11 de marzo de 2001

Renán Almendárez Coello, mejor conocido como “El Cucuy” en los barrios latinos de Los Ángeles, California, es un hombre polifacético. Su estilo franco para hablar, su voz alegre y sus dichos campechanos son capaces de disipar la tristeza de sus radioescuchas; pero sobre todo usa su micrófono para motivar al público a que ayude a los más necesitados.


Escríbanos

sA sus 28 años decidió dejar su tierra de Olancho, la misma de Francisco Morazán en Honduras, para ir tras el “sueño norteamericano”.
Mochila al hombro, con solo un par de cambios de ropa y cargado de muchas ilusiones por triunfar y afrontar la adversidad —al igual que otros inmigrantes— emprendió camino, que recorrería solo.
Si bien no pasó persecución de la “migra” al intentar cruzar la frontera, ya que viajó con visa en mano, su historia ha sido escrita con sacrificio y esfuerzo, pues aunque atravesó situaciones difíciles, como dormir en el frío suelo de cocheras y ganar menos de 30 dólares al mes, éstas no minaron su espíritu de servicio. Dichas cualidades salen a la luz al tomar el micrófono y solicitar la ayuda de la comunidad hispana.
Pese a todo, Renán, o mejor dicho “el Cucuy de la mañana”, no es un hombre que se deja vencer, pues según él, la sangre del valiente Morazán lo ha guiado por casi 20 años durante los cuales ha conquistado el corazón de sus oyentes al trascender barreras de gusto y por qué no decirlo, también fronteras.
“La vida del inmigrante es dura. Con el tiempo el panorama cambia y con un poco de suerte se encuentra trabajo, al menos para sobrevivir los primeros meses. Después, hay que hincharnos de valor y hacerle frente, porque no podemos volver derrotados a nuestra patria”, señala en tono certero.
Esta siempre fue su bandera, y su experiencia empírica en una radio local de su pueblo le permitió incursionar en el campo de la enseñanza radial al ser contratado para dar clases de locución. Su salario era de $30, que resultaron insuficientes para subsistir en Los Ángeles. “Bueno, no todo es color de rosa, y sigamos adelante sin olvidar que algún día la suerte estará de nuestro lado”, asegura.
Y así sucedió. En cierta oportunidad un amigo lo llevó a una estación, le practicaron algunas pruebas y finalmente lo contrataron. Leía noticias, ponía música, transmitía en vivo; era el “hacelotodo”, pero estaba en su mundo: la radio.
“La locución es una carrera por vocación, más que por alimentación; sin embargo, la disfruto porque desde 1969 he trabajado en los micrófonos”, afirma “el Cucuy”, la voz de los latinos.
Poco a poco, los radioescuchas identificaron a una nueva figura, que tuvo y tiene mucha aceptación.

 

El talento de Renán es reconocido por las grandes radios, que en su momento se lo disputaban para que formara parte de su equipo de locutores.

No hay que desistir

Este personaje angelino surgió hace 12 años en una estación pequeña de Fresno, California. El dueño le dijo que el programa debería ser divertido, una petición fácil para el polifacético Renán, aficionado a los chistes y a la sátira, dada la experiencia adquirida en el “Correo de la risa” que tenía en su natal Honduras.
En ese lugar existían 17 estaciones y en las primeras tres semanas ocupó el primer lugar; lastimosamente sólo duró seis meses.
En ese ir y venir arriba a Oregon, la cuna del “Cucuy”, nombre que adopta por casualidad al dirigirse a su público. Desde entonces, “el Cucuy de la mañana” se tomó la atención de los oyentes para llevar alegría a la población latinoamericana.
La aceptación rompió los niveles de audiencia y su popularidad se expandió como pólvora. Posteriormente pasa por Radio Alegría en Los Ángeles y por seis años repartió su carisma en todo el sur de California. En 1997, una nueva oportunidad toca a su puerta y “La Nueva 101.9” es su nuevo hogar.
Ahí “el Cucuy” adquiere fama y le resultaba increíble ver cómo la gente lo aceptó en tan corto tiempo. “En realidad la mano de Dios me acogió en este país. Yo decía: ¡Dios, es un sueño!, y en un mes llegamos al tercer lugar y después a ser el número uno”.
No cabe duda que la gracia del Todopoderoso estaba sobre este hombre y hermano centroamericano, que con humildad agradece a Dios por ser quien es hasta la fecha. Su sencillez no le permite jactarse y ver de menos a aquellos que necesitan de una mano amiga.
Por ello, durante las seis horas que dura su programa (de 5:00 a 11:00 a.m.), el teléfono no para de timbrar en busca de un consejo.

Ayuda de la “Tropa Loca”

Identificado con el dolor de los salvadoreños afectados por los terremotos, Renán llegó a nuestro país acompañado de Francia (la menor de sus tres hijas); de “la tropa loca”, encabezada por Juan José, Manuel, Indiana Jones y Mayra Berenice —sus colaboradores de cada mañana— y una comitiva encargada de verificar la entrega de los fondos.
Si bien no es la primera vez que viene al país, sino la tercera, trajo en esta oportunidad $300 mil (casi dos y medio millones de colones) para los damnificados del terremoto de enero, fruto de una radiomaratón que duró ocho horas, y otra cantidad similar para la segunda desgracia y de esta manera paliar la necesidad de vivienda en las zonas afectadas.
“El Salvador es un país sufrido. Primero la guerra, después el ‘Mitch’, el dengue y ahora dos terremotos en un mes. Y nosotros, siendo hermanos, no podíamos quedarnos de brazos cruzados y si a través de mi voz puedo ayudar, pues no importa hablar más de 20 horas si los frutos se hacen realidad”, sostiene convencido de su compromiso moral con la gente que lo necesita.

 

Esa sensibilidad lo hace una persona especial, ya que según sus palabras, en cada niño pobre, descalzo y sin juguetes se refleja él.
Su infancia no fue muy afortunada. Como muchos niños centroamericanos sufrió carencias; a veces no tenía zapatos y sus únicos juguetes eran unas cuantas corcholatas. Por eso, si en sus manos está ayudar, no duda en hacerlo porque ese pequeño al que abraza podría ser el próximo presidente de una nación.
“Al estrechar a una niña damnificada de un cantón de Jayaque, departamento de La Libertad, sentí el abrazo de Dios y todo mi ser se estremeció”, dice con voz entrecortada y sin poder emitir más palabras.
Para Renán, “el Cucuy” de los angelinos, la sensibilidad es un tesoro que yace en el interior del hombre y debe ser puesta en práctica. En El Salvador hay muchos que nos necesitan y es tiempo de ser buenos samaritanos. El ejemplo de este talento de la radio es una lección para dar sin esperar nada a cambio.
“El Cucuy” se debe a su gente; sin ellos no podría ayudar. Mil gracias.

“El Salvador es un país sufrido... Nosotros, siendo hermanos, no podíamos quedarnos de brazos cruzados, y si a través de mi voz puedo ayudar, pues no importa hablar más de 20 horas si los frutos se hacen realidad”. (El Cucuy).

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