organización que caballería aparece como
arma especializada del ejército salvadoreño.
Caballería se organizó en dos unidades: el escuadrón
primero del ejército Dragones de Morazán
con 111 hombres; y el escuadrón Ahuachapán
con 155 hombres.
Durante los años de 1860-1900, la caballería no
figuró dentro del ejército como un cuerpo militar
independiente, sino que tenía secciones en cada una de
las guarniciones del país.
Algunas campañas militares en las que ha participado
desde el decreto de formación del ejército salvadoreño:
defensa de Coatepeque, (del 10 al 24 de febrero de 1863); la
revolución contra el presidente Francisco Dueñas
(marzo de 1871), combate de Tierra Blanca (junio 1890).
En 1969 Caballería participa en la guerra de las 100
horas, con cinco tanques ligeros M3 Stuar, dotados
con un cañón de 37 milímetros, una pistola
ametralladora calibre 45 y una ametralladora calibre 30.
Desde la guerra contra Honduras, Caballería ha modificado
vehículos, entre ellos tractores, para convertirlos en
armas de guerra, completamente blindados y artillados.
Por razones de seguridad nacional, el Regimiento no proporcionó
datos sobre la cantidad de vehículos que forman parte
de la caballería mecanizada ni la cantidad
de tropa con la que cuenta.
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La
razón de existir
En la actualidad,
algunos sectores de la sociedad cuestionan la existencia del ejército
salvadoreño, ya que consideran que es una institución
que en tiempos de paz no tiene razón de ser, y que el presupuesto
utilizado para mantener la estructura militar sería reorientado
hacia salud y educación.
No obstante, el comandante del Regimiento de Caballería,
coronel René Guillermo Contreras Barrera, asegura que el
ejército es una institución que está pendiente
en cualquier momento para contrarrestar cualquier emergencia,
ya sea una catástrofe natural, problemas limítrofes
o regionales.
El mayor José Edgardo Rivas compara el trabajo de la Policía
Nacional Civil, cuyos miembros exigen sus ocho horas laborales,
mientras que el ejército está a disposición
las 24 horas del día y los 365 días del año,
menciona.
Un buen ejemplo fue después de los pasados terremotos.
A nivel civil había un caos, y el Regimiento colaboró
en organizar, trabajar y mantener el orden con prontitud entre
la población... Somos la única institución
que puede velar por la seguridad completa de la población...
El inconveniente es que nuestros resultados son intangibles, que
sólo se ven cuando el país entra en una crisis,
menciona el coronel Contreras.
En todo caso, el futuro del Regimiento de Caballería y
de la misma Fuerza Armada está en manos de la sociedad
salvadoreña, quienes debe sopesar qué es lo que
más le conviene.
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Caballos
de guerrra
La primera caballeríla
que se conoce consistía en carros tirados por caballos,
en lo que parece ser un antecedente del soldado montado. Las ruedas
de algunos carros de guerra iban equipadas con hojas de guadaña
para abrir huecos en las filas enemigas.
Aunque asirios, babilonios y otros pueblos utilizaron unidades
de caballería, la primera caballería regular, constituida
por tropas adiestradas a caballo, quizá fue la creada por
el faraón egipcio Ramsés II (1301 -1312 antes de
Cristo).
En Macedonia, donde los caballos abundaban, el jefe militar Filipo
II de Macedonia y su hijo, Alejandro Magno, mediante la suma de
alas de caballería a la formación de infantería
pesada conocida como falange, volvió a darle vida a esta
arma en los campos de batalla.
Más tarde, l os cartagineses, los romanos y los godos utilizaron
similares alas de caballería con un efecto devastador.
Durante la Edad Media, la guerra estuvo dominada por caballeros
montados que llevaban armadura metálica y manejaban la
lanza de punta metálica y la espada de doble filo.
El gran genio militar de la caballería es el guerrero mongol
Gengis Kan, cuyas tropas conquistaron extensos territorios de
Asia y Rusia durante el siglo XIII.
Con la aparición de la pólvora en el siglo XIV y
de los proyectiles capaces de atravesar la armadura, la organización
y la estrategia de la caballería sufrieron una profunda
modificación, que significó el fin de la era de
choques desorganizados entre caballeros de armamento pesado.
La mayoría de inventores coincide en que el gran pintor
del Renacimiento, el italiano Leonardo da Vinci, en 1482, inventó
la figura de lo que sería el carro blindado; asimismo inventó
las tácticas a usar por estos vehículos.
En 1756, el conde Richelieu recibió de Voltaire el plan
de un vehículo tirado por caballos para ser usado en la
guerra contra los prusianos. Dicho esfuerzo creativo continuó
a través de los siglos.
Desde tiempos de Napoleón, la misión de la caballería
era mantener el contacto con el enemigo; esta no peleaba o se
comprometía completamente durante la batalla, sino que
perseguía, desorganizaba o destruía al enemigo para
asegurar la victoria; pero con el aparecimiento del rifle, el
hombre a caballo con sable se convirtió en algo del pasado
y empezó a ceder lugar a las nuevas armas y doctrinas del
siglo XX.
La aparición del rifle de repetición en la segunda
mitad del siglo XIX constituyó el golpe más importante
contra la importancia de la caballería. La carga de la
caballería se convirtió en una presa fácil
para la infantería provista con armas automáticas.
Al sustituirse al caballo por vehículos de combate se desarrolló
una nueva doctrina para cumplir misiones independientes. La caballería
comenzó a expandir su tradicional rol, visualizó
en su organización el uso de todos aquellos elementos de
apoyo que lo hicieran
grar
mayor independencia y poder operar como equipo de armas combinadas
que se mantienen hasta el presente y han dado claros ejemplos
de esta nueva doctrina y sus éxitos alcanzados desde la
Segunda Guerra Mundial.
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