
En lo particular, no recuerdo una experiencia
cinematográfica que haya tenido mayor impacto que la trilogía
de George Lucas. Y siempre me he preguntado cuál es la magia
intrínseca en estos filmes que ningún otro ha logrado;
qué es lo que hace que las audiencias se fascinen de tal forma
que lo adopten como parte de su vida vehementemente. Muchos hasta llaman
sin problemas a la trilogía mito moderno.
En 1977, los mitos antiguos no parecían relevantes para la cultura
occidental. La economía estaba en una baja; el reciente conflicto
de Vietnam no dejaba un claro vencedor; la Guerra Fría continuaba
y el orgullo estadounidense había recibido un duro golpe con
el caso Watergate. Curiosamente aparecía, a la sazón,
una cinta de bajo presupuesto llamada La guerra de las galaxias,
Una nueva esperanza. Y aún en medio de esa década
de desilusión, las audiencias interrumpían el filme con
aplausos espontáneos. Aunque los protagonistas eran viajeros
espaciales, ellos representan un drama antiguo. Espadas, brujería
y caballería, combinadas con viajes espaciales, armas láser
y androides.
Y es que algunas historias tienen el potencial de guiar e inspirar una
generación, rescatando los valores más puros que yacen
en el fondo de la identidad humana, lo que sociólogos llaman
subconsciente colectivo. A estos relatos les llamamos mitos, y aunque
sean ficción, hacen tanto eco en nuestras bases que se quedan
con nosotros.
Las fuentes de
Lucas
No es un secreto que George Lucas retomó muchas fuentes para
crear su ópera espacial. Por ejemplo, ¿qué le parece
este relato?
Un joven es llamado a dejar la casa por una misteriosa aventura.
Al principio, renuente, finalmente se embarca en la jornada, donde un
sabio guía le entrega un poderoso talismán. El héroe
encuentra a un igualmente osado compañero, quien le ayuda a rescatar
a la damisela del siniestro laberinto. Después de ganar visión
espiritual y vencer numerosas pruebas, el joven noble eventualmente
vence a su malvado adversario.
No se trata de un resumen de la primera trilogía. Es la jornada
del héroe apuntada por Joseph Campbell en el libro El héroe
con los mil rostros, que Lucas señala como influencia de
la saga entre otras que van desde cómics de los cincuenta, pasando
por las series de Flash Gordon, el viejo oeste, hasta el cine oriental
de Akira Kurosawa, director de Los siete samurai.
A pesar de todo este collage de influencias, el éxito de Lucas
reside en haberle puesto su propio toque creativo y haber profundizado
tanto en los personajes (el guión principal tomó más
de cuatro años en desarrollarse).
Llama la atención el diseño meticuloso de cada elemento
de la cinta. Cada cosa tiene una intención y un propósito
definidos. Se han escrito incontables libros para explicar a los hábidos
fanáticos el propósito de cada interruptor de las X-wings
(naves rebeldes) o para describir cada rincón secreto de la Slave-I
(nave del cazarrecompensas Boba Fett).
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Gringada o japonesada
Algunas de las ideas más prominentes de Star Wars vinieron de
la cultura japonesa. Por ejemplo, el kimono de Luke, la indumentaria
de la reina Amidala, el casco de Vader, que es mitad samurai y mitad
nazi. Pero sobre todo retomó conceptos de la nobleza y del honor
orientales: la búsqueda del maestro idóneo que enseña
artes marciales, o en el caso de Yoda, a utilizar la fuerza.
Por otra parte, los japoneses tienen una idea muy clara del sufrimiento.
No era extraño que en las series Manga que muchos disfrutamos
cuando niños, y quizá las gozamos más por eso,
tuvieran alto contenido de padecimientos inflingidos al héroe.
Cosa que no ocurría en las caricaturas gringas en las que los
Cuatro fantásticos ni siquiera se despeinaban.
Asimismo, en El Imperio Contrataca pudimos observar atónitos
como Vader cortaba impunemente la mano de Luke para después informarle
Soy... tu padre. ¿Qué iba a ocurrir después?
Nadie se imagina a Batman o Superman sin algún miembro. Son intocables.
Sin embargo, este héroe es más real, se creía invencible
como muchos jóvenes, pero se da cuenta de que la vida es mucho
más compleja. Es susceptible de ser herido e incluso puede morir.
La empatía con la audiencia es absoluta en ese momento.
Según Campbell, en la mitología clásica, el héroe
debe ser mutilado para ser despojado de su vanidad y de sus logros.
Si sobrevive dará un salto hacia su propia madurez. Este salto
es representado, en El Imperio Contrataca, por Luke arrojándose
al vacío de la Ciudad de las nubes.
Así en El regreso del Jedi (la tercera parte de la saga) vemos
a un Luke adulto que intenta disuadir a su padre para que vuelva al
lado luminoso de la fuerza. Aquí se exhibe uno de los duelos
más complejos y creíbles, que se basa más en palabras
que en estocadas.
Al final, Luke alcanza la máxima expresión de un héroe,
aquel que perdona y ya no ataca, dispuesto a sacrificar su propia vida
para salvar la de otro. Este es el mensaje que proclaman muchas filosofías
y religiones. Es ese dar la otra mejilla y convertirse en un paladín
por acción y no por palabra. Así se cumple la gran profesía
que se menciona en el episodio I. Anakin da balance a la fuerza al acabar
con el Emperador y es al mismo tiempo liberado por su hijo de la perdición
del lado oscuro.

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Para
los aprendices
Para los que no están muy acostumbrados a viajar por la
galaxia muy lejana de Lucas, he aquí unos cuantos consejos.
Primero que nada adquiera la última enciclopedia de Starwars
para descifrar los intrincados códigos de comunicación
de los fanáticos.
Cuando vea aparecer el logo de Star Wars en la pantalla, no se
sorprenda de que todos empiecen a gritar como Wookies.
Haga usted lo mismo.
Si va a ir disfrazado, hágalo solo en la primera semana.
De lo contrario quedará como un tonto.
Póngase a la moda. Si en el cine se siente un mal olor,
exclame ¡Que Jedi!. Y si el pop-corn le cayó
mal, siéntase libre de llamar a Chewbacca en
vez de a Hugo.
Disfrute la película; después de todo es Star Wars.
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Esta
pintura de producción de Ralph McQuarrie muestra el duelo entre
Luke y Vader que se llevaría a cabo en el Episodio VI y que fue
cancelado en la confección del guión final.
Los
nuevos episodios
Para el episodio I, Lucas ya no es el joven soñador y entregado
al cine, sino un empresario exitoso. Admite que sólo quería
hacer una película para chicos de 12 años, para irla a
ver con sus hijos. Mientras, la fanaticada esperaba una megapelícula
digna de la saga. El hecho mitológico se ve reducido casi a los
diseños.
También es muy difícil alcanzar de nuevo aquella química
entre Harrison Ford (Han Solo), Carrie Fisher (Leia) y Mark Hamill (Luke)
que lograba que no perdieramos ni un segundo del filme. Además,
Lucas insiste en incluir personajes digitales a mansalva, que aunque
extremadamente realistas, a la larga reultan poco creíbles y
molestos, como el ya malquerido Jar Jar Binks. A pesar de eso, tenemos
que ser francos, muchos fuimos más de cinco veces al cine para
dejar salir al niño interior con las magistrales sinfonías
de John Williams.
Debo aclarar que no estoy en contra de los efectos especiales. Muchos
de mis amigos coincidieron conmigo en que, en Spiderman, es obvia la
animación digital aplicada al arácnido. Pero, debido a
la dirección, uno se da permiso de creer en el personaje.
En el episodio II todo parece mejorar, incluso la revista Time dijo
que superaba en el guión y superficialidad al infantil Episodio
I.
Desgraciadamente, los salvadoreños podremos opinar sobre El ataque
de los clones hasta cerca de finales de julio (según la página
oficial Starwars.com), seguramente porque los cinemas desean aprovechar
las vacaciones agostinas. Pero recuerden que el Jedi debe ser paciente.
Nos vemos en el cine.
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Star
Wars vs. Spiderman
Resulta muy curioso que las películas que más han
tenido trascendencia en nuestra cultura deambulen por las mismas
temáticas.
Por ejemplo, qué personaje resulta más accesible
para una audiencia, que el típico joven desaliñado
que no tiene un propósito definido para su vida; quien
vive pensando en el futuro y con los ojos llenos de sueños.
Sí, se trata de Luke Skywalker que desde su planeta Tatooine
ve como la realidad de su vida de campesino le arrebata sus anhelos
de convertirse en piloto espacial. Si lo analizamos, también
es el nerd Peter Parker. Ambos personajes logran que entremos
en sus zapatos y disfrutemos verlos madurar y convertirse en adultos
dentro de las situaciones extraordinarias que los rodean. Ese
es el secreto de la magia que hace que salgamos del cine con ganas
de trepar un edificio con nuestra
telaraña o blandiendo nuestro
sable de luz.
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