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En las aceras de San Salvador,
las noches siempre son iguales para quienes no tienen
una casa donde refugiarse. Mujeres y hombres jóvenes,
ancianos y hasta niños siguen cubriéndose
del frío con un plástico o con un pedazo
de cartón, mientras que otros gozamos del calorcito
de una cama y una habitación.
Esta situación de extrema pobreza la viven cada
día más de 250 personas en el centro de
San Salvador. Aquí ya no se cuentan los mendigos
en forma aislada. Uno por aquí y otro por allá,
ahora cubren cuadras enteras, donde se pueden contabilizar
hasta 30 indigentes en un solo puesto.
Más de diez lugares han sido convertidos en dormitorios
públicos, por ejemplo algunas aceras sobre la
Calle Rubén Darío, los portales que rodean
a la plaza Libertad, los mercados Tinetti, La Tiendona,
el Central y las partes bajas de los pasos a desnivel,
entre otros sitios.
Algunos de los que duermen ahí son amigables;
otros, en cambio, son huraños. Uno de estos últimos
casos es el de Fredy Ernesto Hernández, quien
en tono amenazante le dijo al fotoperiodista: ¿Para
qué me vas a tomar fotos?, mientras se
cubría el rostro con el cartón que le
servía de colcha, por lo que nos acercamos a
él para entablar una mayor comunicación.
Aquí siempre es lo mismo, vienen a hacer
fotos, traen cámaras de televisión, nos
toman fotos y nunca nos ayudan, fue la respuesta
del joven que en forma resentida nos explicó
su negativa para que el fotoperiodista hiciera su labor.
Fredy dice tener 20 años, de los cuales diez
los ha dormido en la calle. Nosotros necesitamos
trabajo y apoyo. Aquí viene el diario y nunca
hacen nada. Desde el tiempo que yo estoy aquí,
cada año vienen periodistas y nunca nos ayudan,
asegura Fredy.
Y en realidad él tiene razón, la situación
para ellos no cambia. Por el momento sólo reciben
ayuda de personas caritativas que se acuerdan de los
indigentes a la hora de comer. Así dos o tres
veces a la semana, grupos de jóvenes pertenecientes
a iglesias, católica o evangélicas, les
llevan alimentos para que al menos no duerman con el
estómago vacío.
No obstante, hay dos clases de ayuda que ellos solicitan:
un lugar donde pasar la noche y trabajo. Hay que recordar
que en San Salvador sólo hay un dormitorio público
y este tiene capacidad para albergar hasta 70 personas.

Dormitorio
malogrado
Los sueños de contar
con un lugar donde dormir ya se desvanecieron. Hasta
finales de 1999 todavía existía una esperanza;
sin embargo, el proyecto sólo ha quedado como
una iniciativa y un buen deseo.

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La
alcaldía de San Salvador no cuenta con el dinero
suficiente para construir un nuevo dormitorio público,
ni siquiera tiene un lugar disponible; esto último
ha sido el obstáculo insalvable para las instituciones
que en su momento querían ayudar en la construcción
de uno nuevo.
Tres instituciones querían colaborar con el ayuntamiento
y ayudar a los pordioseros: las asociaciones Puerta de
Salvación de la Mujer Alcohólica, Damas
de Organismos Internacionales, constituido por esposas
de los miembros del cuerpo diplomático, y la Confraternidad
Evangélica de El Salvador (CONESAL), que agrupa
a instituciones e iglesias evangélicas.
De
los tres, el proyecto más ambicioso era el de CONESAL,
ya que pretendía crear un centro de albergue intermedio
para atender a todo el que duerme en la calle. Así
recibirían a los mendigantes y posteriormente los
trasladará a otras instituciones especializadas.
Por ejemplo, los alcohólicos y drogadictos llegarían
al albergue intermedio, y después de un tiempo
prudencial pasarían a manos del ministerio cristiano
REMAR (Rehabilitación de Marginados), o en el caso
de prostitutas, éstas llegarían a otro proyecto
cristiano, donde se le brindaría atención
psicológica, espiritual, le enseñarían
un oficio y de esta manera las mujeres dejarían
de usar las calles como dormitorio.

Empero el proyecto
no prosperó, asegura el doctor Jorge Martínez
Menéndez, presidente de CONESAL. No obstante,
cada una de las instituciones que pertenecen a CONESAL
están trabajando por sus propios medios y haciendo
proyectos para beneficiar a la gente que duerme en la
calle.
Entre esos casos está la Fundación Remar,
que trabaja con menores que tienen problemas de alcoholismo,
drogas y que trabaja con la rehabilitación de
prostitutas.
También está la iglesia Misión
Centroamericana, que tiene a su cargo la Fundación
Éxodo, que trabaja con niños desamparados;
así como el proyecto Rahab (nombre de una ramera
en el Antiguo Testamento), con el que ayudan a las mujeres
que han caído en la prostitución, asegura
el doctor Menéndez.
Solución en alto nivel
El dormitorio público, que está en la
comunidad Tutunichapa 1, acoge hasta 70 personas en
los meses más helados, como noviembre y diciembre.
En los meses más calurosos, la cantidad se reduce
en más de un 20 por ciento; no obstante, hay
gente que no sabe cómo acudir a este lugar, por
lo que sería un bonito gesto de los transportistas
llevarlos al dormitorio público y traerlos hasta
el centro de San Salvador; también alguna
institución del Estado lo podría hacer,
como el Ministerio de Trabajo, menciona el doctor Jorge
Martínez Menéndez.
Otro de los problemas a los que se enfrentan los mendigos
es que para entrar a dormir en el dormitorio público
se les exige la cédula, para anotar sus nombres,
y muchos de los indigentes no tienen un documento de
identificación, por lo que prefieren quedarse
en la calle.
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El problema de los indigentes
es algo grave si se toma en cuenta que los reportes de desplazamiento
nacional son fuertes, según datos del sociólogo
Guido Béjar, asesor del Ministerio de Educación.
Alrededor de 132,000 personas se desplazan anualmente de la
zona rural hacia la urbana, afirma el doctor Menéndez.
Los tres departamentos que sufren más la llegada de
migrantes son San Salvador, con 100,000 personas; La Libertad,
con 20,000, y Santa Ana, con 12,000. Esta población
de desplazados son personas que no están preparados
para la vida urbana, incluyendo la vida laboral; no encuentran
trabajo, por lo que no tienen capacidad para pagar ni siquiera
una habitación.
Esa migración es constante, y en vez de resolverse
se agrava más, por lo que el problema se vuelve macro,
es entonces cuando tiene que tener solución a nivel
gubernamental, porque de otra forma no se vislumbra solución,
menciona Martínez Menéndez.
Como iglesias evangélicas nos unimos con esfuerzos
para aliviar la situación, pero el que tiene la convocatoria
es el gobierno central, porque las alcaldías serían
las indicadas, aunque no tienen el presupuesto adecuado, enfatiza
Menéndez.

Pero mientras el problema siga creciendo a un ritmo acelerado,
San Salvador acogerá en sus aceras a las personas que
no tienen otro recurso más que dormir en la calle y
durante el día deambulan consiguiendo el sustento.

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