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sEn los tiempos prehispánicos era
llamada Bacatá y era la capital de la nación
chibcha. Después de la conquista española, Gonzalo Jiménez
de Quesada fundó la nueva ciudad en 1538, llamándola Santa
Fe de Bogotá, un lugar que todavía sigue siendo el centro
principal de Colombia.
Ubicada a 2,640 metros sobre el nivel del mar, Bogotá tiene el
privilegio de estar en una meseta de la cordillera oriental de los Andes,
lo que le permite mantener una temperatura promedio de 14 grados centígrados
en pleno trópico.
Pero no sólo la frescura que baja de las montañas es el
atracctivo de Bogotá. El visitante tiene decenas de cosas para
ver y disfrutar en un viaje que no puede ser tan solo de una semana, sino
de meses.
Los expertos en turismo recomiendan la visita al barrio La Candelaria,
el lugar que todavía conserva la arquitectura colonial, con los
callejones custodiados por casonas, iglesias y conventos. Las casas de
este sitio lucen llamativas con sus colores fuertes, como el azul, el
amarillo, el naranja y el rojo, así como por sus balcones, sitios
secretos para los enamorados.
En realidad, La Candelaria es la zona más antigua de la ciudad,
contando desde la colonización española, ya que sus casas
son las más viejas. Algunas de ellas ya tienen más de 400
años, por lo que no sólo tienen un valor arquitectónico,
sino también cultural e histórico.

De igual valor es la Plaza de Bolívar,
donde según la tradición ahí fue el sitio exacto
en donde Gonzalo Jiménez de Quesada levantó 12 chozas y
una pequeña capilla de paja para fundar la ahora capital de Colombia
y a la vez capital del departamento de Cundinamarca.
En la actualidad, la Plaza de Bolívar, llamada así en honor
del libertador Simón Bolívar, está rodeada por la
Catedral Primada y la Capilla del Sagrario, así como por el Capitolio
Nacional, un imponente edificio de construcción neoclásica,
construido en 1848, y en donde está la sede del Congreso, que incluye
al Senado y a la Cámara de Representantes.
Hacia el oriente está la Casa Museo, conocida como la Casa
del Florero, residencia que fue utilizada como el centro donde los
libertadores planificaban independizarse de España.
En esta zona también se encuentra la Alcaldía Mayor de Bogotá
y el moderno edificio de piedra del Palacio de Justicia. Esta plaza ha
sido escenario de los más importantes acontecimientos de la vida
política y cultural del país, como el fusilamiento de varios
luchadores por la independencia, y de los ataques guerrilleros.
Ciudad
del entretenimiento
La antigua Bacatá es ahora un lugar
donde el sano esparcimiento está en todos lados. Lógico
que un lugar tan populoso necesite de más sitios de interés.
Es por eso que el visitante puede disfrutar de por lo menos 20 localidades
turísticas.
Entre los más representativos está la cima de la montaña
Monserrate, ubicada a 2,800 metros sobre el nivel del mar, en donde descansa
una iglesia vestida de blanco, frecuentada por penitentes para pedir o
para pagar favores al milagroso Cristo caído de Monserrate, una
estatua española del siglo XVII, hecha por Pedro de Lugo Albarracín
en 1650.
Desde la aquí se puede aprecia todo Bogotá, desde el norte,
al sur y el oriente y al occidente. Aquí también funciona
una zona de comercio artesanal y religioso. Hay una réplica del
vía crucis y restaurantes. Para subir hasta la cumbre se puede
hacer por un teleférico o utilizando el funicular.

Catedral
Primada de Bogotá y capilla del Sagrario, frente a la Plaza de
Bolívar.
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En las afueras de la capital, detrás
de los cerros que le sirven como murallas se encuentra, la Catedral de
sal, hecha por los mineros colombianos, quienes cavaron en una montaña.
El lugar es majestuoso, lleno de esculturas religiosas y una capilla muy
bella. Para entrar a este sitio se debe pagar cuatro dólares.
Dentro de la ciudad, al occidente, encontramos
una de las áreas mejor planeadas, conocido como Ciudad Salitre.
Allí sobre la avenida La Esperanza está Maloka,
un centro interactivo de ciencia y tecnología. Es un espacio para
tener contacto directo con los procesos científicos y para recrearse
con un cine domo (en el techo), donde los fenómenos naturales y
los creados por el hombre se sienten en una realidad virtual.

La ciudad cuenta con el Parque Metropolitano Simón Bolívar,
que tiene 360 hectáreas, distribuidas en una docena de escenarios,
que van desde un museo para niños hasta un centro de alto rendimiento
deportivo; además del Jardín Botánico, con una rica
muestra de la flora colombiana y una plaza de los artesanos.
Cabe mencionar también los parques Nacional, El Salitre, de la
93, de Las Flores y el del Museo del Chicó. Entre las salas de
exposición principales tiene el Museo Nacional, el de Arte Moderno,
de Arte Colonial, el Arqueológico, el de Arte y Tradiciones Populares,
el del Siglo XIX, el 20 de Julio; el del Mar y el maravilloso Museo del
Oro, con una rica y valiosísima colección de objetos áureos
hechos por los precolombinos.
Estos lugares son apenas unos cuantos dentro de la variedad que ofrece
Bogotá. Para descubrir el resto es necesario que usted la visite.
Eso sí, prepárese para el frío y no se sorprenda
si encuentra en algunas calles las constantes grabaciones de telenovelas
o comerciales. Mejor disfrútelo con una rica taza de café
con la calidad de una ciudad de altura.

Edificio
de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

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Esta barca de oro
representa la historia de El Dorado, cuando tiran los objetos
de metal precioso en la laguna sagrada.
En
busca de El Dorado
Ubicado en el parque
Santander, en la Carrera 6, esquina calle 16, el Museo del Oro
refleja que la historia de El Dorado mantiene todo su esplendor
con las valiosísimas piezas que aquí se exhiben.
Desde 1939 nace la iniciativa de proteger la riqueza cultural
colombiana gracias a la iniciativa de la directiva del Banco de
la República.
En la actualidad, el Museo del Oro conserva como patrimonio arqueológico
más de 33,000 piezas de orfebrería (arte de labrar
metales como el oro), exhibidas tanto en sus salas de Bogotá,
como en otras nueve ciudades colombianas y en frecuentes exposiciones
temporales en el extranjero.
Los objetos que se exhiben fueron hechos entre los años
1,500 antes de Cristo y 1,500 después de Cristo, y eran
utilizados por los caciques, los líderes políticos
y religiosos para engalanar sus cuerpos, y como ofrendas sagradas
para los dioses.
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Un relato del español
Juan Rodríguez Freyle, de 1636, dio pie al mítico
pueblo de El Dorado. Según Freyle, En aquella laguna
(Guatavita) se hacía una gran balsa de juncos, adornado
todo lo más vistoso que podían. Hacía el
indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas
que llevaba en el medio de la laguna, y los cuatro caciques que
iban con él hacían lo propio....
Pero el oro no sólo era para los que vivían o para
los dioses; también acompañaba a los muertos en
sus tumbas. Estos vestigios han sido encontrados en el suroccidente
colombiano, y las culturas que los arqueólogos denominan
Tolima, Tierradentro, San Agustín, Nariño, Tumaco,
Calima, Quimbaya y Malagana fueron las primeras en trabajar el
metal que encontraban en los ríos.
A la llegada de los españoles, allá por el año
1500, la orfebrería se destacaba en las culturas del norte:
Sinú, Urabá, Tairona y Muisca.
Estos pueblos trabajaron el oro para hacer pectorales, aretes,
cetros, brazaletes, anzuelos, coronas, cascos, narigueras, recipientes
para utilizar las hojas de coca y la cal, cubridores de órganos
sexuales, máscaras y adornos con formas de animales. Para
los indígenas, el oro era el sudor del sol, y la plata,
las lágrimas de la luna.
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