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En Guadalupe, San Vicente, donde el 90% de
la población sobrevive del trabajo en los cafetales, el terremoto
les ha traído algo más que casas destruidas y damnificados;
también les ha generado temor a trabajar en esas tierras, donde
tantas veces podaron los árboles de sombra, abonaron y cortaron
el grano.
Allá donde ve aquel gran derrumbe es la finca El Carmen.
Allí quedaron siete trabajadores soterrados, entre ellos cinco
parientes míos, además de dos señoras que podaban
los palos de sombra, dice doña María Victorina González,
mientras observa el volcán Chichontepec, que ahora luce en sus
faldas enormes grietas producto del sismo del 13 de febrero.
Entre los pobladores de Guadalupe se cierne ahora la desesperanza por
si sobrevivir del cafetal volverá a ser algo cotidiano y volverán
a la normalidad. Cada vez que tiembla hay derrumbes en las fincas
del volcán y cualquiera tiene miedo que le caiga encima un montón
de tierra, confiesa María Ángela Delgado, madre de
tres hijos.
Al alcalde de Guadalupe, Pablo Maldonado, le preocupa este temor. Con
esos desprendimientos en el volcán se ha ido buena parte de las
plantaciones de café y aquí la gente ha dependido casi exclusivamente
de este cultivo. Hoy no se sabe cómo quedará su situación,
dice.
Pero a la vez, el alcalde Maldonado confía en que la productividad
cafetalera en ese municipio pueda resurgir. Sin embargo, el temor de la
población de volver a trabajar en las fincas y la incertidumbre
entre algunos productores de invertir en la próxima cosecha, la
situación en Guadalupe que prácticamente está
en el suelo no ofrece un feliz panorama, al menos por el momento.
Caso
Comasagua
La situación no es distinta en otros
poblados cafetaleros del país como Comasagua, en La Libertad, uno
de los más afectados por el terremoto del 13 de enero. La panorámica
es la misma: Severas grietas y enormes deslizamientos de tierra por todos
lados.
En ese derrumbe quedó una señora con sus dos hijos...
En aquel desprendimiento que usted ve por allá quedaron enterrados
varios cortadores y sus cadáveres no los han encontrado todavía,
propagan algunos comasagüeños mientras dirigen su mirada a
su alrededor y señalan las huellas del siniestro.
En Comasagua no solo las fincas muestran sus desgracias; los beneficios
de café tampoco escaparon. El 2 de Marzo, encumbrado
en la Cordillera del Bálsamo, es un fiel ejemplo que ahora exhibe
sus hierros retorcidos, patios del secado del grano y tanques de captación
de agua partidos por la mitad, y el café en pergamino y en oro
regado por doquier.
Aquí se beneficiaban entre 25,000 y 30,000 quintales de café
por cada cosecha y daba trabajo por cada temporada a unas 45 personas
y en forma permanente a unas seis. Hoy prácticamente quedó
inservible y realmente no sé si sus dueños lo van a reconstruir,
opina Benedicto Echeverría, encargado del beneficio.
Frente al 2 de Marzo se divisa la hermosa casa que domina
el casco de la finca Belmont, pero a la vez muestra un enorme
deslizamiento de tierra de unos 400 metros de altura, uno de los seis
que se registraron en sus 146 manzanas cultivadas de café y que
alcanzan entre 200 y 500 metros de altura.
Don Abelino Escobar, administrador de la finca, dice que estos deslizamientos
suponen la pérdida de seis manzanas cultivadas, lo que implica
unos 180 quintales de café, además de unos 15 quintales
que debieron cortarse en una segunda fase de 40 manzanas y de las que
se secaron por el vapor y la flojedad del terreno que dejó
el terremoto y sus réplicas.
Para don Abelino, las pérdidas no son tan grandes para una finca
que produce anualmente entre 4,000 y 5,000 quintales de café; tampoco
dejará de emplear durante el próximo invierno a unas 80
personas y durante la cosecha a unas 400.
Sin embargo, mucha gente que residía en caseríos aledaños
a esta finca y trabajaban en ella se ha ido, porque el terremoto los dejó
en la calle y buscaron un lugar más seguro donde vivir.
En otras partes del país la situación es similar. Yo
logré contratar unas cuatro personas que con todo y miedo trabajaron
porque tenían hambre, y lo hicieron bajo riesgo, aunque implementamos
medidas de precaución por cualquier emergencia, dice la ingeniera
Inés María Ortiz, caficultora y gerente del proyecto Café
y Biodiversidad, que ejecuta la Fundación PROCAFE.

Los beneficios de café
sufrieron los embates de los terremotos, por lo que necesitan mucho dinero
para reactivarlos.
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Esta caficultora dice haber perdido 8,000
cafetos, unos 50 árboles de sombra y unos 15 quintales de café
de su finca de 46 manzanas cultivadas de café, a raíz de
los derrumbes de tierra que le obstaculizaron 1,500 kilómetros.

Los terremotos vinieron a
ser como el tiro de gracia para algunos caficultores de los
departamentos de La Libertad y San Vicente, donde la catástrofe
golpeó con más fuerza estos centros de trabajo.
Cálculo
de daños
Cuál ha sido la magnitud de los daños
a nivel de cafetales, la Fundación PROCAFE dice no saberla aún
y que espera los resultados de un censo que realizan, pero ha trascendido
que los sismos afectaron a un 70 por ciento de los municipios cafetaleros
y que las pérdidas podrían ascender a más de $30
millones, entre destrucción de beneficios, más de mil manzanas
cultivadas y 180,000 quintales del grano recolectado.
Esta destrucción supone la pérdida de unos 50,000 empleos,
lo que ha afectado a unas 25,000 familias, según la representación
en el país de la Organización Mundial para la Alimentación
y la Agricultura (FAO).
Todos estos efectos menoscaban aún más la precaria situación
en que se encontraban los cafetales en el país, que no solo han
venido en detrimento por los bajos precios internacionales y en el endeudamiento
de los productores, los fenómenos climatológicos como El
Niño y el Mitch y el endeudamiento de los productores
por más de ¢500 millones. Su existencia se ponía en
peligro.

Los terremotos han venido a ser como el tiro
de gracia para algunos caficultores, como don José Raúl
Rodríguez, para quien su Guadalupe natal y su patrimonio
del café se terminó. Tampoco está dispuesto
a invertir en sus fincas este año, pues eso implicaría desembolsar
¢3,000 cada semana para costear los trabajos de poda de árboles
de sombra, abonado y desyerbado, entre otros.
En Guadalupe, los cafetales han quedado arruinados y para colmo
de males, en los últimos años el cafe no vale... Tendrá
que ser un tema a abordar a futuro, reflexiona el alcalde Maldonado.
En Apaneca y en Juayúa, otros municipios cafetaleros, la situación
no es tan grave en cuanto a fincas dañadas; sin embargo, se han
visto afectados por la disminución de turismo, que en gran parte
era atraído por el paisaje cafetalero.
PROCAFE dice que con estas zonas en el área occidental, que incluye
Santa Ana, seguirán siendo escenario para el desarrollo del proyecto
Café y Biodiversidad, que inició en junio de
1998 y con el que se pretende asegurar la sostenibilidad del recurso.

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Proyectos
siguen
La ingeniera Ortiz dice que los terremotos
no alterarán el rumbo de este plan, que procura por el momento
disminuir el uso químicos residuales y altamente tóxicos
y que para junio de este año se espera haber mejorado su conservación,
su rentabilidad y generado mayores oportunidades de empleo.
El Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) también sigue
creyendo que la caficultura puede aprovecharse para generar empleo y aumentar
el bosque en el país. Por eso impulsa la idea de sembrar 100,000
manzanas en zonas potenciales de los departamentos de Chalatenango, Morazán
y Cabañas para favorecer el desarrollo de estas zonas, deprimidas
por la guerra y sumidas en mayor pobreza.
Otra iniciativa gubernamental y la más reciente es el anuncio del
presidente Francisco Flores de crear un fideicomiso de ¢300 millones
como parte central de un plan de rescate y conservación del parque
cafetalero, con el fin de asegurar su sostenibilidad.
Otras entidades involucradas en este proyecto de reactivación confían
en que esta medida evitará el riesgo de que se pierdan 30,000 empleos,
el 17% de las exportaciones, el 3% del producto interno bruto del país
y generar más de 50,000 empleos. Si tendrán éxito
estas iniciativas, solo el tiempo lo dirá.
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Recurso
energético
Sus bondades también trascienden
al plano energético. Se ha determinado que solo la poda
anual de árboles de sombra y cafetos genera unos dos millones
de metros cúbicos de leña, lo que satisface la demanda
energética total o parcial del 77.3% de la población.
Asimismo, el beneficiado del café genera cada año
seis millones de quintales de pulpa y 0.7 millones de quintales
de cascarilla de pergamino, que dado su alto poder de combustión
es un valioso recurso energético con lo que se ahorraban
la utilización de petróleo durante el secado del
grano.
Además se ha determinado que la descomposión de
esos subproductos, como la cascarilla, son potencialmente utilizables
como abono orgánico, que ayuda al reciclaje de nutrientes
del suelo.
Rica
biodiversidad
Lograr la reactivación del
cafetal bajo sombra es asegurar el sostenimiento de una cobertura
boscosa que se extiende a lo largo de más de 200,000 manzanas,
sembradas por poco más de 500.000 cafetos y arriba de 18
millones de árboles, especialmente pepetos, castaños,
conacastes y copalchíes.
Esta generosidad arbórea, que en El Salvador representa
el 9% de la cobertura boscosa y es parte importante del Corredor
Biológico Mesoamericano, también acoge a una variada
fauna y flora que abarca unas catorce especies florales, además
de una variedad de hongos, líquenes y orquídeas,
y especies como el bambú.
También se habla de unas nueve especies de mamíferos
(tacuazín, armadillo, mapache, conejo, etc.); diez de aves
como la urraca, chiltota, torogoz y gavilanes, entre otros; cinco
de reptiles, dos de anfibios, una de peces (chimbolos), 17 de
insectos y siete de invertebrados.
Por estos méritos, los cafetales han llegado a considerarse
como los únicos bosques que le quedan al país y
que contribuyen en un 40% a la conservación de especies
de flora y fauna amenazada; tanto así que se estima que
entre un 30% y 50% de las aves del país encuentran en los
cafetales su hábitat.
El cafetal sigue siendo un patrimonio natural, una belleza
escénica, el último bosque del país, un albergue
de especies que podrían estar en vías de extinción
y que sobreviven gracias a los cafetales bajo sombra, sostiene
la ingeniera Ortiz.
Ella está convencida de que el cafetal bajo sombra reúne
a más de 126 especies, de las cuales unas veinte son migratorias,
y que además contrarrestaron los efectos de los terremotos.
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