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Interior
del restaurante
La cocina de mi abuela.
En las montañas de Ahuachapán
y Sonsonate se esconden varios lugares mágicos, que cada fin
de semana son descubiertos o revisitados por cientos y hasta miles de
turistas.
Sitios donde el imperio del café reina todavía en todo
su esplendor y que ahora sus propietarios debaten entre conservar los
cafetales o introducir cultivos más rentables. Pero mientras
la decisión llega, las plantaciones de café todavía
presentan esa imagen atractiva de montañas cubiertas por el verde
oscuro, surcadas por los madrecacaos que las protegen.
Entre estos cerros, que son besados por la niebla, se ocultan los pueblos
que forman parte de la Ruta de las Flores. Originalmente
son cinco: Nahuizalco, Salcoatitán, Juayúa, Apaneca y
Concepción de Ataco.
Cada uno de estos poblados tiene sus propios atractivos, aunque algunos
lo han fomentado y desarrollado más que otros, todos tienen algo
que ofrecer al visitante, ya sean las artesanías de Nahuizalco,
el balneario de Atzumpa en Concepción de Ataco y los festivales
gastronómicos de fines de semana como los de Juayúa.
También están las lagunas y los acogedores restaurantes
de Apaneca o la iglesia de estilo colonial de Salcoatitán, entre
otros lugares de interés.

Balneario
de Atzumpa, que en nahuat significa Lugar de
zompopos acuáticos
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Pueblo
a pueblo
En un viaje programado por la empresa Representaciones y Promociones
Comerciales (RPC) hacia la Ruta de las Flores se realizó una
trayectoria turística que comenzó en Concepción
de Ataco.
En este lugar se visitó las piscinas de Atzumpa, que en nahuat
significa Lugar de zompopos acuáticos, según
datos que proporcionó Lourdes de Arriola, empleada de la Alcaldía
de Concepción de Ataco.
Atzumpa tiene sólo dos piscinas, una de ellas alcanza los cuatro
metros de hondo, y la otra es para los niños.
El agua helada que llenan las piscinas nace de los cerros cubiertos
de una espesa vegetación, donde hay senderos que llevan a lugares
interesantes, como una pared rocosa que llora en invierno y verano,
y donde los pájaros trinan cantos melancólicos y arrulladores.
Este lugar de casi diez manzanas tiene cinco años de haber sido
abierto al público por iniciativa del concejo.
En la actualidad recibe alrededor de 1,500 visitantes mensuales, asegura
el cobrador municipal don José Luis Ascencio Rivera.
No obstante la popularidad que tiene, aquí hace falta más
inversión para mejorar el servicio a los visitantes.
Es necesaria la construcción de los desvestideros, de glorietas,
así como de nuevos servicios sanitarios.
Un kilómetro hacia el sur está el centro del pueblo, donde
destaca el taller de Diseño Contemporáneo (DICONTE), que
ofrece telas, carteras y bolsos hechos con textiles fabricados en telares
de estilo colonial.
Aquí se encuentra también el escultor de obras religiosas
Miguel Agustín Jiménez, quien desde hace 30 años
labra las maderas de cedro, nogal, conacaste y caoba.
Después de Ataco se llega a Apaneca, donde el restaurante La
cocina de mi abuela es un lugar encantador que mezcla lo histórico
con la buena comida; pero si prefiere comer más barato puede
ir al mercado municipal, donde ofrecen mucha variedad de comida.
Juayúa es el siguiente punto a visitar, donde se adora el Cristo
Negro, se disfrutan los chorros de la calera y se degustan sabrosos
platillos con las ferias gastronómicas.
Salcoatitán sirvió de paso para llegar a Nahuizalco, donde
la artesanía y los muebles finos cautivan a los visitantes. En
este lugar las vendedoras del mercado atienden desde las 8:00 a.m. hasta
las 10:00 p.m.
En realidad un día o tan solo un viaje no es suficiente para
conocer las bellezas escondidas de la Ruta de las Flores.
No obstante, la invitación queda hecha, visite esos sitios y
conozca porqué les decimos lugares mágicos.
La Corporación
Salvadoreña de Turismo (Corsatur) brinda asesoría para
los empresarios del turismo,
ya sea en hotelería, alimentación o transporte.
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Ermita
de Concepción de Ataco, que en nahuat significa Lugar de
elevados manantiales.
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Atzumpa
La leyenda El cangrejo encantado fue proporcionada
por Lourdes de Arriola, de la Alcaldía de Ataco.
Ataco ha sido famoso por ser cuna de brujos, pero también
por sus mujeres bellas.
Cuentan los ancianos que hace mucho tiempo una de estas lindas
jovencitas era admirada por todos los brujos, que querían
desposarla, pero ella no hacía caso a ninguno.
Entonces los hechiceros, molestos por el desprecio, dijeron: En
venganza porque a ninguno de nosotros nos quiere, haremos un hechizo
para que no sea de nadie y sólo nosotros podamos verla.
Un día la muchacha se fue a lavar al río. Ella acostumbraba
a lavar en la parte baje del río, pero esa vez caminó
hasta la cueva de la Virgen, donde nacía agua.
Los brujos se escondieron entre la espesa vegetación y
al verla le salieron al paso.
No le permitieron huir y todos agitaron sus chilillos curados
y le dijeron: De castigo por despreciar nuestro amor, desde
hoy y para siempre te convertirás en un cangrejo, pero
serás de oro, porque eres nuestro tesoro, y nadie, aparte
de nosotros, te podrá ver.
Pero los brujos no contaron que los de corazón puro también
pueden ver al cangrejo.
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Vista
panorámica del centro de Juayúa cubierta parcialmente
por la neblina.
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