10 de diciembre de 2000

Como parte del noveno aniversario de “La Luna casa y arte”, Miguel Augusto Ramírez presenta en ese lugar una muestra de dibujos bautizada ”En el jardín de piedras”, una exposición que refleja el sentir más íntimo de este joven artista.


Escríbanos

El ambiente mágico y misterioso de “La Luna” es el escenario ideal para las obras de Miguel Augusto Ramírez, con un trabajo que plasma una filosofía existencialista y que a la vez navega en un mundo de simbolismo, donde el miedo, los deseos, las frustraciones y los anhelos cobran vida en cada trazo y en cada forma de sus dibujos.
El espectador tiene la oportunidad de escudriñar los sentimientos y las experiencias sicológicas y emocionales del autor, al contemplar los ocho cuadros que están en la exposición, abierta el pasado siete de diciembre y que concluirá el siete de enero de 2001.
La exposición también incluye un montaje, casi una instalación, con postales, bocetos y alrededor de 20 dibujos, esto con la intención de salir de lo tradicional, asegura Augusto Ramírez.

 

Este montaje también tiene la particularidad de que puede servir como un medio de enseñanza, ya que el público sin nociones en la rama de la plástica puede descubrir cómo es el proceso de elaboración de un dibujo como expresión artística.
Es más, la gente tiene la oportunidad de tocar los elementos que le dan forma al montaje, como parte de una nueva experiencia; eso sí, deben tener cuidado de no destruir los materiales.

Primeros pasos en el arte

Para Ramírez, esta es su primera exposición individual, con la que incursiona en el campo profesional, aunque ya anteriormente había expuesto en forma colectiva como estudiante del Centro Nacional de Artes.
En esta su primera exposición considera que “La Luna” puede servirle como trampolín para presentarse en otros lugares con igual o mayor tradición artística. “La Luna ya es conocida como un lugar que reúne a personalidades del arte, la cultura y las comunicaciones, entonces siento que como plataforma de lanzamiento es un buen lugar, aparte de que el (lugar tiene) estilo místico y extraño, y creo que mis dibujos pegan bien aquí”, menciona Miguel Augusto.
Lo más importante en todo caso es que el espectador puede disfrutar de una obra que no tiene sabor añejo. En este contexto, Miguel Augusto quiere que “cuando la gente vea los dibujos, de alguna manera se sienta identificada con lo que estoy dibujando, con las cosas que me han pasado o cosas que he sentido y he visto”.
En cuanto a las imágenes casi tétricas que presenta, con sus colores y ambientes sombríos, figuras anatómicas con leves deformaciones y pieles cosidas, Augusto intenta reflejar las crudezas del diario vivir, las crudezas de las personas y del mundo y principalmente su estado de ánimo a la hora de trabajar.

 

Simbólicamente, las costuras de la piel significan la unión de ese material único que no deja escapar el espíritu que se encuentra en el cuerpo. Mientras que los clavos dibujados en algunas obras tienen dos significados: primero las experiencias vividas y que han penetrado en su alma hasta dejar una huella imborrable; segundo, que retoma el pensar de algunos grupos africanos que consideran que el clavo significa poder, fuerza y energía.

Esta expresión de sus obras las ha logrado con una técnica que mezcla el dibujo utilizando cera, aceite de linaza y una clase de pigmento utilizado por los hindúes en sus rituales, una combinación que pretende capturar su mirada y hacerle sentir y revivir sus experiencias más ocultas, en un ambiente hechicero que, hasta el momento, sólo “La Luna” puede transmitir.

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