11 de noviembre de 2001

En El Salvador, el arma de caballería nació oficialmente en 1859 con los escuadrones “Dragones de Morazán” y “Ahuachapán”. Ciento cuarenta y dos años después, y en estos tiempos de paz interna, los militares consideran que el Regimiento todavía tiene razones para existir.


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En El Salvador, el arma de caballería nació oficialmente en 1859 con los escuadrones “Dragones de Morazán” y “Ahuachapán”. Ciento cuarenta y dos años después, y en estos tiempos de paz interna, los militares consideran que el Regimiento todavía tiene razones para existir.
Orsy Campos
Fotos: Lizette Moreno
En los recintos del Regimiento de Caballería se vive un ambiente que combina lo añejo con lo moderno y lo pintoresco con la realidad.
Por un lado hay caballos de sangre, con una apariencia llamativa, altos y fuertes, montados por diestros jinetes que se ven gallardos con sus polainas de negro brillante, quienes reflejan una antigua tradición guerrerista.
Mientras que en otra parte están los hábiles artilleros que manejan con mucha pericia los vehículos blindados y artillados, a los que llaman la “caballería mecanizada”, como parte del concepto actualizado de lo que es la función de una unidad de caballería.
Podría pensarse ¿para qué tener un regimiento de caballería en pleno siglo XXI? No obstante, cualquier país que tenga esta unidad militar, como El Salvador, en realidad lo que resguarda y utiliza son vehículos blindados y artillados con cañones y ametralladoras pesadas; los caballos que se mantengan ya es por pura tradición.
Porque en esta nueva era los vehículos con armas constituyen excelentes recursos de combate, siendo la movilidad, la capacidad de maniobra y el gran poder de fuego sus principales características.
La mayor conveniencia es que puede emplearse en una amplia variedad de escenarios y terrenos, cumpliendo diversas misiones en los niveles operativos y tácticos, para lo cual recurre a su potencia de fuego, celeridad, poder de choque y aplastamiento.
En el plano de la estrategia militar, las unidades de caballería dejaron de tener sentido desde la Segunda Guerra Mundial, cuando los tanques alemanas invadieron y aniquilaron a la caballería polaca.Hoy en día, mantener una caballeriza de más de 60 caballos, como lo hace el Regimiento, es por dos razones: romanticismo por una época de antaño y porque en la actualidad forman parte de la Federación Ecuestre Salvadoreña, con la que representa a El Salvador en torneos y competencias a nivel nacional e internacional.
Para sostener cada uno de estos animales, el Regimiento tiene un gasto aproximado entre 75 a 100 colones diarios, a veces más y a veces menos, todo dependerá de cuánto se enferman, asegura el mayor de caballería José Edgardo Rivas Sosa, jefe del departamento de asuntos civiles del Regimiento de Caballería.

Más allá de la guerra

La caballería de sangre salvadoreña tuvo su apogeo y sus hazañas militares que ya quedaron en el recuerdo, y entre las últimas batallas en la que participaron con caballos de sangre fue en junio de 1890, en el combate de Tierra Blanca (Guatemala).
En esa oportunidad, los salvadoreños dirigidos por los coroneles Leoninas Plaza Gutiérrez y Francisco Guzmán fueron obligados por la tropa guatemalteca a abandonar sus líneas de ataque, mientras que el general Máximo Cerna les protegía la retirada.

Pero la balanza se inclinó a favor de los salvadoreños, cuando llegó el general Roberto Delgado con fuerzas de caballería e infantería, quienes atacaron con tanto furor a las tropas chapinas que las hicieron retroceder hasta sus líneas en Tierra Blanca, menciona una recopilación histórica del Regimiento.Setenta y nueve años después, en 1969, en la “guerra de las 100 horas”, El Salvador utiliza de nuevo al Regimiento de Caballería, pero en esta ocasión en vez de caballos usó tanques ligeros “M3 Stuart”, de fabricación estadounidense, con los que atacaron las posiciones hondureñas, específicamente en Nueva Ocotepeque.Durante los 12 años de conflicto armado interno, Caballería participó con carros blindados y artillados, brindando apoyo a otras unidades de la Fuerza Armada en tareas de protección de convoyes o para mantener las carreteras libres de obstáculos, entre otras actividades castrenses.

 

En la actualidad, el Regimiento de Caballería es una de las guarniciones a la que acude la población que no tiene trabajo, principalmente personas de los estratos más pobres, como el sector campesino, quienes ven en este cuartel una forma para obtener una paga (salario mínimo) en forma honrada, además de que “el ejército es el forjador de mano de obra, de disciplina y de educación ciudadana con miras a resolver los problemas del país”, asegura el mayor Rivas.

Cada seis meses se presentan como reclutas más de 200 aspirantes, de los cuales sólo son seleccionados entre 60 a 90 hombres, dependiendo cuántos salen de baja después de cumplir el tiempo de servicio voluntario.
Mientras reciben la disciplina y los conocimientos militares, cada promoción que causa baja es preparada para que se incorpore a la vida productiva civil, mediante cursos vocacionales que los capacita en albañilería, sastrería, panadería, mecánica automotriz, carpintería o computación, cursos que tienen el apoyo y el aval del Instituto Salvadoreño de Formación Profesional (INSAFORP).
Ahora las funciones del Regimiento se han reorientado, enfocándolo a la seguridad pública, con el apoyo que ofrece a la Policía Nacional Civil mediante los planes “Guardian” y “Grano de oro”, que busca proteger las cortas y el transporte del café, así como la actual vigilancia en las aduanas y la seguridad que brindan a los camiones comerciales contra las bandas delincuenciales.
Esto demuestra que el trabajo del Regimiento de Caballería aún continúa, y su aplicada organización militar estuvo a prueba durante los pasados terremotos, donde mostraron rapidez y eficiencia para servir a la población, a pesar de que los tambores de guerra están guardados desde la firma de los Acuerdos de Paz en 1992.

Caballería nacional

Por decreto del gobierno bajo las órdenes del capitán general Gerardo Barrios, el 13 de junio de 1859 se organiza el Ejército de la República, dividido en tres divisiones: de Vanguardia, del Centro y de Reserva. Es dentro de esa organización que caballería aparece como arma especializada del ejército salvadoreño.

Caballería se organizó en dos unidades: el escuadrón primero del ejército “Dragones de Morazán” con 111 hombres; y el escuadrón “Ahuachapán” con 155 hombres.

Durante los años de 1860-1900, la caballería no figuró dentro del ejército como un cuerpo militar independiente, sino que tenía secciones en cada una de las guarniciones del país.

Algunas campañas militares en las que ha participado desde el decreto de formación del ejército salvadoreño: defensa de Coatepeque, (del 10 al 24 de febrero de 1863); la revolución contra el presidente Francisco Dueñas (marzo de 1871), combate de Tierra Blanca (junio 1890).

En 1969 Caballería participa en la guerra de las 100 horas, con cinco tanques ligeros “M3 Stuar”, dotados con un cañón de 37 milímetros, una pistola ametralladora calibre 45 y una ametralladora calibre 30.

Desde la guerra contra Honduras, Caballería ha modificado vehículos, entre ellos tractores, para convertirlos en armas de guerra, completamente blindados y artillados.

Por razones de seguridad nacional, el Regimiento no proporcionó datos sobre la cantidad de vehículos que forman parte de la “caballería mecanizada” ni la cantidad de tropa con la que cuenta.

La razón de existir

En la actualidad, algunos sectores de la sociedad cuestionan la existencia del ejército salvadoreño, ya que consideran que es una institución que en tiempos de paz no tiene razón de ser, y que el presupuesto utilizado para mantener la estructura militar sería reorientado hacia salud y educación.
No obstante, el comandante del Regimiento de Caballería, coronel René Guillermo Contreras Barrera, asegura que el ejército es una institución que está pendiente en cualquier momento para contrarrestar cualquier emergencia, ya sea una catástrofe natural, problemas limítrofes o regionales.
El mayor José Edgardo Rivas compara el trabajo de la Policía Nacional Civil, cuyos miembros exigen sus ocho horas laborales, mientras que el ejército está a disposición las 24 horas del día y los 365 días del año, menciona.
“Un buen ejemplo fue después de los pasados terremotos. A nivel civil había un caos, y el Regimiento colaboró en organizar, trabajar y mantener el orden con prontitud entre la población... Somos la única institución que puede velar por la seguridad completa de la población... El inconveniente es que nuestros resultados son intangibles, que sólo se ven cuando el país entra en una crisis”, menciona el coronel Contreras.
En todo caso, el futuro del Regimiento de Caballería y de la misma Fuerza Armada está en manos de la sociedad salvadoreña, quienes debe sopesar qué es lo que más le conviene.

 

Caballos de guerrra

La primera caballeríla que se conoce consistía en carros tirados por caballos, en lo que parece ser un antecedente del soldado montado. Las ruedas de algunos carros de guerra iban equipadas con hojas de guadaña para abrir huecos en las filas enemigas.

Aunque asirios, babilonios y otros pueblos utilizaron unidades de caballería, la primera caballería regular, constituida por tropas adiestradas a caballo, quizá fue la creada por el faraón egipcio Ramsés II (1301 -1312 antes de Cristo).

En Macedonia, donde los caballos abundaban, el jefe militar Filipo II de Macedonia y su hijo, Alejandro Magno, mediante la suma de alas de caballería a la formación de infantería pesada conocida como falange, volvió a darle vida a esta arma en los campos de batalla.

Más tarde, l os cartagineses, los romanos y los godos utilizaron similares alas de caballería con un efecto devastador.

Durante la Edad Media, la guerra estuvo dominada por caballeros montados que llevaban armadura metálica y manejaban la lanza de punta metálica y la espada de doble filo.

El gran genio militar de la caballería es el guerrero mongol Gengis Kan, cuyas tropas conquistaron extensos territorios de Asia y Rusia durante el siglo XIII.

Con la aparición de la pólvora en el siglo XIV y de los proyectiles capaces de atravesar la armadura, la organización y la estrategia de la caballería sufrieron una profunda modificación, que significó el fin de la era de choques desorganizados entre caballeros de armamento pesado.

La mayoría de inventores coincide en que el gran pintor del Renacimiento, el italiano Leonardo da Vinci, en 1482, inventó la figura de lo que sería el carro blindado; asimismo inventó las tácticas a usar por estos vehículos.

En 1756, el conde Richelieu recibió de Voltaire el plan de un vehículo tirado por caballos para ser usado en la guerra contra los prusianos. Dicho esfuerzo creativo continuó a través de los siglos.

Desde tiempos de Napoleón, la misión de la caballería era mantener el contacto con el enemigo; esta no peleaba o se comprometía completamente durante la batalla, sino que perseguía, desorganizaba o destruía al enemigo para asegurar la victoria; pero con el aparecimiento del rifle, el hombre a caballo con sable se convirtió en algo del pasado y empezó a ceder lugar a las nuevas armas y doctrinas del siglo XX.

La aparición del rifle de repetición en la segunda mitad del siglo XIX constituyó el golpe más importante contra la importancia de la caballería. La carga de la caballería se convirtió en una presa fácil para la infantería provista con armas automáticas.

Al sustituirse al caballo por vehículos de combate se desarrolló una nueva doctrina para cumplir misiones independientes. La caballería comenzó a expandir su tradicional rol, visualizó en su organización el uso de todos aquellos elementos de apoyo que lo hicieran
grar mayor independencia y poder operar como equipo de armas combinadas que se mantienen hasta el presente y han dado claros ejemplos de esta nueva doctrina y sus éxitos alcanzados desde la Segunda Guerra Mundial.

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