7 de julio 2002


En una época en que los mitos han desaparecido y que la ciencia se vuelve
religión, una película ha logrado iluminar a una generación de manera
poderosa. ¿Cuál es la magia subyacente en este relato y qué inspiró a su creador?

En lo particular, no recuerdo una experiencia cinematográfica que haya tenido mayor impacto que la trilogía de George Lucas. Y siempre me he preguntado cuál es la magia intrínseca en estos filmes que ningún otro ha logrado; qué es lo que hace que las audiencias se fascinen de tal forma que lo adopten como parte de su vida vehementemente. Muchos hasta llaman sin problemas a la trilogía mito moderno.
En 1977, los mitos antiguos no parecían relevantes para la cultura occidental. La economía estaba en una baja; el reciente conflicto de Vietnam no dejaba un claro vencedor; la Guerra Fría continuaba y el orgullo estadounidense había recibido un duro golpe con el caso Watergate. Curiosamente aparecía, a la sazón, una cinta de bajo presupuesto llamada “La guerra de las galaxias, Una nueva esperanza”. Y aún en medio de esa década de desilusión, las audiencias interrumpían el filme con aplausos espontáneos. Aunque los protagonistas eran viajeros espaciales, ellos representan un drama antiguo. Espadas, brujería y caballería, combinadas con viajes espaciales, armas láser y androides.
Y es que algunas historias tienen el potencial de guiar e inspirar una generación, rescatando los valores más puros que yacen en el fondo de la identidad humana, lo que sociólogos llaman subconsciente colectivo. A estos relatos les llamamos mitos, y aunque sean ficción, hacen tanto eco en nuestras bases que se quedan con nosotros.

Las fuentes de Lucas

No es un secreto que George Lucas retomó muchas fuentes para crear su ópera espacial. Por ejemplo, ¿qué le parece este relato?
“Un joven es llamado a dejar la casa por una misteriosa aventura. Al principio, renuente, finalmente se embarca en la jornada, donde un sabio guía le entrega un poderoso talismán. El héroe encuentra a un igualmente osado compañero, quien le ayuda a rescatar a la damisela del siniestro laberinto. Después de ganar visión espiritual y vencer numerosas pruebas, el joven noble eventualmente vence a su malvado adversario”.
No se trata de un resumen de la primera trilogía. Es la jornada del héroe apuntada por Joseph Campbell en el libro “El héroe con los mil rostros”, que Lucas señala como influencia de la saga entre otras que van desde cómics de los cincuenta, pasando por las series de Flash Gordon, el viejo oeste, hasta el cine oriental de Akira Kurosawa, director de “Los siete samurai”.
A pesar de todo este collage de influencias, el éxito de Lucas reside en haberle puesto su propio toque creativo y haber profundizado tanto en los personajes (el guión principal tomó más de cuatro años en desarrollarse).
Llama la atención el diseño meticuloso de cada elemento de la cinta. Cada cosa tiene una intención y un propósito definidos. Se han escrito incontables libros para explicar a los hábidos fanáticos el propósito de cada interruptor de las X-wings (naves rebeldes) o para describir cada rincón secreto de la Slave-I (nave del cazarrecompensas Boba Fett).

 


“Gringada o japonesada”


Algunas de las ideas más prominentes de Star Wars vinieron de la cultura japonesa. Por ejemplo, el kimono de Luke, la indumentaria de la reina Amidala, el casco de Vader, que es mitad samurai y mitad nazi. Pero sobre todo retomó conceptos de la nobleza y del honor orientales: la búsqueda del maestro idóneo que enseña artes marciales, o en el caso de Yoda, a utilizar la fuerza.
Por otra parte, los japoneses tienen una idea muy clara del sufrimiento. No era extraño que en las series Manga que muchos disfrutamos cuando niños, y quizá las gozamos más por eso, tuvieran alto contenido de padecimientos inflingidos al héroe. Cosa que no ocurría en las caricaturas gringas en las que los Cuatro fantásticos ni siquiera se despeinaban.
Asimismo, en El Imperio Contrataca pudimos observar atónitos como Vader cortaba impunemente la mano de Luke para después informarle “Soy... tu padre”. ¿Qué iba a ocurrir después? Nadie se imagina a Batman o Superman sin algún miembro. Son intocables. Sin embargo, este héroe es más real, se creía invencible como muchos jóvenes, pero se da cuenta de que la vida es mucho más compleja. Es susceptible de ser herido e incluso puede morir. La empatía con la audiencia es absoluta en ese momento.
Según Campbell, en la mitología clásica, el héroe debe ser mutilado para ser despojado de su vanidad y de sus logros. Si sobrevive dará un salto hacia su propia madurez. Este salto es representado, en El Imperio Contrataca, por Luke arrojándose al vacío de la Ciudad de las nubes.
Así en El regreso del Jedi (la tercera parte de la saga) vemos a un Luke adulto que intenta disuadir a su padre para que vuelva al lado luminoso de la fuerza. Aquí se exhibe uno de los duelos más complejos y creíbles, que se basa más en palabras que en estocadas.
Al final, Luke alcanza la máxima expresión de un héroe, aquel que perdona y ya no ataca, dispuesto a sacrificar su propia vida para salvar la de otro. Este es el mensaje que proclaman muchas filosofías y religiones. Es ese dar la otra mejilla y convertirse en un paladín por acción y no por palabra. Así se cumple la gran profesía que se menciona en el episodio I. Anakin da balance a la fuerza al acabar con el Emperador y es al mismo tiempo liberado por su hijo de la perdición del lado oscuro.

Para los aprendices

Para los que no están muy acostumbrados a viajar por la galaxia muy lejana de Lucas, he aquí unos cuantos consejos.


Primero que nada adquiera la última enciclopedia de Starwars para descifrar los intrincados códigos de comunicación de los fanáticos.
Cuando vea aparecer el logo de Star Wars en la pantalla, no se sorprenda de que todos empiecen a gritar como “Wookies”. Haga usted lo mismo.
Si va a ir disfrazado, hágalo solo en la primera semana. De lo contrario quedará como un tonto.
Póngase a la moda. Si en el cine se siente un mal olor, exclame “¡Que Jedi!”. Y si el pop-corn le cayó mal, siéntase libre de llamar a “Chewbacca” en vez de a “Hugo”.
Disfrute la película; después de todo es Star Wars.

 

 

Esta pintura de producción de Ralph McQuarrie muestra el duelo entre Luke y Vader que se llevaría a cabo en el Episodio VI y que fue cancelado en la confección del guión final.

Los nuevos episodios

Para el episodio I, Lucas ya no es el joven soñador y entregado al cine, sino un empresario exitoso. Admite que sólo quería hacer una película para chicos de 12 años, para irla a ver con sus hijos. Mientras, la fanaticada esperaba una megapelícula digna de la saga. El hecho mitológico se ve reducido casi a los diseños.
También es muy difícil alcanzar de nuevo aquella química entre Harrison Ford (Han Solo), Carrie Fisher (Leia) y Mark Hamill (Luke) que lograba que no perdieramos ni un segundo del filme. Además, Lucas insiste en incluir personajes digitales a mansalva, que aunque extremadamente realistas, a la larga reultan poco creíbles y molestos, como el ya malquerido Jar Jar Binks. A pesar de eso, tenemos que ser francos, muchos fuimos más de cinco veces al cine para dejar salir al niño interior con las magistrales sinfonías de John Williams.
Debo aclarar que no estoy en contra de los efectos especiales. Muchos de mis amigos coincidieron conmigo en que, en Spiderman, es obvia la animación digital aplicada al arácnido. Pero, debido a la dirección, uno se da permiso de creer en el personaje.
En el episodio II todo parece mejorar, incluso la revista Time dijo que superaba en el guión y superficialidad al infantil Episodio I.
Desgraciadamente, los salvadoreños podremos opinar sobre El ataque de los clones hasta cerca de finales de julio (según la página oficial Starwars.com), seguramente porque los cinemas desean aprovechar las vacaciones agostinas. Pero recuerden que el Jedi debe ser paciente. Nos vemos en el cine.

Star Wars vs. Spiderman

Resulta muy curioso que las películas que más han tenido trascendencia en nuestra cultura deambulen por las mismas temáticas.


Por ejemplo, qué personaje resulta más accesible para una audiencia, que el típico joven desaliñado que no tiene un propósito definido para su vida; quien vive pensando en el futuro y con los ojos llenos de sueños. Sí, se trata de Luke Skywalker que desde su planeta Tatooine ve como la realidad de su vida de campesino le arrebata sus anhelos de convertirse en piloto espacial. Si lo analizamos, también es el nerd Peter Parker. Ambos personajes logran que entremos en sus zapatos y disfrutemos verlos madurar y convertirse en adultos dentro de las situaciones extraordinarias que los rodean. Ese es el secreto de la magia que hace que salgamos del cine con ganas
de trepar un edificio con nuestra
telaraña o blandiendo nuestro
sable de luz.

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