|


Inteligencia artificial se convirtió en una leyenda
de Hollywood. Siempre era citada como la siguiente película
del maestro Kubrick. Y él siempre salía con un tema diferente.
Cuando en 1969 se encontró con el cuento Los superjuguetes
duran todo el verano, donde Brian Aldiss abordaba el tema, no
dudó en adquirir los derechos. Comenzó a desarrollar la
historia, pero se negaba a rodar cámara al no contar con la tecnología
de efectos especiales que reflejaran su visión. Compartió
con Steven Spielberg notas, bosquejos y un esbozo de libreto de noventa
páginas. Después de un tiempo, Spielberg se las regresó
por no estar preparado para realizarla. Kubrick decidió esperar
por la tecnología adecuada.
En 1993 el mundo se sorprendió con los dinosaurios del Parque
Jurásico de Spielberg. Kubrick también. Anunció
que al terminar Ojos bien cerrados (1999), su siguiente
filme sería Inteligencia artificial, pero falleció
antes. Spielberg tomó como herencia el proyecto.
Los
eslabones de Kubrick
Kubrick siempre cuidó de encadenar
cada una de sus más íntimas películas, unas a otras.
Especialmente aquellas modernistas. Así, la última escena
Dr. Strangelove (1964), que temina con la hecatombe nuclear,
la une a 2001 (1968) mediante el amanecer de una civilización.
El final de 2001 con su embrión observado y observando
a la tierra, lo encadena al rostro del hijo de la sociedad del siglo
XXI, el violento Alex DeLarge de La naranja mecánica
(1971), quien nos mira a los ojos amenazantemente.
Al final, Alex es reeducado para integrarlo como hombre de bien a la
sociedad. Y esa imagen la encadena con la reeducación colectiva
de los jóvenes que se encaminan a Vietnam en Full metal
jacket (1987). Siempre entendió que la vida es un círculo
de generaciones tras generaciones. Y en Ojos bien cerrados,
la imagen final de la familia dentro de una jugetería, se encadena
con la familia del futuro de Inteligencia artificial que
trata de resolver el problema del rol de cada integrante de la familia
en la sociedad moderna.

Haley
Joel Osment es el protagonista de la película.
La agenda del
Siglo XXI
El tema principal que podría surgir
al darle una primera lectura a Inteligencia artificial,
toma la forma de las preguntas: ¿Quién es mejor, la máquina
o el hombre?, ¿es moralmente correcto crear seres artificiales?,
¿cuáles son las consecuencias de que el hombre juegue
a ser Dios? Esa es sólo la capa externa de esta película.
Ese es el tratamiento que la da Spielberg.
Y es válido y muy bien planteado, aunque no me parece que la
idea final sea la de ponernos a un ser artificial frente a nosotros
para mostrarnos nuestras virtudes y defectos.
Con
la computadora HAL en su Odisea 2001, Kubrick demostró
que la máquina es capaz de aprender las debilidades humanas.
El robot David de Haley Joel Osment (como comentario marginal quiero
decir que este niño prodigio merece ser premiado por la interpretación
de este personaje) es para Spielberg un moderno Pinocho. Un robot buscando
alcanzar la humanidad.
Es la historia del hombre frente al espejo. El David de Kubrick es el
espejo en el que veremos al hombre del nuevo milenio. Y todo lo que
le hagamos a él nos lo estaremos haciendo a nosotros. Miremos
los titulares de los periódicos para descubrir que los temas
de debate del hombre moderno son el derecho al aborto, la clonación,
las madres solteras, la inseminación artificial, el control natal,
la paternidad irresponsable. Y esos son los temas de los que aquí
habla Kubrick.
|
|
La odisea moral de Kubrick inicia cuando
una de las científicas pregunta al creador del robot ¿Qué
responsabilidad tienen los humanos con un robot (su creación)
que genuinamente aprende a amar? En un contexto cotidiano, ¿qué
responsabilidad tenemos los humanos cuando decidimos concebir un nuevo
ser con capacidad infinita de amar?
William Hurt es el profesor Allen Hobby (interesante, Hobby
es español significa pasatiempo), un científico que sueña
crear un robot capaz de amar.
Para este dios terrenal, el humanismo
es amor. Pero acá surge un problema ¿Qué es amor?
Él nos advierte que no lo confundamos con sensualidad, como esta
sociedad trata de seducirnos a creer. Nos dice lo que no es, pero como
creador nos deja a nosotros que descubramos lo que sí es el amor.
Entra en escena una familia cuyo hijo es mantenido en estado de coma.
El centro está decorado con personajes de fantasía de
hombres de otros siglos: los gemelos Tweedledee y Tweedledum de Alicia
en el país de las maravillas, confirmación de mi
propuesta de que el robot es nuestro espejo; el Rey desnudo del cuento
del Traje del Emperador.
Mónica, la madre, sufre por
la pérdida de su hijo, quien se encuentra en un vientre artificial
para prolongar su existencia. La solución del padre, quien trabaja
en Cybertronics, es llevar a casa el más avanzado juguete: un
niño robot casi real. Se pretende iniciar la robotización
de la familia.
El vientre responde fúricamente: No a la artificialidad. Mónica
no puede sustituir a su hijo con una máquina, pero el adorable
David se la gana y ella decide pasar la advertencia de no imprimirle
el código sino hasta estar segura de que desea adoptarlo como
hijo propio. De lo contrario, el pequeño David sería destruido.
La película está llena de detalles interesantes. Del techo
del cuarto de Martin cuelga un adorno compuesto por tres figuras, de
las cuales la de la madre tiene calada la figura de un corazón
subrayando el vacío que ella siente.

Steven
Spielberg es el creador de la cinta Inteligencia artificial.
Stanley Kubrick (derecha) fue quien la mentalizó.
El vientre como espacio de concepción
está presente en toda la película: la cama de Martin es
una especie de vientre artificial; la cápsula donde yace es otro
vientre y la nave donde termina David es otro vientre. Cada uno con
sus significados.
Cuando Mónica decide concebir a David como hijo suyo le imprime
el código. Es su decisión. Las tres últimas palabras
de la secuencia del código son: Mónica, David, Mónica.
Pero yo pienso: ¿En realidad la última debía ser
Mónica? No sería más apropiado Henry, el nombre
del esposo de Mónica, pero ella en un arrebato decide que David
la reconozca solo a ella como progenitora? David nunca llama padre a
Henry. Siempre llama mamá a Mónica.
El discurso moral, el reflejo que nos presenta Kubrick en este espejo
es el de las madres solteras que se hacen inseminar, dejando a un lado
la figura paterna. Y pronto nos señala las consecuencias. En
un inicio la relación es color de rosa, pero ante los problemas,
a la madre se le dificulta manejarlos por sí sola.
Las cosas se complican cuando se les notifica que Martin, el hijo, ha
despertado. El niño humano solo piensa en destrucción.
El niño máquina solo en amor. Pronto ambos personajes
son convertidos en los gemelos del cuento de Alicia, Tweedledee y Tweedledum,
quienes en un pasaje del libro discuten: Debemos tener una pelea,
pero no me importaría esperar, dice Dum. ¿Qué hora
es? Cuatro y media, le responde Dee. Pues peleemos a las seis. Y después
cenemos. David y Martin son Caín y Abel del futuro.
En la escena que desencadena la tragedia, David es acosado por unos
niños y por accidente cae a la piscina abrazando firmemente a
su hermano. El padre debe saltar para salvar a su hijo de ahogarse.
El encuadre es impresionante: David yace en el fondo de la piscina como
si se tratara de un embrión aterrado flotando en el vientre de
su madre. ¿La solución que propone el hombre? Deshacerse
del pequeño, llevarlo de regreso al laboratorio, entiéndase
hospital, para que sea destruido. Kubrick nos habla del aborto.
David es abandonado en un bosque sacado de la cinta de Spielberg de
1982 ET, el extraterrestre. Ahí pronto descubre que
las máquinas odiadas por los hombres son perseguidas por mercenarios
que montan un espectáculo de destrucción de las mecas,
como se les llama a los robots, frente a enardecidos humanos.
David se encuentra con Gigolo Joe, un robot hecho como máquina
sexual. Este es interpretado por Jude Law, otro que debería ser
nominado al óscar. David es abandonado con un osito de peluche
que se convierte en su conciencia, versión robótica del
Pepe Grillo de Pinocho.

|
|

El
David de Kubrick es el espejo en el que veremos al hombre del nuevo
milenio.
Gigolo Joe no es más que una extensión
postmoderna del Joe Buck creado por Jon Voight en la cinta de John Schlesinger
Vaquero de Medianoche (1969). Pero el nuevo gigolo ya no
es inocente. La máquina ha aprendido el oficio encomendado al
hombre. ¿Por qué en esa nueva sociedad el hombre necesita
sustitutos?, parece preguntarse Kubrick.
Cuando es abandonado, David descubre que solo será amado por
su madre cuando sea un niño de verdad. Esa será su misión.
Para ello emprende junto a Gigolo Joe y a un osito adorable un viaje
en busca del Hada Azul para que al igual que a Pinocho lo convierta
en un niño de verdad.
En una semejanza al Mago de Oz viajan a una ciudad de pecado.
Ya no es la fantasía inocente de Dorothy, acá es ir hacia
donde el modernismo parece llevarnos. Ciudad Rouge solo tiene dos oasis
en medio de los burdeles y ¿barras shows?: Una iglesia y un templo
del conocimiento donde todas las respuestas son contestadas. ¿Qué
camino tomará Kubrick? ¿El intelectual o el espiritual?
Acertaron, el primero.
Ahí un Einstein virtual le da las pistas para que David llegue
hasta el Hada Azul. En los confines de la tierra: la desolada Manhattan.
Más alto que las aguas y casi en los cielos, David parece llegar
al final de su jornada.
Cree que llega donde el Hada, pero en realidad son las oficinas donde
el profesor Hobby le espera emocionado, pues en su búsqueda y
a pesar que él mismo no lo puede ver, David se ha convertido
realmente en un niño de verdad al buscar por sí la consecución
de un sueño: ganarse el amor de su mamá.
Acá llegamos a una habitación
que recuerda a la del final de 2001: Odisea en el Espacio,
en donde el hombre se encuentra a sí mismo en sus diferentes
etapas. Acá David descubre que no solo es un robot, sino que
que no es único; es el primero de una serie de David que llegarán
a los hogares hambrientos de amor cibernético.
Estalla en furia y destruye a su reflejo, otro David que le estaba esperando.
Como el primate de 2001: Odisea en el Espacio, David da
muestras de ser humano cuando la inteligencia estalla en violencia.
David, quien solo quería ganarse el amor de su madre, ser único
para ella, descubre que no es más que la partícula inicial
de donde será clonado una vez y otra vez y otra vez.
En este final, David mira a través de una máscara del
que será el rostro de otro David. Las máscaras nuevamente
aparecen en el cine de Kubrick. Las vimos en La naranja mecánica
para ocultar el rostro de malhechores, en Ojos bien cerrados
para ocultar nuestro verdadero yo, y aparecen de nuevo en Inteligencia
artificial como máscara de modernismo, máscaras
ahora tecnológicas, que nos impiden ver que desde siempre hemos
sido niños de verdad. Creaciones únicas, irreemplazables
e indispensables para el equilibrio del desarrollo de la vida de todo
el universo.
La decepción lleva a David a suicidarse. Se tira de la cornisa
para caer a las profundidades del mar. Ese es el final de Kubrick. Spielberg
nos prepara un epílogo.
El epílogo de Spielberg
David es rescatado por Gigolo Joe, pero éste es atrapado por
la policía. Entonces David baja nuevamente en un helicóptero
hasta donde está sumergida el Hada azul, que no es más
que una estatua que había en el parque de la destruida Coney
Island. Por accidente la chicago gigante atrapa a David en una cápsula
otro vientre donde pasará por toda su existencia
pidiéndole al Hada que lo convierta en niño de verdad.

La
pelicula tiene excelentes
efectos especiales
Pasan dos mil años, la misma cantidad
que se supone nuestra civilización ha pasado. Los mares han congelado
a David dentro de la cápsula, nuevamente referencia al congelamiento
de embriones humanos, siendo rescatado por seres extraterrestres como
los de Encuentros cercanos que comunican a David que él
es único, pues en su memoria guarda toda la información
de la desaparecida raza humana. Ellos en recompensa lo convierten en
niño de verdad, resucitando a su madre y dándole un último
día en donde experimentará todo el amor de una madre.
Final feliz com moraleja profunda: Cada uno de nosotros somos únicos,
nuestro código genético preservará nuestra raza.
Que somos un eslabón que debe unir generación con generación.
Pero sobre todo que perseguir nuestros sueños sin desfallecer
es lo que al final nos hace seres humanos.Kubrick aportó una
historia poderosa y Spielberg una dirección impecable y un final
original, semejante al de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo..
|