10 de junio de 2001

La vida del pescador no es fácil. Aparte de una escasa cosecha, enfrentan una serie de riesgos en su peregrinaje desde la playa hasta mar adentro.


Escríbanos

Como es usual, Julio Antonio Soriano se levantó temprano para zarpar justo a las cinco de la mañana de la Playa Costa Azul, en Sonsonate, rumbo a altamar. Su objetivo: capturar su mayor "marea" (pesca) que luego venderá a un comprador de Acajutla.
Por más de diez años, "don Tono", como es conocido entre sus vecinos, ha sostenido a su mujer y a sus cuatro hijos mediante la pesca que logra hacer cada día. Así, ha salido una vez más acompañado de un asistente, a bordo de su lancha de motor "Acajutla" y con objetos propios de su oficio: cuerdas, matata, hieleras, trasmallos, combustible, etc.

Cuando el sol se apresta a levantarse, Oswaldo y Marco Polo, dos de sus hijos, lo esperan en la playa. Él ha prometido regresar a las ocho de la mañana con un primer cargamento de pescado, aprovechará para desayunar y llevarse a Oswaldo a trabajar.
Después de una larga espera, don Tono aparece en su lancha, con varias libras de sardinas, un pez martillo y unos cuantos camarones. Un sorbo de café y escasos alimentos constituyen su desayuno; le encarga a su esposa la venta del pescado y retorna apurado a su lancha.

La razón de su prisa son los trasmallos que ha dejado colocados mar adentro, con los cuales espera capturar más peces. Según sus cálculos, recoger el producto no le llevará más de la una de la tarde.
Don Tono dice que desde el terremoto del 13 de enero la pesca ha estado mala y el invierno les dificulta un poco el trabajo, pero ese es su único medio de supervivencia. Por eso no desea que sus hijos desarrollen este oficio, porque la pesca, además de escasa, tiene mucha competencia y es arriesgada.
"La pesca cuando está buena es rentable, pero es muy peligrosa", reitera don Tono, un pescador experimentado, que hasta la mañana del viernes uno de junio no había sufrido accidente alguno.

 







Cuando retornaba al mar junto a su hijo Oswaldo, su lancha fue embestida por unas enfurecidas olas que se levantaban a pocos metros de la playa. Ninguno sufrió heridas o golpes graves, aunque el motor de la lancha se averió, lo que significa para estos pescadores varios días sin trabajar.

 

Don Tono y su hijo Oswaldo entraron al mar con su lancha "Acajutla", pero la furia de las olas estremeció la embarcación como una hoja de papel, levantándolos, descontrolando y volcando la nave. Oswaldo, al ser vencido por las olas, se tiró de la lancha mientras su padre cayó al agua. La esposa de don Tono observó el accidente y rápidamente otros pescadores brindaron ayuda para sacar la lancha.
Ellos resultaron con rasguños, y el motor sufrió daños leves. Su reparación costará 500 colones, y mientras lo reparan el trabajo estará detenido por varias semanas.




arriba
Click Click Click Click
Copyright 1995 - 2001. El Diario de Hoy
Derechos Reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin autorización escrita de su titular.
www.elsalvador.com