08 de abril de 2001

Unas 10,000 hectáreas de tierras que forman el Complejo Natural de Barra de Santiago, en Ahuachapán, serán propuestas para formar parte de la Convención Mundial de Humedales “RAMSAR”.


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Barra de Santiago es el bosque salado más importante del occidente y por su diversidad biológica podría convertirse en el segundo sitio salvadoreño en ser incluido en la Convención Mundial de Humedales.
Unas seis mil personas habitan la zona destacada como refugio de especies únicas en el país: el pez machorra o “pez fósil” que vive en el zanjón “El Chino”, así como dos mil hectáreas de manglares.
Barra de Santiago forma parte de una reserva natural de usos múltiples, compartida por los municipios de Jujutla y San Francisco Menéndez, ambos en Ahuachapán, aunque la propuesta que se llevará a la convención también incluye Acajutla en Sonsonate.

Diversidad de escenarios

Barra de Santiago y sus alrededores sirven de anidación a la tortuga marina entre agosto y septiembre; además la riqueza natural que posee hace de la misma una aventura ecoturística que le permite al visitante compartir escenario con lagartos y pelícanos.
Algunos investigadores suponen que hace tres décadas los manglares de Barra de Santiago se extendían por 2,800 hectáreas de terrenos pantanosos, mas la situación de abandono, depredación y fenómenos naturales, como los huracanes, los disminuyeron en un 25 por ciento.
La tala del mangle destinado a la leña, el secado de pantanos para agricultura y la construcción de viviendas para la comunidad o ranchos cercanos a las playas son los responsables de que el botoncillo, una de las cinco familias de la flora que habita la zona, estén en peligro de desaparecer.
El alcalde de San Francisco Menéndez, Remigio Morales, dice que es imposible ignorar la necesidad de la gente, ya que la extrema pobreza los obliga a talar; además es necesario agilizar los planes conservacionistas que ofrezcan “de verdad” nuevas opciones de vida.
Por eso la propuesta destinada a la Convención RAMSAR promueve unas 10,000 hectáreas de terrenos que forman parte, ya no de Barra de Santiago, sino de un complejo de reservas naturales.
Los sitios se ubican desde el río Paz, en la frontera con Guatemala, hasta Garita Palmera, Bola de Monte, zanjón El Chino, bosque Santa Rita hasta la Bocana San Juan, todos con potencial para el ecoturismo.
De hecho, Bola de Monte, con 130 hectáreas de extensión y una costa de 5.2 kilómetros, es uno de los principales sitios donde El Salvador pretende ejecutar un megaproyecto de desarrollo como parte del Plan Nacional de Turismo dentro del programa regional “Mundo Maya”.
El licenciado César Ábrego, del Ministerio de Medio Ambiente y coordinador del proyecto, dice que la Convención RAMSAR garantizaría al país el acceso a las ayudas internacionales para el manejo sostenible del recurso, asesoría técnica y la atención del mundo.
Ábrego estima que beneficiados directos serán las comunidades que viven en el sector, dado que se presenta la oportunidad de educar y, a su vez, frenar la depredación que ha continuado ante la falta de un plan de manejo.
Por el momento, El Salvador está representado en la convención por el complejo de laguna El Jocotal, en San Miguel, que figura entre mil sitios alrededor del planeta, como la Amazonia, las selvas del Petén en Guatemala y la Lacandona de México.

El Salvador cuenta con una importante riqueza a nivel de humedales y aunque no pueden compararse con selvas como el Petén, urgen de un rescate

 

Humedales en El Salvador

En 1999, el complejo de la laguna El Jocotal fue aceptado dentro de la convención mundial sobre los humedales, un año después de que El Salvador firmara dicho tratado, cuya trascendencia en el país fue decisiva en la conservación de este cuerpo de agua dulce.
Ubicada entre la cordillera de Juacarán y el volcán Chaparrastique es, por excelencia, un refugio de unas 250 especies de aves, entre nativas y migratorias, desde pipiches hasta pelícanos blancos procedentes de Norteamérica.
El complejo, ahora de trascendencia global, alcanza unas dos mil manzanas de terrenos que en época lluviosa son inundados y forman pantanos, lo que significa tierras fértiles que sirven de bendición a los agricultores y a la invaluable biodiversidad que vive gracias a sus bondades.
Aunque es el único sitio RAMSAR para el país, la laguna El Jocotal ya no estará solo, pues no sólo se gestiona la participación de Barra de Santiago, sino también del complejo natural formado por el bosque seco tropical de San Diego la Barra, Laguna Clara y el lago de Güija en Santa Ana.
Dicha propuesta está en manos del Centro de Prevención de Desastres (CEPRODE) que coordina un proyecto de investigación en la zona, destinado al rescate y a la conservación, en aras de anticipar futuros desastres.
La bióloga Eunice Echeverría estima que El Salvador cuenta con una importante riqueza a nivel de humedades y aunque no pueden compararse en extensión con selvas como el Petén urgen de un rescate.
Echeverría cree que esto ayudaría a prevenir desastres y recordó que en los años 50 el humedal de Zapotitán fue drenado para dar paso a labores agrícolas, así como sectores del Bajo Lempa, lo que alteró el equilibrio de los pantanos y los beneficios ambientales.
En los próximos años, El Salvador podría contar con tres sitios en la red de humedales con El Jocotal, Barra de Santiago y el complejo de San Diego la Barra, unidos por un mismo fin: conservar la riqueza que aún sobrevive.

Con un buen programa se podría convertir a los humedales en sitios turísticos para atraer la inversión extranjera, pero siempre cuidando muy bien estos parajes naturales.

Los problemas

Debido a los terremotos, la celebración del Día Mundial de los Humedales, que se conmemora el dos de febrero, se trasladó para marzo. Esta vez las autoridades del Ministerio de Medio Ambiente y las comunidades están unidas para buscar soluciones conjuntas a la crisis ecológica nacional.
Las celebraciones tuvieron lugar en Barra de Santiago con el propósito de anunciar la posible inclusión del sitio en la Convención Mundial de Humedales suscrita en 1971 que hoy cuenta con mil reservas reportadas.
La ministra Ana María Majano insistió en la necesidad de crear un plan de conservación sostenible con el apoyo de la gente, en busca de nuevas opciones de vida que le ofrezcan un respiro al manglar, pero a su vez permita hacer de Barra de Santiago un lugar apto para el turismo.
Los lugareños se quejan por la falta de apoyo de las autoridades municipales que no prestan los servicios básicos de recolección de basura, obligándoles a enterrar o quemar los desperdicios, lo que aumenta la contaminación.

 

El complejo alcanza unas dos mil manzanas de terrenos, que en época lluviosa se inundan y forman pantanos que significan tierras fértiles para los agricultores.

Doña Estela Carranza asegura que los promontorios de basura afean la playa o afectan la vida del estero, del que gran parte de las familias obtienen peces para vender y alimentarse. “Al alcalde de Jujutla no le interesa que queramos traer turistas o que nos da vida el manglar”, afirma.
El ingeniero Marco Choto, gerente de la Asociación Amigos del Árbol (AMAR), estima que además del deficiente trato de la basura, también hace falta concienciar a los recolectores de huevos de tortuga marina y educar al visitante que lanza cualquier desperdicio aun dentro del mar. “Son los efectos del turismo popular”, advierte.

Los beneficios

Los humedales son superficies de agua permanentes, temporales, estancadas o saladas, cuya profundidad en marea baja no es mayor a los seis metros.

La Convención Mundial de Protección de Humedales fue suscrita el dos de febrero de 1971 en la ciudad iraní de Ramsar y entre algunas obligaciones está la de lograr que para el año 2005 haya unos dos mil sitios administrados adecuadamente.

Son 10 veces más productivos que cualquier otro ecosistema, pese a que antes eran considerados como agentes perturbadores de la salud y se secaban.

En época lluviosa lluviosa almacenan gran cantidad de agua. Así evitan las inundaciones. Este es el caso del complejo El Jocotal que se vuelve pantanoso. De allí su importancia en la prevención de desastres y la necesidad de conservarlos.

Poseen beneficios turísticos por la variedad de escenarios que contemplan; alimenticios porque facilitan la reproducción de especies comestibles y plantas, y ambientales porque sirven de refugio a fauna, facilitando sitios de anidación.
Se incluyen además los arrecifes de coral que en marea baja no estén muy profundos, como los encontrados en las playas rocosas Macuilis de San Miguel y Los Cóbanos (Sonsonate), donde viven desde langostinos, crustáceos, pepinos y estrellas de mar, aunque están contaminados.

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