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Una fuente anónima alertó a
los periodistas del The Boston Globe en noviembre del año
pasado, en Massachusets, Estados Unidos, para que indagaran sobre la vida
de Joseph J. Ellis, un historiador muy respetado en la nación norteamericana
por sus libros que han estado entre los más vendidos.
El periódico había publicado en esos días un artículo
sobre el reciente libro de Ellis, de 57 años, y catedrático
en Mount Holyoke College, en South Hadley, al oeste de Boston. La fuente
negaba que hubiera combatido en Vietnam, tal como lo había señalado
en la entrevista con el Globe.
Pero fue hasta finales de mayo de este año que Walter V. Robinson
profundizó en la investigación periodística ante
el anuncio de que Ellis había ganado el Premio Pulitzer en Historia
por su libro Founding Brothers: The Revolutionary Generation
(Los Hermanos Fundadores: la Generación Revolucionaria).
Al examinar los registros militares y entrevistar a amigos de Ellis de
los años 60, Robinson descubrió que en efecto, Ellis nunca
estuvo en Vietnam y había mentido también a sus estudiantes
universitarios, a quienes les había hecho creer sus impresionantes
anécdotas de hombre de guerra.
En lugar de pelear en Vietnam, Ellis se encontraba estudiando dos maestrías
y un doctorado en la Universidad de Yale y posteriormente dando clases
de historia en la Academia Militar de West Point, en Nueva York. Aunque
sí prestó servicio militar en alguna época de su
vida, nunca participó en protestas en contra de la guerra ni fue
activista de los derechos civiles, tal como lo decía.

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Robinson, editor y periodista con 27 años
de experiencia, señala que le llevó tres semanas completar
el artículo. Una vez listo, los abogados del periódico revisaron
el contenido para estar seguros de que no incurrirían en ninguna
falta ética.
No había otra salida, la noticia tenía que ser publicada
porque se trataba, en primer lugar, de una figura pública, y segundo,
porque el profesor había dado falsas declaraciones a los medios
de comunicación y a sus mismos alumnos.
Tendré que sufrir las consecuencias de esto, dijo Ellis
durante una breve conversación con Robinson, antes de la publicación
del 18 de junio.
Y así fue. La universidad investiga los hechos y decidirá
si debe continuar dando clases como lo ha hecho en los últimos
29 años; Ellis, por su parte, ha decidido que ya no dará
la popular clase sobre Vietnam.
Haber traído a la luz pública un episodio como este tampoco
fue fácil para Robinson. No hay alegría en esta clase
de historias. Me entristece, aunque no hay duda de que el profesor Ellis
es responsable de que se tenga que hacer esto del conocimiento público,
dijo a Hablemos.
Nosotros (el periódico) no lo juzgamos; sus colegas lo hacen
y el público también. Nuestro trabajo es reportar la historia;
dejaré que otros lo juzguen, agregó.
La lección de este capítulo, según Robinson, es que
los periodistas no deben tomar como cierto todo lo que la gente les dice
y estar dispuestos a profundizar en los hechos.
Para el Dr. Bruce L. Plopper, profesor de Periodismo de la Universidad
de Arkansas en Little Rock, es común que la gente exagere sus experiencias
y lo que hizo Ellis es el resultado de un mal juicio.

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Opina que más daño se hace
al periodismo, como cuando Mike Barnicle, quien trabajaba en el Globe,
renunció el año pasado porque se descubrió que había
publicado falsos hechos en sus columnas.
Plopper, además, hizo referencia a un comentario de un siquiatra
en la radio, quien decía que algunas personas que se hacen famosas
creen que tienen que exagerar su vida pasada para ponerse a la altura
de lo que otros creen como deben ser.

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