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Hasta el año pasado, las aproximadamente
50 carpinterías de San José Cortez eran fuentes de trabajo
y de contaminación ambiental. Muchas familias habían aprendido
a sobrevivir de este rubro, pero no sabían cómo deshacerse
adecuadamente de los desperdicios (trozos de madera, colochos,
aserrín, etc.).
Nos alarmaba la manera en que los dueños de las carpinterías
quemaban los desperdicios y hacían grandes humaredas o tapizaban
las calles incrementando los basureros, dice Duvan Villalobos, presidente
de la Asociación de Desarrollo Integral con Productos Naturales
(ADIPRON), que impulsa un proyecto ecológico para reutilizar los
desechos de estos talleres.
Con una contrapartida de más de ¢60,000 dispuestos por ADIPRON
y la comunidad y el financiamiento de casi ¢100,000 por parte del
Fondo Ambiental para El Salvador (FONAES) desarrollan el proyecto Reducción
y tratamiento de desechos generados por carpinterías.
El
proyecto está en la fase de capacitación y producción
de unas 15 personas para que aprendan a transformar artísticamente
los desechos de madera en atractivos adornos de pared, mesa y objetos
útiles para el hogar.
De las 50 carpinterías, 35 les apoyan con el suministro de sus
desechos, con los cuales han aprendido algunas técnicas interesantes,
como el hecho de fabricar con aserrín artísticos jarrones
que ya terminados parecen fabricados de barro.
Cada sábado, niños, mujeres y ancianos dibujan y pintan
diversidad de creaciones que salen de su propia imaginación. De
allí que salgan de este taller adornos de pared, como aviones,
ranas, flores, payasos o servilleteros en forma de rodajas de sandía
o manzanas.
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Aquí
no les imponemos lo que deben hacer, solo les enseñamos cuestiones
elementales de diseño y los dejamos que plasmen su creatividad,
dice Duvan Villalobos.
Por el momento los aprendices de artesanos lo ven como una oportunidad
para aprender a crear, dibujar y pintar. Sobrevivir de esto quizá
sea un interés secundario.
Una tía me invitó a venir; vi todo esto y me entusiasmé,
afirma Otoniel López Hernández, quien a sus 12 años
ha creado aviones y simpáticas ranas descansando bajo las flores.
Sin embargo, ya hicieron su primera exposición en la feria de las
fiestas patronales de Soyapango, donde las carretas de madera fueron las
más vendidas. Para el próximo 13 de diciembre esperan vender
todos sus productos cuando los expongan durante el acto de clausura del
proyecto en las instalaciones del taller de ADIPRON.
Según Villalobos, aún no se puede decir que esta empresa
de las artesanías sea rentable o no, porque hace falta implementar
estrategias de comercialización. Por el momento, la mejor herencia
del proyecto es haber propiciado en la comunidad la idea de desarrollarse
a través de la microempresa sin descuidar el medio ambiente.

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Educación
ambiental
El proyecto busca el desarrollo
local con gestión ambiental en este cantón de Soyapango
donde sus aproximadamente 3,000 habitantes han sobrevivido de la agricultura,
la carpintería y el pequeño comercio.
Duvan Villalobos dice que algunas carpinterías han aprendido a
utilizar el aserrín como abono de suelos o cultivos, mientras un
comité ambiental recién formando ha comenzado a elaborar
y a comercializar jarabes y pomadas naturales como metilo, que es extraído
del eucalipto.
Otra visión del proyecto es establecer estas artesanías
de desechos como algo representativo del lugar, dado que por años
las carpinterías han sido su principal patrimonio.
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