Vamos al especial

 
 

 

En el Bajo Lempa unas dos mil familias cargan todavía con los recuerdos de “Mitch”, el mismo huracán que en 1998 les enseñó dos cosas: el valor de la prevención y la necesidad de trabajar unidos para enfrentar los desastres.


 

La mayoría de habitantes son repobladores beneficiados con la reforma agraria que no sólo habitan una de las tierras más productivas del país, sino las más frágiles a las inundaciones ante el desbordamiento del río Lempa.
Unos ocho mil niños y niñas de 20 comunidades también se han unido a los esfuerzos de sus pabres por conocer más sobre prevención y alertas tempranas que funcionan en el sector, bajo la coordinación de los comités de emergencia locales formados en 1995.
Este intento por encarar de frente las inundaciones que provoca el desbordamiento del río Lempa no es nada nuevo; la diferencia es que ahora la población está en capacidad de generar respuestas inmediatas en momentos de crisis.

El reto de las limitantes

Gregorio Osorio lleva una década viviendo en San Carlos Lempa en Tecoluca, el municipio de San Vicente más afectado por el desbordamiento del Lempa, sino por la pobreza. El lugar acoge el 70% de desmovilizados de la guerra.
Su experiencia como líder comunitario le indica que antes de hablar de evacuaciones debe educarse a la gente y trabajar el liderazgo de aquellos que están dispuestos a exponer sus vidas para salvar a otros.
Emilio Espin, quien dirige el CORDES, estima que “la primera fortaleza real en la zona es la organización comunitaria, después están las alianzas”, es decir el aporte de organizaciones como Compañeros de las Américas, el COEN y el Plan de Emergencia Municipal del cual forman parte.
Según Espin, lo que está fallando es la mitigación del desastre, y recordó que a dos años de “Mitch” las bordas siguen sin construirse, los refugios están a medias, tanto como las vías de acceso, incluyendo la que conduce a San Carlos Lempa.

Las alertas tempranas tampoco están funcionando bien; aunque el COEN ha establecido en los puntos más propensos a inundarse un sistema de señalización con varas pintadas de los colores de emergencia, que dan la pauta a una posible evacuación al marcar la subida en los niveles de agua.
“Es una cosa sencilla, pero la gente no fue instruida adecuadamente”, asegura Spin.

 

En 1999 la Secretaría de Integración Centroamericana (SICA) suscribió con los Estados Unidos un convenio de ayuda por cuatro millones de dólares para montar un sistema de alerta temprana en zonas de alto riesgo.
La iniciativa establece la instalación de un sistema de sensores en puntos específicos del río Lempa en su recorrido por Guatemala, Honduras y El Salvador para medir el volumen del agua, así como de los cauces secundarios y las mareas para crear un perfil exacto de prevención.
En el Bajo Lempa, las bases serán instaladas en San Marcos Lempa y en La Pita para seguir el rumbo de las mareas, pero por el momento el proceso está a medias y se carece de información confiable que será completada entre el 2001 y el 2002.


A causa de la urbanización de tierras no aptas para construir casas y la depredación de los bosques cercanos al Lempa y sus afluentes, cada año los estragos de las inundaciones son mayores, así como el azolvamiento de la presa “15 de Septiembre” que recibe entre siete y 10 millones de metros cúbicos de sedimento en el invierno.
De allí la necesidad de implantar los sistemas de medición que darán paso a un efectivo plan de prevención con sus alertas tempranas que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Soluciones integrales

Gregorio Osorio, presidente del Sistema Económico Social, dice que este intercambio de información les facilita conocer a diario las condiciones climatológicas y saber cuándo la presa “15 de Septiembre” hace sus descargas.
Osorio piensa que la coordinación ha sido efectiva, pero advierte que lo mejor sería ofrecer una solución estructural, mejorando la calidad de vida de las familias, sobre todo las que disputan las riberas del río Lempa.
El alcalde de Tecoluca, Carlos Cortez, dice que si bien el sistema de alerta temprana no enfrenta problemas, hay elementos que podrían poner en peligro la vida de la gente.
Cortez dijo que la construcción de la borda que protegería parte de las comunidades fue suspendida por la situación lluviosa, según él debido a que la burocracia estatal no permitió que los trabajos se iniciaran aprovechando la estación seca.

 
 


Zona de inundaciones

El río Lempa abastece la mitad del agua que consume San Salvador y facilita el desarrollo del 49% de los 262 municipios que comparten su cuenca.

El Bajo Lempa incluye parte de la zona central, el sur de San Vicente y el suroeste de Usulután.
En la margen derecha se encuentran las comunidades de Santa Marta, San Bartolo, El Porvenir, Taura, Rancho Grande, El Coyol y San Carlos Lempa (San Vicente).
En la margen izquierda: El Zamorán, Montemar, El Amatillo, Las Arañas, Lempamar, Las Mesitas y La Canoa, Usulután.
En El Salvador por lo menos un millón de personas reside en sitios propensos a sufrir inundaciones, incluyendo unas 300 comunidades urbano-marginales.
La directora del Centro de Prevención de Desastres, Lidia Castillo, estima que para reducir la amenaza en que viven las familias es necesario crear un sistema nacional de prevención y mitigación acorde a la realidad ambiental.
Que se evite habitar comunidades en alto riesgo, crear ordenanzas que prohíban construir viviendas sin pilotes en zonas costeras, transformar las prácticas agrícolas y en general que se modifiquen las prácticas de construcción.

 
 

Por el momento se han levantado siete kilómetros de borda entre los asentamientos de Taura y Santa Marta. El resto de familias que viven en Las Pitas, Puerto Nuevo y El Naranjo está desprotegido.
De aumentar las lluvias tendría que ocurrir una evacuación inmediata y aprovechar el albergue que se construye en Puerto Nuevo.

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