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Los antiguos pobladores indígenas
lo bautizaron Shutecath, porque en él abundaban los
caracolillos. Hoy, si bien contiene peces del tipo guapote,
lo que más lo inundan son bañistas. Y es que un manantial
de aguas tibias es uno de los mayores atractivos que ofrece Caluco.
A mí no me importa viajar desde Ilopango hasta Caluco para
bañarme en ese río calientito. Y como padezco de reumatismo
siento que me cae bien, dice don Alejandro Sánchez, residente
en San Bartolo.
Los caluquenses no ocultan su orgullo por el Shutecath, tampoco
olvidan venderlo como una fuente medicinal que cura muchos
males, especialmente los artríticos.
Aunque la mayoría acude a las piscinas, que fueron construidas
hace unos diez años por la alcaldía, siempre hay quienes
se escapan a las proximidades de su nacimiento dentro de la antigua hacienda
Chacra porque allí el agua es más calientita
y más efectiva para sanar dolores o más relajante para un
cuerpo cansado.
Los pobladores locales han creído siempre que la temperatura arriba
de la normal de sus aguas obedece a que el río es una vena que
proviene del volcán de Izalco, que se yergue imponente frente a
este pequeño poblado de poco más de 8,000 habitantes.
Esta fuente también es famosa porque en sus proximidades se ubica
la cueva del padre, llamada así desde que en tiiempos
de la colonia el párroco de entonces se refugió huyendo
de indígenas brujos que no querían asistir a las misas que
se celebrabran en la antigua iglesia de San Pedro y San Pablo, hoy en
ruinas.
Iglesia,
brujos y crucifijo
Desde aquel incidente persiste en boca de
los caluquenses que el sacerdote maldijo la iglesia porque a ella acudían
muchos brujos indígenas transformados en animales, como resistiéndose
a la nueva fe.
También hizo suponer por mucho tiempo a los lugareños que
aquella maldición se materializó cuando el templo colapsó
por el terremoto de 1773 que afectó principalmente a la zona occidental
del país.
Tanto indígenas como españoles se acostumbraron a contemplar
un santuario en ruinas. Una fachada, restos de sus paredes laterales y
la que albergó el altar mayor era todo lo que quedaba después
del sismo y de los continuos saqueos que sufrió.
Una de las más famosas profanaciones fue una ocurrida el siglo
pasado cuando unos saqueadores intentaron sacar del centro de las ruinas
un supuesto crucifijo Cristo de Oro, pero que jamás
pudo ser robado porque cuando más cerca estaban sus manos del valioso
objeto, más se hundía. Dicen que allí está
todavía, comentan algunos caluquenses.
Pero estas ruinas no solo recogen estos misteriosos relatos, sino también
un valor incalculable, pues son consideradas el mejor ejemplo de la arquitectura
colonial temprana en Centroamérica, parcialmente conservados en
sitios arqueológicos del Nuevo Mundo y el mejor ejemplo del estilo
mudéjar en El Salvador.

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El seísmo del 13 de enero hizo pedazos
su fachada principal, pero no la ha derrotado. La parte izquierda todavía
muestra en alto relieve un escudo con las llaves de San Pedro, atrás
de la pared posterior una cruz acompañada de una esponja y una
lanza que se creen fueron colocadas para atraer a tanto indígena
que vivía atrás de la iglesia.
No se sabe cuándo fue construida, pero se cree que fue terminada
para finales del siglo 16 y seguramente sus obreros fueron los mismos
indígenas. Tenía un porte impresionante, según Willliam
R. Fowler, Jr. en su investigación Caluco: Historia y arqueología
de un pueblo pipil en el siglo XVI, quien dirigió un estudio
arqueológico del lugar en 1994.
Su apariencia esplendorosa quizá reflejaba la abundancia que se
vivía en este pueblo pipil, pues junto a Izalco, Nahulingo y Tacuscalco
conformaba la provincia de Los Izalco y habían hecho
del cacao el producto comercial más importante en la Centroamérica
del siglo XVI y la fuente de riqueza para muchos españoles advenedizos,
según concluye Fowler en su libro.
En la actualidad, Caluco no sobrevive del cacao, sino del pequeño
comercio, entre otros rubros, pero mantiene un remanente de su antigua
tradición agrícola mediante una pequeña cacahuatera
a lo largo de dos manzanas, situada en la antigua hacienda ganadera Las
Palmas, hoy lotificación Los Manantiales.

Remanente
del cacao
Francisco Pilia, encargado de la propiedad,
dice que la cacahuatera, que fue reducida para dar paso a los pastizales,
sobrevive por el gusto de sus patronos y porque la gente no deja de comprarles
las semillas con las que elabora la bebida del chocolate.
Aquí todo el año hay cacao; por esto viene gente de
muchas partes a comprar y otras por curiosidad de conocer el cacao. No
sé si es el único lugar del país donde hay cacahuatera,
pero por estos lados quizá sea la única, afirma don
Francisco.
La cacahuatera recibe muchos cuidados y cada semana cosechan cuatro quintales,
emplea a cuatro personas y sirve de comida para numerosas ardillas que
juguetean entre los arbustos.
Caluco ya no comercia con este producto como sus antepasados, quienes
incluso tenían un sistema monetario establecido y que tenía
como base el xontle o contle, equivalente a 400
almendras, y que incluso fue utilizado por los españoles.
La importancia del cacao como moneda y como producto comercial era tal
que se ha estimado que en 1576 Caluco contribuía a que Los
Izalco produjeran en un año 50,000 cargas de cacao, cuyo
valor alcanzaba unos 500,000 pesos oro.
Por esta abundante producción, Caluco e Izalco eran, según
el doctor Fowler Jr., los mayores tributarios en cacao de la provincia
en 1549.
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Caluco no es más tierra rica de cacao,
como la describiría el oidor Diego García de Palacio en
1576, cuando escribió que Los Izalco eran la cosa más
rica y gruesa que Vuestra Magestad tiene en estas partes... tiene las
calidades del suelo y cielo... y en especial, la más abundante
de cacao que se sabe.
Caluco atrae ahora por sus encantos históricos que se encuentran
como testigos el cacao sus antiquísimas ruinas de la iglesia original
de San Pedro y San Pablo y las aguas termales del Shutecath.
Proyecto
turístico
El Grupo de Rescate del Patrimonio Local
y la Casa de la Cultura están conscientes de que sus ruinas, la
cacahuatera o los baños termales del Shutecath son
armas turísticas con las que pueden abrirse paso a otra forma de
desarrollo local.
Aferrados a esta idea se convirtió a un grupo de diez estudiantes
en guías turísticos, quienes se identificarían con
una camiseta con la imagen impresa de la fachada principal de la iglesia
colonial en ruinas y la de la pila bautismal de piedra que fue desenterrada
en 1994.
Estos entusiastas caluquenses habían diseñado todo un paquete
turístico que incluía la promoción de sus bonitos
viveros, pero sus planes se modificaron.
El terremoto de enero derrumbó la fachada de la iglesia y la pila
fue trasladada por Concultura a San Salvador sin mayores argumentos.
María de los Ángeles de Moreno, directora de la Casa de
la Cultura, dice que ha buscado respuestas al por qué les han quitado
la pila bautismal, pero solo ha sabido que la jefatura de la Catedral
de Sonsonate (dueña del terreno donde se sitúan las ruinas)
dio la autorización a Concultura.
Todo esto nos ha bajado la moral, pero aún tengo fe de que
vamos a convertir a Caluco en un lugar interesante para el turista,
afirma esperanzada la funcionaria cultural.

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