08 de abril de 2001

Pintar y hacer obras de tipo religioso no es fácil. Para ello se necesita una vida interior, reflexión, concentración y sentir la obra, y eso es lo que ha hecho la pintora Rosa Mena Valenzuela con su serie del vía crucis.


Escríbanos

Rufino Tamayo, famoso pintor mexicano, aseguró a la pintora salvadoreña que este tipo de pintura mística no se realiza porque es muy difícil. “Únicamente Chagal y Roualt en Francia se han atrevido a tocar el tema”, agregó.
El escritor Salvador Salazar Arrué, Salarrué, consideró la obra religiosa de Rosa Mena “como salida de las catacumbas y olorosas a mirra, incienso y sangre”.
El tema de la pasión, según palabras de la pintora, ha sido para ella motivo de grandeza sin igual y para ello influyó mucho su estadía en Jerusalén, donde visitó los lugares sagrados, donde participó en el vía crucis en la Vía Dolorosa. Asimismo recibió influencia de los lugares marianos: Lourdes y Fátima, y de la caligrafía árabe.
Al regresar de sus viajes por el Oriente, el gobierno la premió con el “Premio de la República de El Salvador” gracias a un tema pintado en Jerusalén titulado “Las cuevas de Jerusalén”.

En la cuaresma del año 2000, Rosa Mena tuvo un deseo enorme por pintar y entonces comenzó a trabajar en las catorce estaciones del vía crucis, su dramatismo y el momento de la tragedia.
Este trabajo lo realizó en tres semanas, ya que quería terminar la obra antes de que comenzara la Semana Santa.
La primera estación habla de la condena a muerte de Jesús; la segunda estación recuerda la carga que Cristo tuvo que soportar: la cruz.
Según los críticos, las tres caídas son las más dramáticas porque en ellas se advierte el sufrimiento, la angustia y la desolación, así como la del despojo de las vestiduras.

 

Técnicas utilizadas

Según Rosa Mena Valenzuela, la técnica que empleó es mixta: óleo, témpera, tintas, plumón, tela sobre cartón. Y el estilo que predomina es el grafismo.
En las obras aparecen líneas, áureas, ángeles que le dan vida; los rostros son muy enérgicos y vivientes.
En resumen, la serie del vía crucis es una obra que no solo es para verla, para observarla, sino también para vivirla, para recordar y revivir la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

 

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