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Un agradable sabor agridulce estampan en
el paladar las naranjas cosechadas en el extenso terreno boscoso propiedad
del Parque Nacional de la Familia.
Se sienten ácidas porque la cosecha comienza, pero cuando
es el propio tiempo, a mediados de julio, son bien dulcitas, afirma
Juan Antonio Sigarán, trabajador de esta finca enclavada en la
Cordillera del Bálsamo, en el cantón Planes de Renderos.
El tiempo de los azahares ha pasado, y los 1,500 naranjos exhiben entre
sus verdes hojas los racimos de frutos tan jugosos como apetecibles
que refrescan al más sediento. Por ahora asoman verdes y uno
que otro amarillento, indicando que la cosecha está a las puertas.
Los jornaleros se preparan ya para limpiar el zacate y toda yerba innecesaria
alrededor de estos arbolitos que alcanzan entre cuatro a cinco metros
de altura, mientras los frutos logran la madurez necesaria y puedan
cortarse a montones.
Cuando la cosecha entra en su apogeo, estos trabajadores llegan a cortar
diariamente más de un millar de naranjas del tipo Washington,
producto de injertos y que carecen de semillas. Las hay de todos tamaños
y precios que van desde los ¢0.25 hasta los ¢0.55. Las que
alcanzan un tamaño similar a la de una pelota de softbol son
naturalmente las más caras y las menos vendidas.

En
los Planes, la naranja washington es la más cultivada.
La valencia ocupa el segundo lugar.
Los compradores prefieren las de
a veinticino a treinta y cinco centavos porque le sacan el jugo y lo
venden en las calles; la grande la piden menos, afirma don Francisco
Pérez Hernández, caporal de la finca.
Para seleccionar este fruto según su tamaño y precio ocupan
una clasificadora, un antiguo mueble de madera conformado por un cajón
en el que echan las naranjas y éstas van rodando una por una
por una canaleta inclinada que va de menor a mayor grosor. Según
el tamaño, así van introduciéndose y cayendo en
cestos dispuestos en el suelo.
Por ahora no ha llegado el apogeo de la cosecha, pero los pájaros
ya hacen fiesta entre el grueso de naranjos. Chejes y chiltotas son
los especialistas en sobrevolar sus ramas, detectan el mejor fruto,
insertan su pico y extraen sus mieles. Esa naranja ya no sirve para
venderla a los humanos, pero ha dado de comer a otros seres vivos. Esto
ha ocurrido así desde hace 35 años, desde que se plantó
este naranjal.
Lamentablemente, esta plantación va rumbo al desaparecimiento
y dentro de poco ni aves ni humanos podrán disfrutar más
de estas jugosas naranjas. La edad de los arbolitos y la falta de sustitución
lo hacen insostenible.
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¿En
decadencia?
El año pasado se cosecharon aproximadamente 50,000 naranjas,
pero don Francisco no cree que este año se supere esa cantidad,
mucho menos igualarán los volúmenes que se registraban
hace más de diez años cuando la propiedad pertenecía
al Instituto Rinaldi, de la orden salesiana.
Es que la plantación era más nueva y había
clientes que se llevaban las naranjas hasta en pick-ups,
pero ahora se venden a pequeñas comerciantes que ya son compradoras
fijas de todos los años quienes dicen que aquí se les
venden más baratas, dice don Francisco.
Para cuando termine el tiempo de la cosecha en diciembre próximo
no se sabe la cantidad de naranjas que producirán, pero don Francisco
estima que será menor que las obtenidas el año pasado.
Y es que según Mario Valencia, administrador del parque, actualmente
se está cosechando apenas un diez por ciento de lo que se recogía
cuando no existía el parque.
El funcionario argumenta diversas causas que han conducido a la decadencia
de este plantación: que la mejor parte del naranjal se perdió
junto a un importante limonar pérsico cuando se construyó
el parque; la vejez de los árboles, que ha provocado el desaparecimiento
de buena parte de ellos, y la imposibilidad de sustituirlos porque la
inversión es alta.

En
el Parque de la Familia, la cosecha de este fruto provee trabajo a unos
ocho jornaleros.
No es rentable el naranjal. Para
replantarlo hay que hacer el injerto (cruzar la planta macho con otra)
para poder cosechar la misma naranja. No se reproduce por medio de semillas.
El proceso no es natural y y es costoso. No vale la pena cuando el ingreso
que obtenemos de la venta es mínimo, porque se hace al por mayor
y eso significa que el precio es muy bajo, refiere Valencia.
Otro problema que enfrentan es el irrespeto de los visitantes al parque
porque cortan los frutos y se los llevan. Mientras este naranjal se
vuelve insostenible, otros parecen más prósperos. El verdor
de los naranjos que destacan como árboles de sombra de los cafetales
de la zona lo dicen.
Los lugareños hablan de la
gran cantidad de naranjas que siguen produciendo fincas como Casa
de piedra y Lutecia, pero esto no se pudo comprobar
con sus respectivos administradores.
Don Francisco García, un lugareño, manifestó que
esta zona se ha caracterizado en el pasado como importante productor
de cítricos, especialmente de naranjas y limones, y que éstos
casi siempre se combinaban con el cultivo de café que abarca
un 50% de los 45 kilómetros cuadrados en los que se extiende
el cantón Planes de Renderos, el que además sobrevive
en gran parte del turismo.
Don Francisco Pérez dice que sólo en lo que hoy es el
Parque de la Familia se ha perdido un millar de naranjos en el lapso
de una década. Por eso, en los planes del Ministerio de Hacienda,
dependencia de gobierno que administra el sitio, figura convertirlo
en una reserva forestal.

Los
naranjos poseen ramas delgadas
y muy resistentes.
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Juan
Antonio Sigarán, en el momento de seleccionar las naranjas, según
el tamaño, en la antigua clasificadora del Parque de la Familia.
Ecológico
y sostenible
Mario Valencia dice que ante la escasa rentabilidad del naranjal, que
constituye el rubro menor de ingresos que dan sostenimiento al parque
recreativo y considerando que un espeso bosque se extiende sobre 49
manzanas, han surgido planes para explotarlo turísticamente,
pero bajo una visión ecológica y educativa.
Es más rentable el parque por el ingreso de visitantes,
pues antes el café tenía buen precio y la producción
de naranjas era excelente, los gastos de mantenimiento eran mínimos
y con eso sobrevivía la finca. Personalmente creo que ya no se
le podría explotar agrícolamente porque la zona se está
convirtiendo en reserva ecológica y además la gente (visitantes
del parque) no cuida, opina Valencia.
Según este funcionario, han propuesto al Ministerio de Agricultura
y Ganadería un proyecto de hacer de este bosque una reserva forestal
y cerrarla al público para garantizar su conservación
y la protección de animales amenazados como venados y tepezcuintles
que aún habitan esos parajes.
Otra parte importante del proyecto es crear un jardín botánico
en el área más pública del parque para que los
estudiantes que constituyen el grueso de visitantes lo recorran
a través de un novedoso y atractivo sendero interpretativo.
Aunque a largo plazo, la idea está y es beneficiosa porque busca
preservar la parte boscosa del parque comprendida por diversidad de
árboles, entre los que destacan cafetos y los naranjos con sus
jugosos frutos, delicia de humanos como de aves.

Ya cortadas, las naranjas se guardan
en sacos y se clasifican para su posterior comercialización.
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Cultivo
escaso
En El Salvador, el cultivo de naranjas no es tan significativo,
pero las cada vez más frecuentes ferias cítricas
reflejan su crecimiento.
El Ministerio
de Agricultura y Ganadería (MAG) dice no tener registradas
las zonas de mayor cultivo en el país, pero se destacan
San Juan Opico, Cojutepeque, San Pedro Nonualco y San Juan Nonualco,
Santa María Ostuma, Coatepeque, El Congo, Tacuba y Ataco.
Según
el Anuario del MAG 2000-2001, en El Salvador existen 7,400 manzanas
cultivadas de naranjas que rindieron cerca de 2.5 millones de
unidades.
El tipo
de naranja que predomina en el país es la valencia,
seguida de la washington.
La
naranja es el cítrico más cultivado, luego está
el limón y la mandarina, entre otros.
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