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Alicia Cabrales de Whan, otra mujer salvadoreña
con una historia que contar; una vida ejemplar llena de mucha determinación
y valor, cuyas cualidades excepcionales la elevan a la categoría
de heroína.
Casada con Kurt Whan, quien durante los días de la Segunda Guerra
Mundial fue deportado a Alemania y ella tuvo que elegir si quedarse
a salvo con sus tres hjios o seguir a su esposo. Alicia decidió
acompañarlo y de esta forma, al lado de sus hijos afrontó
un destino incierto, el mismo destino que afrontaron otras tantas familias
alemanas que corrieron la misma suerte.
Primero fueron llevados a Cristal City (Texas, Estados Unidos) y de
allí reembarcados a Europa para ser canjeados por prisioneros
de guerra en poder de Alemania.
Alicia, sus hijos y su esposo entraron al infierno y vivieron la pesadilla
de la guerra cuando la werhmatch (fuerzas armadas de Alemania)
estaba casi derrotada, cuando los aliados usaban procedimientos de la
guerra de atrición (The atrition war) para desmoralizar
al enemigo, como fueron los bombardeos indiscriminados que no eran objetivos
militares, sino blancos civiles, como sucedió posteriormente
contra Japón con el lanzamiento de la bomba atómica sobre
Nagasaki e Hiroshima.
En Alemania era una lluvia constante de proyectiles sin tregua ni misericordia
que marcaba el incierto vivir de cada día entre cientos de cadáveres
y cuerpos sepultados bajo los escombros, sin más auxilio que
la fuerza moral de esperar la muerte de un momento a otro, sin alimentación,
agua, luz, calefacción, etc.
La desesperación entre lo
indescriptible de la destrucción, donde los gritos de pavor,
dolor y angustia se combinaban con el llanto de los niños y se
modulaba con el sonido de las sirenas; facilis descensus averno,
en palabras del poeta Virgilio; la lucha por apagar los incendios y
al final de ese
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holocausto, cuando terminó la pesadilla,
el comienzo del éxodo: unos que se desplazaban de un lugar a
otro buscando familiares y amigos, y otros que requerían transporte
para retornar a sus lugares de origen, y Alicia que rogaba a Dios no
quedar atrapada con su familia detrás de las líneas soviéticas.
Todo esto y más nos cuenta
de una forma sencilla en su libro Prisioneros de una guerra ajena,
obra patrocinada por la Embajada de Alemania y editada por Clásicos
Roxsil, que desde luego es una invitación para aquellos que tienen
contacto con los medios del séptimo arte, motion pictures
o como se llamen, porque estoy seguro de que la obra de Alicia Cabrales
de Whan, una vez dada a conocer llenará de mucho orgullo a El
Salvador, porque no solo se trata de una faceta de una mujer heroica,
sino también de la contribución que hizo al país,
porque una vez que realizó el difícil retorno, sin mayores
recursos económicos y con mucho esfuerzo, logró con ayuda
de su esposo fundar la librería Cultural Salvadoreña para
que estudiantes de ayer, profesionales en formación y público
en general encontraran una fuente de conocimiento.
Alicia, como otras Alicias, Juanas y Marías, con una historia
que contar y que no salieron del país de las maravillas, sino
de este país de Centro América.
La autora nos da un ejemplo de vida, lucha, determinación, abnegación
y fuerte carácter moral que bien merece el reconocimiento nacional
e internacional.
Ficha
técnica
Obra: Prisioneros
de una guerra ajena.
Editorial:
Clásicos Roxsil.
Páginas:
177.
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Soledad
Claudia Marina Callejas
Mi eterna compañera
que asusta y me deprime,
que tortura y me cohíbe,
y que en mi alma escribe,
el temor que me embiste.
Una mala consejera
en los momentos de tristeza,
pero de vez en cuando acierta,
a seguir consejos que llenan.
Es la luz que me impulsa,
a seguir ese pequeño sendero,
labrando un camino,
incierto como mi destino.
Mi eterna compañera
que me alegra y me llena,
que me hace sonreír sin pena,
y me enseña lo buena que puede ser la vida,
teniéndola a ella como mi mejor amiga.
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