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Los
estantes de las librerías y en especial los que contienen
libros de terror están atestados de los exitosos Best
seller de Stephen King. La mayoría de sus obras
(muchas llevadas a la pantalla) son los thriller
de espanto más taquilleros del cine moderno.
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The green mile
(La milla verde), por ejemplo, es un drama
misterioso, pero más que terrorífico es
un relato sobre acontecimientos paranormales divinos,
que recaen en los hombros de John Coffey, un condenado
a la silla eléctrica en una vieja prisión
estatal allá por 1932.
La obra, dividida en seis partes, relata detalladamente
una noche de pesadilla de Stephen King acerca del camino
que recorren los condenados a muerte, en especial los
que van a la silla eléctrica en la prisión
de Cold Mountain.
La historia está narrada en primera persona a
través del personaje Paul Edgecombe, el jefe
de La milla verde, donde el piso linóleo
ve pasar a todos los prisioneros rumbo a su ejecución,
un ritual que él mismo compara con sus últimos
días de vejez en un asilo, donde de igual manera
los conducen por los pasillos de la muerte. Un rasgo
interesante de esta obra es la impresionante descripción
de lugares, expresiones y milagros.
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Cuando lea este libro se
encontrará con un caso donde la única
explicación está en la fe, pero respirará
ambientes tan extraños y estimulantes, con menos
horror que los que acostumbra a abordar King.
Otro detalle que destaca es su inminente crítica
a los crímenes que se cometieron, bajo el manto
de la justicia y de la venganza. Y al igual que en una
pesadilla, el escritor se traslada en el tiempo, cuantas
veces puede, para ultimar detalles sobre los sucesos
que no contó anteriormente, como si la memoria
de un anciano reviviera una y otra vez.
Un viejo que ahora recuerda los milagros de un inocente
condenado, un villano asesino, un carcelero inhumano,
el sadismo de la justicia en un camino largo y doloroso
hacia la muerte, por el que todos tendremos que pasar.
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El drama, que tituló Las
cenizas de Angela, no es más que una briografía
familiar, donde destaca las penurias de su madre Ángela,
de su padre alcohólico y sus hermanitos, tres de los
cuales murieron en la miserable vida que sus progenitores
les construyeron.
Nadie puede imaginarse que lamer los periódicos llenos
de salsa y manteca mitigaron el hambre de McCourt y sus hermanos
en muchas ocasiones.
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Muchas
veces es difícil recordar la infancia, especialmente
cuando es trágica y miserable. Esa es la historia que
envuelve al irlandés Frank McCourt al escribir este
libro, después de una clase de literatura y no sin
antes derramar muchas lágrimas.
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La historia se rescata
en los muelles de Nueva York, donde McCourt narra el
olor, los barcos, pero en especial los bares donde su
infancia se gestó, en los amoríos desordenados
de sus padres.
El drama continúa en la tierra de su padre, en
Limerik, Irlanda, pueblo donde finalmente terminó
de destruirse el fructífero mundo de los McCourt.
Al sumergirse en los primeros dos capítulos encontrará
una narración llena de cuadros desgarradores,
donde un niño recuerda, sesenta años después,
el milagro de seguir viviendo. Sin duda un privilegio
obsequiado por la soberbia de su madre, a quien finalmente
agradece sus desventuras.
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Sus aventuras están
continuamente inmersas en la responsabilidad de asumir
la paternidad en casa, debido al alcoholismo de su padre.
Este es un drama patético que podría arrancar
las lágrimas de muchos, y al leer con atención
encontrarán a un Frank decidido a no abandonar
este mundo.
Frank McCourt dedica sus días a la enseñanza
de la escritura, una pasión que le dio la oportunidad
de sumergirse en el infierno y saltar a la gloria después
de servir entre las tropas norteamericanas, de donde
también rescata algunas historias; bueno, en
realidad penurias.

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