08 de abril de 2001

Santa Fe de Bogotá es una metrópoli de casi siete millones de habitantes. Por decir algo, todos los habitantes de El Salvador podríamos llenar esa ciudad, que en su interior guarda los vestigios del esplendor colonial, mezclado con la modernidad de sus edificaciones.


Escríbanos

sEn los tiempos prehispánicos era llamada “Bacatá” y era la capital de la nación chibcha. Después de la conquista española, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la nueva ciudad en 1538, llamándola Santa Fe de Bogotá, un lugar que todavía sigue siendo el centro principal de Colombia.
Ubicada a 2,640 metros sobre el nivel del mar, Bogotá tiene el privilegio de estar en una meseta de la cordillera oriental de los Andes, lo que le permite mantener una temperatura promedio de 14 grados centígrados en pleno trópico.
Pero no sólo la frescura que baja de las montañas es el atracctivo de Bogotá. El visitante tiene decenas de cosas para ver y disfrutar en un viaje que no puede ser tan solo de una semana, sino de meses.
Los expertos en turismo recomiendan la visita al barrio La Candelaria, el lugar que todavía conserva la arquitectura colonial, con los callejones custodiados por casonas, iglesias y conventos. Las casas de este sitio lucen llamativas con sus colores fuertes, como el azul, el amarillo, el naranja y el rojo, así como por sus balcones, sitios secretos para los enamorados.
En realidad, La Candelaria es la zona más antigua de la ciudad, contando desde la colonización española, ya que sus casas son las más viejas. Algunas de ellas ya tienen más de 400 años, por lo que no sólo tienen un valor arquitectónico, sino también cultural e histórico.

De igual valor es la Plaza de Bolívar, donde según la tradición ahí fue el sitio exacto en donde Gonzalo Jiménez de Quesada levantó 12 chozas y una pequeña capilla de paja para fundar la ahora capital de Colombia y a la vez capital del departamento de Cundinamarca.
En la actualidad, la Plaza de Bolívar, llamada así en honor del libertador Simón Bolívar, está rodeada por la Catedral Primada y la Capilla del Sagrario, así como por el Capitolio Nacional, un imponente edificio de construcción neoclásica, construido en 1848, y en donde está la sede del Congreso, que incluye al Senado y a la Cámara de Representantes.
Hacia el oriente está la Casa Museo, conocida como la “Casa del Florero”, residencia que fue utilizada como el centro donde los libertadores planificaban independizarse de España.
En esta zona también se encuentra la Alcaldía Mayor de Bogotá y el moderno edificio de piedra del Palacio de Justicia. Esta plaza ha sido escenario de los más importantes acontecimientos de la vida política y cultural del país, como el fusilamiento de varios luchadores por la independencia, y de los ataques guerrilleros.

Ciudad del entretenimiento

La antigua Bacatá es ahora un lugar donde el sano esparcimiento está en todos lados. Lógico que un lugar tan populoso necesite de más sitios de interés. Es por eso que el visitante puede disfrutar de por lo menos 20 localidades turísticas.
Entre los más representativos está la cima de la montaña Monserrate, ubicada a 2,800 metros sobre el nivel del mar, en donde descansa una iglesia vestida de blanco, frecuentada por penitentes para pedir o para pagar favores al milagroso Cristo caído de Monserrate, una estatua española del siglo XVII, hecha por Pedro de Lugo Albarracín en 1650.
Desde la aquí se puede aprecia todo Bogotá, desde el norte, al sur y el oriente y al occidente. Aquí también funciona una zona de comercio artesanal y religioso. Hay una réplica del vía crucis y restaurantes. Para subir hasta la cumbre se puede hacer por un teleférico o utilizando el funicular.

Catedral Primada de Bogotá y capilla del Sagrario, frente a la Plaza de Bolívar.

 

En las afueras de la capital, detrás de los cerros que le sirven como murallas se encuentra, la Catedral de sal, hecha por los mineros colombianos, quienes cavaron en una montaña. El lugar es majestuoso, lleno de esculturas religiosas y una capilla muy bella. Para entrar a este sitio se debe pagar cuatro dólares.

Dentro de la ciudad, al occidente, encontramos una de las áreas mejor planeadas, conocido como “Ciudad Salitre”. Allí sobre la avenida La Esperanza está “Maloka”, un centro interactivo de ciencia y tecnología. Es un espacio para tener contacto directo con los procesos científicos y para recrearse con un cine domo (en el techo), donde los fenómenos naturales y los creados por el hombre se sienten en una realidad virtual.


La ciudad cuenta con el Parque Metropolitano Simón Bolívar, que tiene 360 hectáreas, distribuidas en una docena de escenarios, que van desde un museo para niños hasta un centro de alto rendimiento deportivo; además del Jardín Botánico, con una rica muestra de la flora colombiana y una plaza de los artesanos.
Cabe mencionar también los parques Nacional, El Salitre, de la 93, de Las Flores y el del Museo del Chicó. Entre las salas de exposición principales tiene el Museo Nacional, el de Arte Moderno, de Arte Colonial, el Arqueológico, el de Arte y Tradiciones Populares, el del Siglo XIX, el 20 de Julio; el del Mar y el maravilloso Museo del Oro, con una rica y valiosísima colección de objetos áureos hechos por los precolombinos.
Estos lugares son apenas unos cuantos dentro de la variedad que ofrece Bogotá. Para descubrir el resto es necesario que usted la visite. Eso sí, prepárese para el frío y no se sorprenda si encuentra en algunas calles las constantes grabaciones de telenovelas o comerciales. Mejor disfrútelo con una rica taza de café con la calidad de una ciudad de altura.

Edificio de la Alcaldía Mayor de Bogotá.

 


Esta barca de oro representa la historia de El Dorado, cuando tiran los objetos de metal precioso en la laguna sagrada.

En busca de “El Dorado”

Ubicado en el parque Santander, en la Carrera 6, esquina calle 16, el Museo del Oro refleja que la historia de El Dorado mantiene todo su esplendor con las valiosísimas piezas que aquí se exhiben. Desde 1939 nace la iniciativa de proteger la riqueza cultural colombiana gracias a la iniciativa de la directiva del Banco de la República.
En la actualidad, el Museo del Oro conserva como patrimonio arqueológico más de 33,000 piezas de orfebrería (arte de labrar metales como el oro), exhibidas tanto en sus salas de Bogotá, como en otras nueve ciudades colombianas y en frecuentes exposiciones temporales en el extranjero.
Los objetos que se exhiben fueron hechos entre los años 1,500 antes de Cristo y 1,500 después de Cristo, y eran utilizados por los caciques, los líderes políticos y religiosos para engalanar sus cuerpos, y como ofrendas sagradas para los dioses.

Un relato del español Juan Rodríguez Freyle, de 1636, dio pie al mítico pueblo de El Dorado. Según Freyle, “En aquella laguna (Guatavita) se hacía una gran balsa de juncos, adornado todo lo más vistoso que podían. Hacía el indio dorado su ofrecimiento echando todo el oro y esmeraldas que llevaba en el medio de la laguna, y los cuatro caciques que iban con él hacían lo propio...”.
Pero el oro no sólo era para los que vivían o para los dioses; también acompañaba a los muertos en sus tumbas. Estos vestigios han sido encontrados en el suroccidente colombiano, y las culturas que los arqueólogos denominan Tolima, Tierradentro, San Agustín, Nariño, Tumaco, Calima, Quimbaya y Malagana fueron las primeras en trabajar el metal que encontraban en los ríos.
A la llegada de los españoles, allá por el año 1500, la orfebrería se destacaba en las culturas del norte: Sinú, Urabá, Tairona y Muisca.
Estos pueblos trabajaron el oro para hacer pectorales, aretes, cetros, brazaletes, anzuelos, coronas, cascos, narigueras, recipientes para utilizar las hojas de coca y la cal, cubridores de órganos sexuales, máscaras y adornos con formas de animales. Para los indígenas, el oro era el sudor del sol, y la plata, las lágrimas de la luna.

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