11 de marzo de 2001

Esta obra va más allá de la crítica social; trasciende en los confines más escondidos del ser humano con sus conflictos internos, frustraciones y ansiedades reflejadas a lo largo de toda la historia en la vida de Ramón Dudiño, el personaje central.


Escríbanos

La intriga, los miedos y el desacierto en la vida Dudiño se vuelven una lectura atractiva en palabras del escritor uruguayo Mario Benedetti, que como siempre tiene la capacidad de encantar con su lectura involucrando al lector en sus relatos.
Una narrativa en 15 actos que expresa los conflictos de la sociedad uruguaya en los años 70, relatada por medio de la cotidianeidad en la que vive Ramón Dudiño, cuyos desaciertos muestran la frustración en general de todos los personajes involucrados en la trama.

Un asesinato

“Gracias por el fuego” fue censurada en varias oportunidades dada la crítica social que contiene, en medio de la cual trasciende “la frustración de un asesinato y una frustración personal que es a la vez el reflejo de la frustración general en que se mueve un país”.
Mario Benedetti logró de principio a fin hacer de “Gracias por el fuego” una historia en primera persona, donde Ramón Dudiño relata palmo a palmo lo que ve, siente o piensa, hechos que lo mueven en medio de una sociedad mezquina, convulsionada y decadente.

Mario Benedetti

Nació en Uruguay en 1920.
Uno de los escritores más queridos por su narrativa crítica, así como por los ensayos que muestran la situación política en los países latinoamericanos.

 

Incansable luchador en favor de los derechos humanos ha explorado diferentes estilos, entre estos la novela y la poesía, como “Táctica y estrategia” y “Viceversa”.
En 1999 fue galardonado con el VIII Premio de Poesía Iberoamericana.

Obra: Gracias por el fuego.
Autor: Mario Benedetti.
Género: 261.
Editora: Biblioteca Benedetti. Alianza Editorial.

 
LACORDILLERA
YERAL

La tierra que me vio nacer
fue la tierra que sepultó la esperanza,
la que me dio frescura,
la que me vio llorar, reír y crecer,
testigo de mi lamento,
testigo de mi amargura
se cubrió de luto por la codicia humana,
cubrió mi vida llena de acertijos
y un día con su suave brisa
destruyó mi casa y sepultó a mis hijos.

El perdón es lo que quiere escuchar
porque fue herida de muerte;
con ella también hay que llorar
a todos los que siguieron su suerte.
Una mirada a la cordillera herida,
una voz silenciosa que muere de dolor,
un suspiro a la naturaleza perdida,
a la que nadie le brindó su amor.

La tierra de Las Colinas hoy llora,
su gente hoy vive sobre escombros,
no se olvidará ni del día ni de la hora
y se levantará con la cordillera sobre sus hombros.

No se puede reír
porque el mundo llora;
no se puede gozar
cuando todos sufren,
pero en medio del vivir
también se ríe cuando se llora.

arriba
Click Click Click Click
Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com