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En la tierra del escritor Alberto Masferrer,
unos 13 mil habitantes permanecen con los brazos cruzados tratando de
encontrar alternativas para atraer de nuevo a los turistas que se resisten
a visitar el lugar rodeado de montañas y cafetales.
En este pueblo callado y solitario, irónicamente llamado Alegría,
el ecoturismo tiene como atractivo principal la laguna color turquesa
enclavada en el cráter del volcán de Alegría. La
gente dice que desapareció la laguna y no es cierto, comenta
Narciso Marroquín.
Los deslizamientos de tierra son reales pero no está soterrada,
asegura el líder de la asociación comunal que trabaja por
que Alegría se convierta en una ruta atractiva para quienes gustan
explorar sitios naturales como los cráteres de volcanes.
Alegría vive del turismo, su economía en parte está
basada en los 200 ó más turistas que recibe cada semana
y que por el momento al calor del trauma que dejó el terremoto
del 13 de enero se traducen a la cuarta parte.
Desde el terremoto, el turismo en general disminuyó en un 90 por
ciento en apariencia porque la gente teme un nuevo desastre o no confía
en las condiciones en que se encuentra la infraestrucura desde los hoteles
hasta las playas.
Rutas afectadas
Por lo menos un centenar de pueblos que comenzaban
a resurgir como sitios de potencial turístico están por
el momento con las manos atadas, la Ruta de las Flores (Ataco, Juayúa,
Salcoatitán, Nahuizalco y Apaneca), incluso el festival permanente
de Suchitoto, están casi paralizados.
La Ruta de las Flores es una de las más variadas y atractivas para
el visitante por la riqueza de ecosistemas, lagunas, cascadas y ríos
que discurren entre montañas pobladas de cafetos ofrecen un toque
particular a cinco poblados de origen colonial de Sonsonate y Ahuachapán.
En cada lugar las huellas del terremoto son innegables. En Juayúa,
un centenar de casas que antes pesaban como riqueza arquitectónica
del siglo XIX y XX colapsaron y en Apaneca se tomó la determinación
de demoler la iglesia colonial.
La gente tiene miedo de venir porque hay mucha montaña,
refiere doña María Osegueda, que vive de ofrecer frutas
a la gente que llega a Juayúa, donde los lugareños están
buscando opciones turísticas como dar mayor impulso al festival
gastronómico que antes del temblor atraía a unos dos mil
comensales cada semana.

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Pero los rumores no limitan los esfuerzos.
En la Costa del Sol se dice que la playa disminuyó de tamaño,
en el lago de Ilopango que las lanchas son haladas al fondo por una extraña
fuerza y que en La Libertad los hoteles están colapsando.
En Chalatenango, más allá de La Palma y San Ignacio, hablan
de incontrolables derrumbes, frenando iniciativas de desarrollo como las
de San Francisco Morazán, Dulce Nombre de María, San Rafael
y San Fernando
En esta región, tanto como historias de guerra, el visitante encuentra
un clima agradable a más de mil metros de altura, bosques vírgenes
de pinos y montañas dispuestas para quienes gustan escalar.
Por el momento su potencial está olvidado, dice el alcalde San
Fernando, Rodolfo Alvarado, que junto a otros ediles trabaja por conseguir
financiamiento para mejorar las calles de acceso afectadas por los deslizamientos
de tierra e iniciar una agresiva campaña de mercadeo turístico.
La Corporación Salvadoreña de Turismo (CORSATUR), estima
que unas dos mil empresas formales son afectadas por la crisis que dejó
el terremoto, sin incluir vendedores ambulantes, guías y artesanos.
En busca de opciones
El presidente de CORSATUR dijo ya sabemos
lo que se nos cayó, lo que nos dañó, tenemos que
empezar la etapa de reconstrucción y reactivación del sector.
Según Avilés es necesario que se restablezca el turismo
interno para que el extranjero recobre la confianza en el país,
que si bien es una tierra de volcanes, posee un gran potencial para el
ecoturismo y los deportes que retan el peligro, como el montañismo.
El Salvador siempre fue un país de riesgos antes del terremoto,
sus volcanes nunca estuvieron dormidos y la actividad sísmica fue
y es una realidad innegable. Cinco terremotos en un siglo lo comprueban,
pero el turismo nunca se detuvo.
De hecho, el año pasado unas 800 mil personas visitaron la nación
que percibió en concepto de turismo unos 250 millones de colones,
ubicándose como el tercer país más visitado de Centro
América, después de Costa Rica y Guatemala.
Los fenómenos naturales no se pueden manejar como programas
institucionales, durante el terremoto había escaladores en el volcán
de Izalco y gracias a Dios no hubo daños. El riesgo siempre va
a existir aunque usted se quede en su casa, dice la encargada de
Mercadeo del ISTU, Jackeline Borea.
Según Borea, El Salvador por ser una región variada, es
propicia tanto para la gente aficionada a deportes extremos, lo es para
las investigaciones y el esparcimiento tranquilo y familiar por medio
de los turicentros.
A pesar de las huellas dejadas por el terremoto, El Salvador sigue mostrando
320 kilómetros de costa con diferentes tipos de playas y ecosistemas,
aunque muchas como los arrecifes coralinos de Los Cóbanos, Sonsonate,
se contaminan debido a la actividad industrial de la zona.
A esta crisis se suma, el que no existe aún una ley de incentivos
para empresas turísticas y los cuestionamientos sobre la falta
de estructura que venda a El Salvador como un destino turístico
que compita con países como Costa Rica.
Entretanto, en los pueblos como Alegría y Juayúa, los comerciantes
busca opciones para transformar su tragedia en una manera de descubrir
nuevas opciones de hacer turismo.
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Sensible
a estas situaciones
(los desastres)
¿Cuál
es el impacto del terremoto en el sector turismo?
El 99 por ciento de la infraestructura hotelera está bien, los
empresarios tienen que cubrir planillas por eso están esperando
que el salvadoreño salga, no podemos esperar que el turista de
fuera salve la situación. Van dos fines de semana en que el turismo
se redujo en un 90 por ciento y la limitante de la carreteras ya se está
tratando.
La Libertad siempre ha sido un paseo, el muelle está abierto, sólo
hay tres comercios que tiene el riesgo de la montaña cerca y se
les ha puesto bandera roja.
Hay restricciones económicas pero hay lugares accesibles para toda
la familia, tanto por la parte de la salud mental como para reactivar
la industria turística porque la economía necesita recuperarse
y generar empleos.
¿De qué manera
CORSATUR apoyará en las zonas afectadas?
Tenemos 50 millones de colones provientes de los fondos FANTEL que serían
destinados al desarrollo, hoy van a la recuperación del sector
turístico enfocados a las zonas más afectadas por el terremoto.
Se invertirá en la Ruta de las Flores, en La Libertad, en los Planes
de, así como reactivar el mirador del Cerro verde.
Estamos apoyando, pero aún se está en proceso de evaluación
porque en Juayúa los dos lugares naturales están dañados.
Juayúa tendrá que buscar opciones como dar mayor impulso
al festival gastronómico.
Además, le hemos informado al salvadoreño que los sitios
turísticos como la Ruta de la Paz, Suchitoto, la zona costera prácticamente
no ha sufrido daño, los parques están abiertos.
En el parque de la Familia y la Puerta del Diablo los vendedores abrieron
desde el primer momento sus negocios, el problema es que no había
a quien vender.
¿Puede afectar la
imagen turística de El Salvador en el exterior?
El sector turístico es sumamente sensible en este tipo de situaciones,
pero no creo que esa campaña de que los volcanes están activos
haya llegado fuera, al contrario, hemos transmitido de que el país
está de pie y debemos seguir adelante.
No podemos tapar el problema que nos ha sucedido, esconder que tenemos
un millón de damnificados, pero hay que balancear porque el sector
turístico está de pie.
Vamos a entrar con un plan para reactivar el sector, por el momento sólo
se limita la entrada al Cerro verde y Los Chorros porque hay que estabilizar
los suelos.
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