9 de junio 2002

En San Antonio del Monte, Sonsonate, las creencias
religiosas florecen como los campos en primavera. Ofrecer “cuerpecitos” de
estearina al santo patrono por los milagros recibidos es sólo una de ellas.


Escríbanos

Las imágenes de San Antonio en bulto, en cuadros de madera y de metal se comercializan en los alrededores de la iglesia.

San Antonio es milagroso, yo a él le pido todo, hasta que me ayude a encontrar las medicinas que pierdo”, asegura Isabel viuda de Arévalo, de 88 años. Su mirada profunda y brillante se eleva para contemplar al santo de los necesitados.
La claridad de la tarde penetra por las ventanas del templo y alumbra la cara del icono, que ha trascendido las fronteras. De él se dice que cura a los enfermos, obsequia pareja a los solteros, ayuda a realizar viajes, negocios y todo lo que se le pida.
Ese patrono milagroso es quien sanó a la hija de Mirna Hernández (nombre ficticio). Ella recuerda los días aciagos que vivía cada vez que su niña convulsionaba. Una tarde, en medio de la angustia hizo una promesa a San Antonio.
“Si usted sana a mi pequeña le voy a colocar un cuerpecito”, expresó la madre angustiada en aquella ocasión. La respuesta no se hizo esperar, y así como cuando era una infante y acompañaba a su abuelita para practicar esta creencia, dejó en el altar del santo la figura de una niña.
Los “cuerpecitos” de estearina son ofrecidos por los fieles al patrono de los prodigios cuando han recibido de él algún milagro o sanación de enfermedades. No existe una fecha exacta del surgimiento de esa tradición, pero según la historia oral, se ha mantenido por varias generaciones.
En los alrededores de la iglesia se encuentran ubicadas las ventas de estos pequeños objetos de color amarillo. Se ofrecen piernas, manos, corazones, ojos, brazos, cabezas, orejas y todos los miembros del cuerpo donde los creyentes puedan sentir su mal.
Si una persona padece del corazón y le pide con mucha fe a San Antonio que lo sane, al recibir el favor compra un corazoncito de esterina y se lo ofrece al artífice del milagro. “Aquí vendemos todos los miembros”, comenta Vilma González, de 17 años, quien ha heredado este negocio de su abuela.

Vilma Gómez, de 17 años, se dedica a vender los tradicionales “cuerpecitos” de esterina.

El altar del fraile milagroso siempre
permanece abarrotado de coloridas flores y de “cuerpectios” de
estearina. Creyentes
de todas las edades mantienen viva esta creencia religiosa.

 

Creencia y negocio

Gregoria Ramos, de 55 años, se dedica a la venta y a la elaboración de “cuerpecitos” y candelas de estearina desde hace 40 años. Este trabajo, que para algunos pareciera insignificante, le ha servido para costear el estudio de sus cuatro vástagos.
“Desde los 15 años empecé con este oficio y ahora mis hijos ya son profesionales”, refiere Gregoria. Para ella y para muchas otras vendedoras de los alrededores de la iglesia, esta costumbre ha sido beneficiosa económicamente.
Esta artesana de los agradecimientos cuenta que para elaborar los “cuerpecitos” se coloca la estearina derretida en moldes de barro (cada uno posee la forma de las diferentes partes del cuerpo), se escurren y se ponen en agua para sacar los miembros ya formados.
Cuando los pequeños objetos amarillos se han endurecido se colocan en canastos y se exhiben a los visitantes para que elijan el “cuerpecito” que deseen, de acuerdo al lugar donde San Antonio puso su mano prodigiosa.
Gregoria hace una comparación de los precios de los cuerpecitos en relación con el tiempo. Hace 40 años, cuando ella inició con el negocio, se vendían a 25 centavos cada uno, mientras que ahora se comercializan a dos colones por unidad.
Martes, sábados y domingos son los días preferidos para visitar la localidad. Religiosos provenientes de todos los rincones del país y hasta de Estados Unidos, México y Guatemala se acercan para poner en las manos del santo de los milagros sus problemas y enfermedades.
Cómo agradecerle
Para agradecer los favores recibidos, los creyentes ofrecen al patrono cuadros o pinturas donde hacen un relato del problema que sufrían y la forma como él se los resolvió. Estos obsequios reciben el nombre de “gratitudes” y son colocados en una de las paredes del convento.
En esa pared despintada y agrietada por los efectos de los últimos terremotos desfilan los más variados testimonios. Niños que superaron los efectos de un aparatoso accidente, hombres que fueron liberados de las rejas, ancianas que ya no necesitaron de una operación para curarse.
“Yo me encontraba preso en los años 1988 y 1989, entonces le pedí a San Antonio del Monte que me hiciera el milagro y me pusiera en libertad. Así lo hizo, por eso, para cumplir mi promesa presento ante ustedes este caso”. Así se lee en alguna de las “gratitudes” escritas por los creyentes.
Otras dicen: “Gracias San Antonio por habernos permitido domesticar estos novillos tan tremendos y caprichosos”, “Gracias querido San Antonio por haber salvado a mi hijo de una enfermedad”.
En el libro “Exploración etnográfica de Sonsonate”, una investigación financiada por el Museo Nacional “David J. Guzmán” se menciona que también existen otras formas de dar las gracias a este santo milagroso.
Algunas personas ofrecen candelas, “cuerpecitos” de estearina que representan las partes del cuerpo sanadas y objetos de plata y de oro. Otras traen candelas para encenderlas en el templo, pero al concluir la visita se las llevan para guardarlas como reliquias de San Antonio.
Y no faltan quienes acarrean pañuelos para frotarlos en el camerín de la imagen, listones, estampas y agua para que se las bendiga el sacerdote de la iglesia. El segundo día de la semana es denominado “martes de San Antonio”, porque es el preferido por los devotos para efectuar la visita.
Frecuentar a este fraile poderoso y agradecerle por las maravillas recibidas es una de las creencias más significativas de este municipio. Las flores y los “cuerpecitos” de estearina nunca faltan en el altar del patrono de los milagros.

 

Una fiel devota de San Antonio coloca un “cuerpecito” al fraile que
siempre escucha sus ruegos y sus peticiones.

Leyenda de un santo

Cierto día, unos indígenas a
serraban madera en una
hacienda.

De repente encontraron en un trozo de árbol de cedro la imagen de un hombre de tez blanca vestido de fraile.

De inmediato la noticia llegó a oídos de la ama de la hacienda, quien al llegar al lugar reconoció la imagen del santo de su devoción: San Antonio de Padua.

Ella hizo algunos intentos por retirar la imagen de la finca, pero todos sus esfuerzos resultaron infructuosos; más tardaba en retirar la estampa que en aparecer de nuevo en el lugar.

La iglesia interpretó aquellas apariciones como un mensaje claro del cielo. La imagen debería permanecer allí y por eso se ordenó la construcción de una ermita que comenzó en 1733 y que concluyó el 4 de agosto de 1740.

Para los habitantes de la zona, ese santo vestido de fraile se convirtió para siempre en el milagroso San Antonio del Monte.


Cuna de prodigios
Las creencias religiosas se han convertido en la principal atracción de este municipio.

San Antonio del Monte se encuentra a un kilómetro al oeste de la cabecera departamental. Fue fundado en el siglo XVIII por los frailes del convento de Santo Domingo de Sonsonate.
Constituye uno de los centros religiosos más importantes en el país, debido a los prodigios que se atribuyen a San Antonio y al poder curativo de las aguas del río “Los Milagros”.

Vista del templo que alberga al
santo de las maravillas.

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