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La mayoría de habitantes
son repobladores beneficiados con la reforma agraria que no
sólo habitan una de las tierras más productivas
del país, sino las más frágiles a las
inundaciones ante el desbordamiento del río Lempa.
Unos ocho mil niños y niñas de 20 comunidades
también se han unido a los esfuerzos de sus pabres
por conocer más sobre prevención y alertas tempranas
que funcionan en el sector, bajo la coordinación de
los comités de emergencia locales formados en 1995.
Este intento por encarar de frente las inundaciones que provoca
el desbordamiento del río Lempa no es nada nuevo; la
diferencia es que ahora la población está en
capacidad de generar respuestas inmediatas en momentos de
crisis.
El reto de las limitantes
Gregorio Osorio lleva una década
viviendo en San Carlos Lempa en Tecoluca, el municipio de
San Vicente más afectado por el desbordamiento del
Lempa, sino por la pobreza. El lugar acoge el 70% de desmovilizados
de la guerra.
Su experiencia como líder comunitario le indica que
antes de hablar de evacuaciones debe educarse a la gente y
trabajar el liderazgo de aquellos que están dispuestos
a exponer sus vidas para salvar a otros.
Emilio Espin, quien dirige el CORDES, estima que la
primera fortaleza real en la zona es la organización
comunitaria, después están las alianzas,
es decir el aporte de organizaciones como Compañeros
de las Américas, el COEN y el Plan de Emergencia Municipal
del cual forman parte.
Según Espin, lo que está fallando es la mitigación
del desastre, y recordó que a dos años de Mitch
las bordas siguen sin construirse, los refugios están
a medias, tanto como las vías de acceso, incluyendo
la que conduce a San Carlos Lempa.

Las alertas tempranas tampoco
están funcionando bien; aunque el COEN ha establecido
en los puntos más propensos a inundarse un sistema
de señalización con varas pintadas de los colores
de emergencia, que dan la pauta a una posible evacuación
al marcar la subida en los niveles de agua.
Es una cosa sencilla, pero la gente no fue instruida
adecuadamente, asegura Spin.
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En 1999 la Secretaría
de Integración Centroamericana (SICA) suscribió
con los Estados Unidos un convenio de ayuda por cuatro
millones de dólares para montar un sistema de
alerta temprana en zonas de alto riesgo.
La iniciativa establece la instalación de un
sistema de sensores en puntos específicos del
río Lempa en su recorrido por Guatemala, Honduras
y El Salvador para medir el volumen del agua, así
como de los cauces secundarios y las mareas para crear
un perfil exacto de prevención.
En el Bajo Lempa, las bases serán instaladas
en San Marcos Lempa y en La Pita para seguir el rumbo
de las mareas, pero por el momento el proceso está
a medias y se carece de información confiable
que será completada entre el 2001 y el 2002.

A causa de la urbanización de tierras no aptas
para construir casas y la depredación de los
bosques cercanos al Lempa y sus afluentes, cada año
los estragos de las inundaciones son mayores, así
como el azolvamiento de la presa 15 de Septiembre
que recibe entre siete y 10 millones de metros cúbicos
de sedimento en el invierno.
De allí la necesidad de implantar los sistemas
de medición que darán paso a un efectivo
plan de prevención con sus alertas tempranas
que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Soluciones
integrales
Gregorio Osorio, presidente
del Sistema Económico Social, dice que este intercambio
de información les facilita conocer a diario
las condiciones climatológicas y saber cuándo
la presa 15 de Septiembre hace sus descargas.
Osorio piensa que la coordinación ha sido efectiva,
pero advierte que lo mejor sería ofrecer una
solución estructural, mejorando la calidad de
vida de las familias, sobre todo las que disputan las
riberas del río Lempa.
El alcalde de Tecoluca, Carlos Cortez, dice que si bien
el sistema de alerta temprana no enfrenta problemas,
hay elementos que podrían poner en peligro la
vida de la gente.
Cortez dijo que la construcción de la borda que
protegería parte de las comunidades fue suspendida
por la situación lluviosa, según él
debido a que la burocracia estatal no permitió
que los trabajos se iniciaran aprovechando la estación
seca.
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Zona de inundaciones
El río
Lempa abastece la mitad del agua que consume San
Salvador y facilita el desarrollo del 49% de los
262 municipios que comparten su cuenca.
El Bajo Lempa incluye parte de la zona central,
el sur de San Vicente y el suroeste de Usulután.
En la margen derecha se encuentran las comunidades
de Santa Marta, San Bartolo, El Porvenir, Taura,
Rancho Grande, El Coyol y San Carlos Lempa (San
Vicente).
En la margen izquierda: El Zamorán, Montemar,
El Amatillo, Las Arañas, Lempamar, Las
Mesitas y La Canoa, Usulután.
En El Salvador por lo menos un millón de
personas reside en sitios propensos a sufrir inundaciones,
incluyendo unas 300 comunidades urbano-marginales.
La directora del Centro de Prevención de
Desastres, Lidia Castillo, estima que para reducir
la amenaza en que viven las familias es necesario
crear un sistema nacional de prevención
y mitigación acorde a la realidad ambiental.
Que se evite habitar comunidades en alto riesgo,
crear ordenanzas que prohíban construir
viviendas sin pilotes en zonas costeras, transformar
las prácticas agrícolas y en general
que se modifiquen las prácticas de construcción.
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Por el momento se han levantado
siete kilómetros de borda entre los asentamientos
de Taura y Santa Marta. El resto de familias que viven
en Las Pitas, Puerto Nuevo y El Naranjo está
desprotegido.
De aumentar las lluvias tendría que ocurrir una
evacuación inmediata y aprovechar el albergue
que se construye en Puerto Nuevo.


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