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Las
imágenes de San Antonio en bulto, en cuadros de madera y de metal
se comercializan en los alrededores de la iglesia.
San Antonio es milagroso, yo a él
le pido todo, hasta que me ayude a encontrar las medicinas que pierdo,
asegura Isabel viuda de Arévalo, de 88 años. Su mirada
profunda y brillante se eleva para contemplar al santo de los necesitados.
La claridad de la tarde penetra por las ventanas del templo y alumbra
la cara del icono, que ha trascendido las fronteras. De él se
dice que cura a los enfermos, obsequia pareja a los solteros, ayuda
a realizar viajes, negocios y todo lo que se le pida.
Ese patrono milagroso es quien sanó a la hija de Mirna Hernández
(nombre ficticio). Ella recuerda los días aciagos que vivía
cada vez que su niña convulsionaba. Una tarde, en medio de la
angustia hizo una promesa a San Antonio.
Si usted sana a mi pequeña le voy a colocar un cuerpecito,
expresó la madre angustiada en aquella ocasión. La respuesta
no se hizo esperar, y así como cuando era una infante y acompañaba
a su abuelita para practicar esta creencia, dejó en el altar
del santo la figura de una niña.
Los cuerpecitos de estearina son ofrecidos por los fieles
al patrono de los prodigios cuando han recibido de él algún
milagro o sanación de enfermedades. No existe una fecha exacta
del surgimiento de esa tradición, pero según la historia
oral, se ha mantenido por varias generaciones.
En los alrededores de la iglesia se encuentran ubicadas las ventas de
estos pequeños objetos de color amarillo. Se ofrecen piernas,
manos, corazones, ojos, brazos, cabezas, orejas y todos los miembros
del cuerpo donde los creyentes puedan sentir su mal.
Si una persona padece del corazón y le pide con mucha fe a San
Antonio que lo sane, al recibir el favor compra un corazoncito de esterina
y se lo ofrece al artífice del milagro. Aquí vendemos
todos los miembros, comenta Vilma González, de 17 años,
quien ha heredado este negocio de su abuela.

Vilma Gómez,
de 17 años, se dedica a vender los tradicionales cuerpecitos
de esterina.
El altar del fraile milagroso siempre
permanece abarrotado de coloridas flores y de cuerpectios
de
estearina. Creyentes
de todas las edades mantienen viva esta creencia religiosa.
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Creencia
y negocio
Gregoria Ramos, de 55 años, se dedica a la venta y a la elaboración
de cuerpecitos y candelas de estearina desde hace 40 años.
Este trabajo, que para algunos pareciera insignificante, le ha servido
para costear el estudio de sus cuatro vástagos.
Desde los 15 años empecé con este oficio y ahora
mis hijos ya son profesionales, refiere Gregoria. Para ella y
para muchas otras vendedoras de los alrededores de la iglesia, esta
costumbre ha sido beneficiosa económicamente.
Esta artesana de los agradecimientos cuenta que para elaborar los cuerpecitos
se coloca la estearina derretida en moldes de barro (cada uno posee
la forma de las diferentes partes del cuerpo), se escurren y se ponen
en agua para sacar los miembros ya formados.
Cuando los pequeños objetos amarillos se han endurecido se colocan
en canastos y se exhiben a los visitantes para que elijan el cuerpecito
que deseen, de acuerdo al lugar donde San Antonio puso su mano prodigiosa.
Gregoria hace una comparación de los precios de los cuerpecitos
en relación con el tiempo. Hace 40 años, cuando ella inició
con el negocio, se vendían a 25 centavos cada uno, mientras que
ahora se comercializan a dos colones por unidad.
Martes, sábados y domingos son los días preferidos para
visitar la localidad. Religiosos provenientes de todos los rincones
del país y hasta de Estados Unidos, México y Guatemala
se acercan para poner en las manos del santo de los milagros sus problemas
y enfermedades.
Cómo agradecerle
Para agradecer los favores recibidos, los creyentes ofrecen al patrono
cuadros o pinturas donde hacen un relato del problema que sufrían
y la forma como él se los resolvió. Estos obsequios reciben
el nombre de gratitudes y son colocados en una de las paredes
del convento.
En esa pared despintada y agrietada por los efectos de los últimos
terremotos desfilan los más variados testimonios. Niños
que superaron los efectos de un aparatoso accidente, hombres que fueron
liberados de las rejas, ancianas que ya no necesitaron de una operación
para curarse.
Yo me encontraba preso en los años 1988 y 1989, entonces
le pedí a San Antonio del Monte que me hiciera el milagro y me
pusiera en libertad. Así lo hizo, por eso, para cumplir mi promesa
presento ante ustedes este caso. Así se lee en alguna de
las gratitudes escritas por los creyentes.
Otras dicen: Gracias San Antonio por habernos permitido domesticar
estos novillos tan tremendos y caprichosos, Gracias querido
San Antonio por haber salvado a mi hijo de una enfermedad.
En el libro Exploración etnográfica de Sonsonate,
una investigación financiada por el Museo Nacional David
J. Guzmán se menciona que también existen otras
formas de dar las gracias a este santo milagroso.
Algunas personas ofrecen candelas, cuerpecitos de estearina
que representan las partes del cuerpo sanadas y objetos de plata y de
oro. Otras traen candelas para encenderlas en el templo, pero al concluir
la visita se las llevan para guardarlas como reliquias de San Antonio.
Y no faltan quienes acarrean pañuelos para frotarlos en el camerín
de la imagen, listones, estampas y agua para que se las bendiga el sacerdote
de la iglesia. El segundo día de la semana es denominado martes
de San Antonio, porque es el preferido por los devotos para efectuar
la visita.
Frecuentar a este fraile poderoso y agradecerle por las maravillas recibidas
es una de las creencias más significativas de este municipio.
Las flores y los cuerpecitos de estearina nunca faltan en
el altar del patrono de los milagros.
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Una
fiel devota de San Antonio coloca un cuerpecito al fraile
que
siempre escucha sus ruegos y sus peticiones.
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Leyenda
de un santo
Cierto día, unos indígenas a
serraban madera en una
hacienda.
De
repente encontraron en un trozo de árbol de cedro la imagen
de un hombre de tez blanca vestido de fraile.
De inmediato la noticia llegó a oídos de la ama
de la hacienda, quien al llegar al lugar reconoció la imagen
del santo de su devoción: San Antonio de Padua.
Ella hizo algunos intentos por retirar la imagen de la finca,
pero todos sus esfuerzos resultaron infructuosos; más tardaba
en retirar la estampa que en aparecer de nuevo en el lugar.
La iglesia interpretó aquellas apariciones como un mensaje
claro del cielo. La imagen debería permanecer allí
y por eso se ordenó la construcción de una ermita
que comenzó en 1733 y que concluyó el 4 de agosto
de 1740.
Para
los habitantes de la zona, ese santo vestido de fraile se convirtió
para siempre en el milagroso San Antonio del Monte.
Cuna
de prodigios
Las creencias
religiosas se han convertido en la principal atracción de
este municipio.
San
Antonio del Monte se encuentra a un kilómetro al oeste
de la cabecera departamental. Fue fundado en el siglo XVIII por
los frailes del convento de Santo Domingo de Sonsonate.
Constituye
uno de los centros religiosos más importantes en el país,
debido a los prodigios que se atribuyen a San Antonio y al poder
curativo de las aguas del río Los Milagros.
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Vista
del templo que alberga al
santo de las maravillas.
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