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Ni la lluvia que arreció
la tarde del pasado viernes detuvo el entusiasmo de
Leandro Alfredo Menjívar, un pequeñín
de ocho años que sumergido en una de las piscinas
del estadio Flor Blanca parecía un pez en el
agua.
Nadando de un lado a otro y luchando por contener su
respiración quería nadar los 10 metros
libres que exige la competencia en la que va a participar
durante la décima octava edición de las
olimpiadas especiales.
Don Juan Alberto Menjívar, su padre, lo animaba
nadando a su lado y listo a sacarlo a flote cuando las
fuerzas lo vencían.
Sin embargo, Leandro sabía salir por sí
mismo a la superficie y aunque lucía cansado,
el entusiasmo era tal que parecía no un entrenamiento
sino una victoria.
Y es que para él, un niño que aprendió
a caminar hace apenas dos años y para quien realizar
actividades tan sencillas, como comer, vestirse o peinarse,
ha significado un verdadero reto, aprender a nadar ha
sido un triunfo.
Al nacer a Leandro se le diagnosticó daño
cerebral, lo que afectó el desarrollo sicomotor,
es decir la coordinación de sus movimientos y
le impidió caminar.
Para vencer estas discapacidades, Leandro ha asistido
durante sus escasos ocho años de vida a dolorosas
terapias en el Instituto de Rehabilitación de
Inválidos y se ha sometido a complicados tratamientos.
Si bien ya puede caminar, hablar y hasta cursa el primer
grado en una escuela tradicional, todavía mantiene
cierto desequilibrio en su cuerpo; empero esto no impide
que forme parte de los atletas que participarán
en las Olimpiadas Especiales que se realizarán
en octubre.
Según el señor Menjívar, la realización
de este evento permite que niños como Leandro
sean valorados por los esfuerzos que hacen por salir
adelante.
Estos niños son especiales, pero no por
sus discapacidades sino por la forma en la que las vencen,
por la forma en que luchan y vencen los obstáculos.
A ellos se les tiene que abrir espacios, no sólo
en el deporte, sino en el estudio, en todo, dice
el papá orgulloso.
Esfuerzo
doble
Mientras decenas de atletas
en todo el mundo están listos para competir en
Sidney, Australia, en El Salvador más de un millar
de niños y jóvenes especiales también
realizan sus entrenamientos, en un esfuerzo doble por
manejar sus discapacidades y por competir.
Sólo por parte del Centro de Parálisis
Cerebral del ISRI hay 31 niños y niñas
entre los ocho y los 16 años que se entrenan
para participar en las competencias.
Según el profesor Rutilio Cerón, entrenador
del Centro de Parálisis Cerebral, la posibilidad
de competir trae importantes beneficios terapéuticos
para estos niños.

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Permite que logren
un mejor control sobre su cuerpo, que adquieran fuerza
y mayor motricidad en sus miembros y que logren incluso
elasticidad y energía en sus movimientos,
dice el maestro.
Incluso aquellos que participan sentados en sus sillas
de ruedas o que corren ayudados por amigos o familiares
adquieren mayor resistencia y seguridad en sí
mismos, dice el entrenador.
Organizadas por el Comité de Olimpiadas Especiales,
este es el décimo octavo año en que se
realizan en El Salvador.
Este es un
programa no sólo para las escuelas de educación
especial, sino para toda la comunidad, en toda América
Latina hay entre el 6 y el 7% de personas con retardo
mental, en el país también andamos por
esa cifra, son personas que necesitan integrarse a la
sociedad, el deporte es una buena vía dice
Jorge Álvarez, director del Comité.
El deporte es clave en todos los aspectos de la
vida. A un niño especial le trae grandes beneficios,
le permite mejorar la motricidad, adquirir mayor fuerza
en sus músculos y más resistencia, además
de que aprenden a seguir instrucciones y ejercicios,
dice el licenciado Álvarez.

Todos son campeones
Contrario a las competencias
tradicionales, en las Olimpiadas Especiales, si bien
los niños atletas participan en casi todas las
disciplinas deportivas, la modalidad de las competencias
cambia.
Por ejemplo, en natación sólo se nadan
10 metros en estilo libre y en atletismo hay carreras
tan 50 metros planos. De igual forma, el lanzamiento
de bola se hace con una de las que se usan para softball.
Son las carreras según el profesor Cerón
las más difíciles para los niños,
porque no sólo tienen que coordinar sus movimientos,
sino que además sufren contínuas caídas,
de las que siempre se levantan.
Es una satisfacción para uno el hecho de
que se planteen retos al niño desde temprana
edad y que lo logren hacer, porque la vida para estos
niños significa retos y desde ya estamos inculcándoles
ese coraje, esa persevernacia a través de llegar
a la meta o lanzar una pelota o en el caso de natación
de establecer una relación con un mundo acuático
que no es común ni seguro, eso es ya un logro
para ellos y para nosotros o de levantarse si caen,
dice el entrenador.
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