4 de agosto 2002


Los maestros con discapacidad son un valiente sector laboral formal e informal,
lleno de muchas barreras. Ellos esperan que cambiemos nuestra visión hacia
ellos y sobre todo que aprendamos las brillantes lecciones que nos brindan.


La cultura salvadoreña trata a la persona con discapacidad en forma paternalista.

Cuántos maestros discapacitados existen en el país y cuáles son sus principales necesidades y que tanto están siendo discriminados en la sociedad? Las respuestas a estas interrogantes se descorren a voz de los mismos afectados.
José Pilar Reyes es maestro con 14 años de experiencia en educación especial y labora en el Centro de Parálisis Cerebral incorporado al Instituto Salvadoreño de Rehabilitación de Inválidos (ISRI). Ahí tiene a cargo niños dentro del programa terapia educativa, que les ayuda a la comprensión verbal, al cálculo de atención y de estimulación temprana.
A sus 42 años y con una lesión medular que le obliga a andar en silla de ruedas es un profesor dinámico. Él nos descorre parte de su vida.
“Para ser maestro tuve que pasar grandes odiseas. Una de ellas es que hace más de una década yo vivía en la colonia Costa Rica y viajaba para la universidad en mi silla de ruedas todos los días. Como no tenía vehículo y los autobuses no están condicionados para transportar personas como yo, me tocaba ir por toda la calle hasta el centro educativo ubicado en la Roosevelt. Por suerte, esta peregrinación se terminó cuando me gradué como licenciendo en Educación Especial (1987) y conseguí trabajo rápido. Esto gracias a que estudié con financiamiento de educrédito.
“Se me dio prioridad no por mi discapacidad, sino porque en el momento estaba endeudado con educrédito. Esa fue mi salvedad de obtener de inmediato la plaza. Y es que el país cuenta con una crisis laboral que es de conocimiento de todos los salvadoreños, pero no todos optamos a tener un trabajo”, sostiene Pilar Reyes
Según este profesor, si un discapacitado va a competir con personas “normales”, es un hecho que no le van a dar la plaza a aquel, todo porque nuestra sociedad tiene la imagen de que la persona con limitantes no es capaz. Es decir que observan a simple vista la discapacidad de la persona; por ejemplo, si es un ciego, ven que no puede ver, pero no detectan las capacidades que tiene para desempeñarse. Lo mismo pasa con un sordo; lo primero que van a percibir es que no escucha, pero detrás de esa sordera hay una persona capaz de realizar actividades igual o mejor que otras personas.

El sector con ceguera es de los más discriminados en la sociedad salvadoreña.

Víctima de la indiferencia

A nivel estatal ninguna institución conoce el número exacto de discapacitados, ya que no hay un registro actualizado para determinar su cantidad. En 1992, la Dirección de Estadísticas y Censos presentó, por primera vez, cifras nacionales de la población con discapacidad, estimándose en 1.6% de la población total, es decir 81,721 personas.
Estos datos subestiman a la población con discapacidad, ya que el censo sólo registró la población con impedimento físico, sin tomar en cuenta todos los tipos de discapacidad, incorporando la locomoción, la comunicación, la destreza, la disposición corporal y la conducta.
A nivel de los educadores, el Ministerio de Educación registra un aproximado de 32 mil maestros en sistema tradicional y 8,500 en el sistema EDUCO. De estas cantidad de contratados, 95 son discapacitados.
La realización de las actividades laborales remuneradas es un criterio fundamental de integración social, y en el medio salvadoreño ha sido muy difícil para que algunos maestros con discapacidad puedan acceder a un empleo formal.
Andrés Reyes, quien padece de ceguera total, es uno de los menos favorecidos por parte de Educación. Hace cuatro años se graduó de profesorado de Educación Media para la Enseñaza de las Ciencias Sociales en la UES, y todavía no encuentra empleo.
“Desde que me gradué me ha ido mal. Yo le mandé una carta el 22 de noviembre de 1999 a la ministra de Educación, y ella designó a una persona para resolver mi situación. Este luego de contribuir entorpeció mi proceso de selección. Con el designado nos reunimos en varias ocasiones y al final me dijo que no había plaza. El problema es que cuando uno de ciego busca la oportunidad, los currículos de uno los van segregando.
“Uno de mis grandes sueños es estar frente a un grupo de alumnos dando clases. El simple hecho de que sea ciego no quiere decir que no esté preparado para dar Historia, Sociología, Geografía, Urbanidad y Cívica. Estoy capacitado para eso. Si piensan que por no poder ver no voy desempeñarme bien en mi profesión, están muy equivocados”, asegura.
“El problema es grave. No solo Educación nos segrega. Tuve la oportunidad de ir a una entrevista a un colegio privado en Mejicanos. Cuando llegué el entrevistador me preguntó por mi discapacidad y si sabía manejar computadoras. Mi respuesta fue que podía aprender, pero no me emplearon”, sostuvo Reyes.

 

Compiten por una plaza

Lo único que pide este profesional es que se le dé una oportunidad de estar frente a un grupo de estudiantes para demostrar lo que sabe hacer: docencia.
Según la ministra de Educación, Evelyn Jacir de Lovo, no existe un acceso privilegiado del maestro discapacitado cuando compite por una plaza. De hecho solo cuentan con 95 docente con discapacidad que laborar en cinco instituciones estatales. Tres de ellas son escuelas de educación especial.
El acceso de las personas con discapacidad sólo en las escuelas que tiene atención a niños con necesidades especiales está mal. No debería de ser así. “También tienen que laborar en los centros educativos tradicionales”, sostiene la ministra.
Ante la escasez de oportunidades, Jacir dijo que se están haciendo propuestas para modificar la Ley de la Carrera Docente, para que sea coherente con la Ley de Equiparación de Oportunidades y darle cabida privilegiada a los maestros con discapacidad, siempre y cuando logren tener desempeño satisfactorio en sus pruebas de conocimiento y cumplan la especialidad.
Es decir, que si el candidato padece ceguera, sordera y alguna limitación física, cumple con la prueba sicométrica, de conocimientos y especialidad, tendrá prioridad por cualquier motivo. Pero esto hasta el momento no es así.
Las pruebas sicosométricas tienen como finalidad establecer equilibrio emocional, el nivel de responsabilidad, capacidad de dirección de grupo de alumnos y alta autoestima.
La ministra de Educación hace un llamado a todos los maestros en general a luchar contra sus propios prejuicios y darse cuenta de que no solamente hay que darles la oportunidad a las personas con discapacidad; también hay que darse la oportunidad como persona normal de experimentar lo que algún profesor con limitantes puede enseñarle a los niños.
Asimismo de convivir con una persona que tiene más limitaciones que ellos, que están haciendo un doble esfuerzo como docentes. Esto forma más integralmente a los educandos y quizá que cualquier otra experiencia.
Todos los salvadoreños debemos romper con el mito de que una persona con discapacidad no puede enseñarle a sus hijos. Al contrario, ellos son maestros ejemplares para nuestros hijos. Por ejemplo, en el caso del no vidente, es de las personas que le dedican más reflexión a su vida y a profundizar muchas cosas para hacerlo mejor docente que otros que tienen los cinco sentidos, sostuvo la funcionaria.

Los maestros con discapacidad pueden ejercer incluso mejor el magisterio que quienes gozan de todas sus facultades.

Oportunidad, no lástima

El desempleo para los maestros con discapacidad se ha convertido en una de las enfermedades sociales. Acceder a un puesto de trabajo supone un reto, especialmente cuando el país atraviesa por la carencia de oportunidades en el mercado laboral en todos los sentidos y en todas las profesiones.
El Ministerio de Trabajo y Previsión Social es la institución que vela por la inserción de las personas mediante la gestión con empresas y la colocación del personal por medio de la oficina de colocación de empleo, siempre y cuando el individuo esté calificado para desempeñar el puesto demandado.
Sin embargo, esa oficina no cuenta con un banco de datos que informe cuántas personas con discapacidad laboran en la actualidad ni cuántos inspectores asignados para llevar un control de las empresas que contratan a las personas con discapacidad.
Qué dice la ley
Desde hace dos años existe la Ley de Equiparación de Oportunidades para Personas con Discapacidad, poco difundida en la sociedad, que ordena específicamente a los empleadores reservar una vacante de cada 25 personas contratadas, pero esta norma no se aplica en el sector público ni en el privado.
Y en caso de aplicarse, de conformidad al artículo 25 de dicha Ley, todos los obligados a contratar personas con discapacidad y no lo hicieran se sujetan a las sanciones señaladas por el artículo 627 del Código de Trabajo, que incurre al infractor en una multa hasta de quinientos colones, sanción que para la mayoría de los maestros y profesionales resulta “risible”.
“Nuestra sociedad tiene muchos tabúes, muchos mitos de las personas con discapacidad. Piensan que somos de una manera inútiles, que no somos capaces de competir en igualdad de condiciones las personas “normales”. Es un problema cultural”, dice Griselda Zeledón, asesora técnica educativa del Centro de Audición y Lenguaje anexo al ISRI.
La persona con discapacidad ha luchado al igual que los demás para llegar a profesional. Por obtener un título, un sordo, un ciego o una persona no se moviliza bien; tiene el mismo valor que el de cualquier persona normal”, sostiene Zeledón, quien padece de sordera.

Sólo en teoría se está haciendo
mucho por los maestros.

 

 

Faltan programas de inserción social
para las personas con discapacidad.

Ella asegura que ley de la discapacidad es un gran avance, pero el camino aún es muy largo y estrecho; falta sensibilizar y concienciar a las personas y a las empresas públicas y privadas.
En lo que se mostró insatisfecha fue en la configuración del Consejo Nacional de Atención Integral a la Persona con Discapacidad (CONAIPD), por tener 16 representantes del Gobierno y sólo cuatro asociaciones de personas con discapacidad que nunca son escuchadas.
Según Zeledón, el consejo tiene planes y proyectos, convoca al sector con discapacidad, les preguntan y se les responden. Pero a la hora de tomar decisiones, lo que proponen no es tomado en cuenta.
Tanto los maestros ciegos, los sordos y los que padecen más de algún impedimento físico, lo único que solicitan al gobierno es un lugar como ciudadanos de primera clase, como lo estipula la Constitución de la República, con derechos a salud, vivienda, educación y oportunidades laborales. Y no un lugar de tercera o cuarta categoría, que sea por lástima o caridad.
Sólo cuando las personas hagamos de un lado los prejuicios o suframos en carne propia una discapacidad, comenzaremos a entender que todos los problemas que produzca una discapacidad en el ser humano tienen una raíz llamada discriminción.

En la sociedad existe un desconocimiento de las necesidades y de los derechos de las personas con discapacidad.

Discriminación y barreras arquitectónicas
Según las personas con discapacidad, somos iguales al resto de las personas en el pago de los impuestos, pero cuando éstos se devuelven en servicios, no hay equidad.


Ser maestros con discapacidad en El Salvador es una auténtica carrera de obstáculos. Para ellos caminar por las diferentes calles del país se convierte en una junla urbana que les impide desarrollarse con normalidadas
Aun los centros escolares donde laboran se convierten en una selva de concreto donde no se puede andar. Al mismo tiempo llama la atención la falta de sensibilidad social frente a esta situación.
“Uno no cuenta con la infraestructura accesible. Las barreras arquitectónicas en nuestro país se pasan de lo normal; solo hay gradas y no rampas. Aun en la escuela que laboro tengo que pedir ayuda a los alumnos para poder subir y bajar las gradas. Sin embargo, los mayores obstáculos surgen de la falta de conciencia en la sociedad y en el gobierno de que el discapacitado debe tener oportunidades de integración, tanto laborales como culturales y recreativas”, comenta Carolina Castillo, maestra de Educación Especial en el Centro Escolar “Licenciada Griselda Zeledón”.
A los dos años, Carolina tuvo poliomielitis, lo que le dejó secuelas en los medios superiores e inferiores. Sin embargo, esto no ha sido impedimento para su desarrollo como profesional. Ella es licenciada en Educación Especial, graduada de la Universidad Francisco Gavidia.

 

Existe limitado e inadecuado acceso a servicios de salud, educación y trabajo

Parte de sus derechos
Desde el 2001, existe un Reglamento de Ley


Ser protegidos contra toda discriminación, explotación, trato denigrante o abusivo en razón de su discapacidad.

Recibir educación con metodologías adecuadas que faciliten su aprendizaje.

Obtener empleo y ejercer una ocupación remunerada y a no ser despedidos en razón de su discapacidad. (Artículo 2, Ley de Equiparación de Oportunidades).

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