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El ambiente mágico y misterioso de
La Luna es el escenario ideal para las obras de Miguel Augusto
Ramírez, con un trabajo que plasma una filosofía existencialista
y que a la vez navega en un mundo de simbolismo, donde el miedo, los deseos,
las frustraciones y los anhelos cobran vida en cada trazo y en cada forma
de sus dibujos.
El espectador tiene la oportunidad de escudriñar los sentimientos
y las experiencias sicológicas y emocionales del autor, al contemplar
los ocho cuadros que están en la exposición, abierta el
pasado siete de diciembre y que concluirá el siete de enero de
2001.
La exposición también incluye un montaje, casi una instalación,
con postales, bocetos y alrededor de 20 dibujos, esto con la intención
de salir de lo tradicional, asegura Augusto Ramírez.

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Este montaje también tiene la particularidad
de que puede servir como un medio de enseñanza, ya que el público
sin nociones en la rama de la plástica puede descubrir cómo
es el proceso de elaboración de un dibujo como expresión
artística.
Es más, la gente tiene la oportunidad de tocar los elementos que
le dan forma al montaje, como parte de una nueva experiencia; eso sí,
deben tener cuidado de no destruir los materiales.
Primeros pasos en el arte
Para Ramírez, esta es su primera exposición
individual, con la que incursiona en el campo profesional, aunque ya anteriormente
había expuesto en forma colectiva como estudiante del Centro Nacional
de Artes.
En esta su primera exposición considera que La Luna
puede servirle como trampolín para presentarse en otros lugares
con igual o mayor tradición artística. La Luna ya
es conocida como un lugar que reúne a personalidades del arte,
la cultura y las comunicaciones, entonces siento que como plataforma de
lanzamiento es un buen lugar, aparte de que el (lugar tiene) estilo místico
y extraño, y creo que mis dibujos pegan bien aquí,
menciona Miguel Augusto.
Lo más importante en todo caso es que el espectador puede disfrutar
de una obra que no tiene sabor añejo. En este contexto, Miguel
Augusto quiere que cuando la gente vea los dibujos, de alguna manera
se sienta identificada con lo que estoy dibujando, con las cosas que me
han pasado o cosas que he sentido y he visto.
En cuanto a las imágenes casi tétricas que presenta, con
sus colores y ambientes sombríos, figuras anatómicas con
leves deformaciones y pieles cosidas, Augusto intenta reflejar las crudezas
del diario vivir, las crudezas de las personas y del mundo y principalmente
su estado de ánimo a la hora de trabajar.
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Simbólicamente, las costuras de la
piel significan la unión de ese material único que no deja
escapar el espíritu que se encuentra en el cuerpo. Mientras que
los clavos dibujados en algunas obras tienen dos significados: primero
las experiencias vividas y que han penetrado en su alma hasta dejar una
huella imborrable; segundo, que retoma el pensar de algunos grupos africanos
que consideran que el clavo significa poder, fuerza y energía.
Esta expresión de sus obras las ha logrado con una técnica
que mezcla el dibujo utilizando cera, aceite de linaza y una clase de
pigmento utilizado por los hindúes en sus rituales, una combinación
que pretende capturar su mirada y hacerle sentir y revivir sus experiencias
más ocultas, en un ambiente hechicero que, hasta el momento, sólo
La Luna puede transmitir.

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