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En lo que va de este año, más
de cuatro niños han muerto en el Hospital Benjamín Bloom,
mientras que otros chiquillos, como Josué Enrique Medrano Claros,
quedan con daños incurables en su cerebro, debido a que algunos
curanderos "les succionan la mollera" para curarlos del supuesto
"ojo".
Para entender esto veamos la tradición popular: un chiquitín
que no use la pulsera roja, supuestamente enfermará si una persona
que tiene la "vista fuerte" lo observa y no lo acaricia. Esto
es "ojo", un daño que según los creyentes sólo
los curanderos pueden quitar.
Lo típico de un niño con "ojo" es lo siguiente:
después de estar saludable, de un momento para otro comienza a
llorar sin cesar, se ve triste, no come, le da calentura desde la cabeza
hasta la cadera, pero sus piecitos están helados; le inicia diarrea
fuerte o débil de color verde y se le hunde la mollera.
Si el mal es fuerte morirá dentro de las primeras 24 horas, si
no lo atiende el curandero a tiempo; pero si el mal es débil, entonces
el niño puede durar más días. Pero si no lo llevan
al curandero también morirá.
Los relatos sobre los niños con "ojo" tienen un denominador
común: primero lo llevan donde el médico, quien recomienda
hacerle los exámenes clínicos, y dependiendo de los resultados
recetan algún medicamento para la infección o sólo
les dejan terapia de rehidratación oral.
Pero sucede que algunas veces los días pasan y los niños
no mejoran, y a veces empeoran. De nuevo lo llevan a la clínica
u hospital y otra vez le recomiendan rehidratación y en algunos
casos de diarrea bacteriana les dan antibióticos.
Frente a la poca mejoría de los pequeños, la madre entra
en la desesperación y hace caso a la tradición popular que
diagnostica "ojo". Entonces lleva a su vástago al curandero,
quien siempre se libra de culpa al decir: "Este niño ya está
pasado. Con lo que yo haga o se cura o se muere".
La decisión es tomada por los padres y piden que lo cure. Algunos
pequeños casualmente sanan con la primera sobada que hace el curandero;
otros niños necesitan hasta tres. Pero hay curanderos (no todos)
que les succionan la mollera o los cuelgan para pegarles en las plantas
de los pies, para que la fontanela se vuelva a levantar, es entonces cuando
la situación se complica, a tal grado que les producen hemorragias,
parálisis y otros daños a nivel cerebral, y en algunos casos
hasta la muerte.
¿Qué
dice la ciencia?
La explicación sobre la tradición
del "ojo" la tiene un pediatra del Hospital Bloom: "Las
etnoprácticas (prácticas del pueblo) son ancestrales y están
arraigadas en nuestra cultura; son parte de nuestra idiosincrasia. Así
como nos gustan las pupusas, así también nos gusta creer
que todas las cosas tienen una explicación mágico-religiosa.
Siempre he dicho que para la gente es más fácil atribuir
a una fuerza sobrenatural la enfermedad de su hijo que aceptar que cometimos
un descuido al momento de preparar un biberón, al cuidar los alimentos
o que no nos percatamos de que nuestro hijo se metió un poco de
tierra en la boca", asegura el doctor Ángel Duarte.

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Para los profesionales de la
salud, las diarreas y los demás malestares son causados por unos
seres microscópicos llamados virus, bacterias y hongos que se encuentran
en el suelo, en el aire, en el agua y en alimentos contaminados. Incluso
también pueden tener su origen en la intoxicación alimenticia
y en el rechazo del estómago frágil de los bebés
a ciertas leches comerciales.
Las diarreas producidas por virus pueden durar de cinco a ocho días
y no necesitan medicamento, sólo la rehidratación oral;
en cambio, las diarreas por bacterias son más persistentes y necesitan
antibióticos y rehidratación. Esta última es la que
hace que el excremento tenga color verde, asegura el licenciado en educación
para la salud, Martín Segovia.
Pero en el fondo no es la diarrea la que puede matar a un niño,
sino la deshidratación severa a la que es sometido por la pérdida
de líquidos en cada evacuación, y su signo importante es
el hundimiento de la fontanela (mollera).

En estos casos "lo
más importante es la rehidratación, ya que la diarrea es
un mecanismo de defensa del organismo, y es porque hay algo en el intestino
que está dando problemas", asegura la pediatra Ana Margarita
Rodríguez de Beltrán.
Un estudio sobre la salud en diferentes poblaciones del país, realizado
por el Programa de Salud a través de Agua y Saneamiento (PROSAGUAS)
de la institución CARE/internacional, señala que la administración
de sales de rehidratación oral para el manejo de casos de diarrea
no parece ser la primera alternativa tomada por la gente.
Algo contradictorio si consideramos que "...los estudios clínicos
plantean que el 90% de las diarreas infantiles evoluciona favorablemente
sólo con prevenir y atender la deshidratación", según
el libro "Introducción a la medicina social y salud pública",
de Fernando M. Carras y Paúl H. Martínez, citado por CARE/international.
De esta forma, cuando su hijo sufra de diarrea lo recomendable es rehidratarlo
con suero oral, agua hervida, leche materna, agua de coco; además
de llevarlo a los centros de salud lo más pronto posible. Y si
la diarrea no se detiene, no se desespere, porque las virales pueden durar
hasta ocho días y la bacterianas aun más.
Lo importante es rehidratar a su hijo y no exponerlo al daño que
les podría causar algún curandero que se quita la responsabilidad
con la superstición.
Caída
de la mollera
En la cabeza de los recién nacidos
hay una parte redonda y blandita donde los huesos no están formados
completamente. Ésa es la mollera o fontanela, y normalmente se
cierra después de año o año y medio.
Muchas madres saben que su niño está en peligro si se le
cae o hunde la mollera, pero algunas no saben que es producto de la deshidratación
o pérdida de líquidos por una diarrea severa.
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El remedio casero que consiste
en "levantar la mollera" (succionándola, levantando el
paladar con el dedo y agarrando al niño por los pies y dándole
palmadas) no ayuda, sino que puede perjudicar los vasos sanguíneos
del cerebro del niño.
Lo que debe hacer es darle al niño más líquido del
que pierde, como suero de rehidratación, atoles aguados, tés,
sopas, agua sola pero hervida, leche de pecho, agua de coco, además
de llevarlo donde el médico.
Higiene
total
Las enfermedades diarreicas en El Salvador
son comunes, y para evitarlas es necesario tomar en cuenta lo siguiente:
o Hervir y clorar el agua para beber.
o Usar inodoros para realizar sus necesidades fisiológicas; mantenerlos
aseados y tapados.
o Lavarse las manos después de usar los servicios y antes de preparar
los alimentos.
o No permitir que los niños se lleven objetos a la boca.
o Proteger la comida y los trastos de las moscas y cucarachas, especialmente
las pachas de los niños.
o Si defeca en el suelo, cubrir el excremento completamente con tierra.
o Antes de darle pecho a su hijo desinfecte su pezón con un algodón
impregnado con agua tibia.
ANunca permita que hagan esto con su hijo, porque pueden
romperle los vasos sanguíneos del cerebro y producirle la muerte.
Mejor rehidrátelo con abundantes líquidos.
Algunos curanderos pasan un huevo en el cuerpo del
bebé enfermo para diagnosticar si tiene "ojo"; si la
clara sale cocida dicen que el niño tiene el mal.
Las pulseras de coral y de "ojo de venado"
no combaten los microbios que cargan las madres en las uñas. Cuando
ellas preparan los alimentos del pequeño o le tocan la boca, esos
microorganismos entran en el niño y los afecta con diarreas.
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