10 de diciembre de 2000

En el cantón San José Cortez, de Soyapango, algunos pobladores han encontrado una manera artística y ecológica de reciclar los desperdicios de las carpinterías que abundan en la localidad.


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Hasta el año pasado, las aproximadamente 50 carpinterías de San José Cortez eran fuentes de trabajo y de contaminación ambiental. Muchas familias habían aprendido a sobrevivir de este rubro, pero no sabían cómo deshacerse adecuadamente de los desperdicios (trozos de madera, “colochos”, aserrín, etc.).
“Nos alarmaba la manera en que los dueños de las carpinterías quemaban los desperdicios y hacían grandes humaredas o tapizaban las calles incrementando los basureros”, dice Duvan Villalobos, presidente de la Asociación de Desarrollo Integral con Productos Naturales (ADIPRON), que impulsa un proyecto ecológico para reutilizar los desechos de estos talleres.
Con una contrapartida de más de ¢60,000 dispuestos por ADIPRON y la comunidad y el financiamiento de casi ¢100,000 por parte del Fondo Ambiental para El Salvador (FONAES) desarrollan el proyecto “Reducción y tratamiento de desechos generados por carpinterías”.

El proyecto está en la fase de capacitación y producción de unas 15 personas para que aprendan a transformar artísticamente los desechos de madera en atractivos adornos de pared, mesa y objetos útiles para el hogar.
De las 50 carpinterías, 35 les apoyan con el suministro de sus desechos, con los cuales han aprendido algunas técnicas interesantes, como el hecho de fabricar con aserrín artísticos jarrones que ya terminados parecen fabricados de barro.
Cada sábado, niños, mujeres y ancianos dibujan y pintan diversidad de creaciones que salen de su propia imaginación. De allí que salgan de este taller adornos de pared, como aviones, ranas, flores, payasos o servilleteros en forma de rodajas de sandía o manzanas.

 

“Aquí no les imponemos lo que deben hacer, solo les enseñamos cuestiones elementales de diseño y los dejamos que plasmen su creatividad”, dice Duvan Villalobos.
Por el momento los aprendices de artesanos lo ven como una oportunidad para aprender a crear, dibujar y pintar. Sobrevivir de esto quizá sea un interés secundario.
“Una tía me invitó a venir; vi todo esto y me entusiasmé”, afirma Otoniel López Hernández, quien a sus 12 años ha creado aviones y simpáticas ranas descansando bajo las flores.
Sin embargo, ya hicieron su primera exposición en la feria de las fiestas patronales de Soyapango, donde las carretas de madera fueron las más vendidas. Para el próximo 13 de diciembre esperan vender todos sus productos cuando los expongan durante el acto de clausura del proyecto en las instalaciones del taller de ADIPRON.
Según Villalobos, aún no se puede decir que esta empresa de las artesanías sea rentable o no, porque hace falta implementar estrategias de comercialización. Por el momento, la mejor herencia del proyecto es haber propiciado en la comunidad la idea de desarrollarse a través de la microempresa sin descuidar el medio ambiente.

 

Educación ambiental

El proyecto busca el desarrollo local con gestión ambiental en este cantón de Soyapango donde sus aproximadamente 3,000 habitantes han sobrevivido de la agricultura, la carpintería y el pequeño comercio.

Duvan Villalobos dice que algunas carpinterías han aprendido a utilizar el aserrín como abono de suelos o cultivos, mientras un comité ambiental recién formando ha comenzado a elaborar y a comercializar jarabes y pomadas naturales como metilo, que es extraído del eucalipto.

Otra visión del proyecto es establecer estas artesanías de desechos como algo representativo del lugar, dado que por años las carpinterías han sido su principal patrimonio.

 

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