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Las
obreras se pierden entre el
amarillo de las flores
Cortar okra no es fácil. El ajuate
(pelusilla que se desprende de la planta) irrita la piel, y la savia
que contienen los tallos desgasta la piel, a tal punto de desangrarlas.
El sol y el calor de las zonas calientes cultivables, sobre todo en
la costa, resultan sofocantes.
Pese a ello, las cortadoras de okra sortean estos obstáculos
por razones más que justificadas. Cuando la necesidad apremia,
la mujer campesina, cabeza de la familia en muchas ocasiones, debe salir
y buscar trabajo.
Cortar maicillo, rozar caña, abonar y desherbar cultivos son
algunas de las tareas donde ellas han demostrado fuerza y tenacidad.
Algunas féminas, mientras recorren los tupidos surcos y rozan
sus rostros requemados en las hojas de okra, aúntienen aliento
para expresar entre sonrisas: Me gusta hacerlo.
Siempre vengo a cortar y me encanta, es mejor que rozar caña,
cuenta María Calderón, de 37 años. Aunque luego
duda un poco y nos lanza una pregunta perspicaz: ¿A usted le
gustaría hacerlo? No hay respuesta inmediata ni más tarde.
Ella interrumpe el silencio y agrega que debe luchar para mantener a
sus tres hijas.
En la hacienda San Reymundo, Ahuachapán; al igual que en Sonsonate,
Santa Ana, La Paz y La Libertad, cuando llega la cosecha de este fruto,
muchas mujeres tienen asegurado su sustento diario, durante 75 días
(período de corta).
Miguel Aparicio Cortés, encargado de las 55 manzanas de okra
plantadas en la hacienda San Reymundo, halaga el desempeño del
sexo femenino. Detalla que de las 30 personas empleadas, 26 son mujeres
y sólo seis son hombres.

Con
zapatos o sin zapatos, las cortadoras de okra han aprendido a recorrer
los surcos de esta planta.
Mujeres, por tradición
Ellas responden, se les da un lote (1,200 metros cuadrados) y
vuelven a pedir otro, añade el encargado, para dejar en
evidencia el valor y el empeño de las cortadoras de okra, quienes
aun con las fuertes tormentas y sin importarles que el ajuate se adhiera
a sus ropas mojadas no interrumpen su obra.
Desde la introducción de la okra en el país, la mujer
campesina participaba en la temporada de corta. Eugenio Ábrego,
uno de los responsables de los primeros ensayos de este cultivo, recuerda
desde siempre la presencia del sexo femenino.
La fábrica Quility Food en la que él se desempeñaba
comenzó a sembrar okra en 1974. Al principio hombres y mujeres
encontraron una fuente de empleo en la nueva hortaliza. Pero después
ellos se fueron quedando atrás.
Los hombres tenían otras ocupaciones, como la siembra de cultivos
básicos (maíz, frijol, maicillo y otros) y por eso se
fueron alejando de las okreras.. En cambio las féminas, en lugar
de retirarse, se fueron quedando, a tal punto que se llegó a
ver como una labor exclusiva del sexo femenino.
Ábrego también menciona las características natas
de las mujeres. Son atentas, cuidadosas y más dóciles,
eso les permite acatar con facilidad las recomendaciones, mientras que
el hombre, por hacer todo con rapidez, deja fruto en la planta.
Y aunque pareciera increíble, la dedicación hace que les
abunde, incluso, más que a sus compañeros. Por ejemplo,
Mirna Esperanza Zúñiga, de 26 años y madre de tres
niños, no descansa desde el inicio de la jornada.
Cuando el lote (extensión de terreno asignado para la corta)
está cargado de fruto llega a recolectar hasta siete cajas con
okra. Esto le deja 35 colones al día. Mirna sabe que está
cantidad no es suficiente para llenar los vacíos de su familia,
pero al menos le sirve para comprar algunos alimentos.
Ana de Chicas, gerente de ventas de la fábrica Del Tropic
Food (encargada de procesar y exportar la okra a Estados Unidos
y Canadá) considera que las mujeres, contrario a los hombres,
soportan con más facilidad las incomodidades al cortar la okra.
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En veinte años que tiene de trabajar
con este cultivo, Chicas ha detectado la presencia mayoritaria de la
mujer. Se genera empleo a por lo menos 1200 familias al año
y de estas el 80% de las beneficiadas es mujer, detalla.
Del
campo al extranjero
Más de trescientas manzanas de la campiña salvadoreña
están destinadas a la siembra de la okra. En la hacienda San
Reymundo existe una plantación de 55 manzanas. En este lugar
se ofrece trabajos a los miembros de la cooperativa y a los habitantes
de cantones aledaños.
Antes de que el sol descubra sus primeros destellos, las cortadoras
de okra encaminan sus pasos hacia su centro de empleo. En su ajetreado
recorrido van mojando sus ropas con el rocío de la madrugada
y en sus manos laboriosas cargan los canastos que les servirán
para recolectar la hortaliza.
Cada mata contiene entre 100 y 125 frutos. Para tronchar la okra las
mujeres utilizan guantes de hule, estos les sirven para protegerse de
la sustancia lechosa contenida en los tallos, que causa estragos en
la piel: la enrojece y llega a desangrarla.
Las cajas con okra son trasladadas por las cortadoras hacia el centro
de acopio, donde otras mujeres clasifican la hortaliza en dos tamaños.
Además se desecha la que ha sido afectado por las plagas.
Ya clasificada se envía a la fábrica Del Tropic
Food. Ahí se introduce en un cuarto frío para quitarle
el calor del campo; algunos frutos se cortan, otros se dejan enteros.
Después se precocen durante tres o cuatro minutos, esto resalta
el color del producto y le mata las encimas que producen la descomposición.
Por último se congelan y se ponen en cajas de cartón,
ya listas para enviarlas por barco a Estados Unidos y en menor cantidad
a Canadá. En esas tierras se les da uso alimenticio; es consumido
sobre todo por la raza negra en ensaladas, sopas y guisos.
Chicas menciona que la presencia de mujeres es mayoritaria también
en la planta: ellas son las encargadas de la línea procesadora.
Son aseadas y detallistas. No tienen el tabú de decir yo
no voy a usar determinada ropa, relata.
Y eso es demostrado por Julia Trujillo, de 53 años. Ataviada
con las ropas características aparece entre las plantaciones
llevando una caja con okra en la cabeza. Frunce su rostro sudado y dice:
Me da mis centavitos a la quincena, pero es difícil porque
llevo sol todo el día.
Campesinas como Julia han demostrado que trabajar en el campo requiere
agallas. Y cortar okra no es la excepción; en algunos casos sólo
la necesidad que se carga en los hombros obliga a cientos de mujeres
a desafiar la rudeza de los trabajos del campo.

Al
medio día, el calor es sofocante. María Calderón
se protege de los fuertes rayos del sol y de la incomodidad del ajuate
con un delantal.
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Sobre
la okra
Es una planta herbácea con tallos erectos y ramificados
en forma piramidal y de color verde rojizo. Sus frutos son cápsulas
alargadas y son la parte aprovechable del cultivo.
Aún
existen dudas si la okra es de origen africano o antillano, pero
en el último continente es donde se utiliza más
en sopas, salsas o para ahumar pescados y carnes.
La
okra es fuente de proteínas, lípidos, calcio, fósforo,
potasio, vitamina A y sodio, entre otros.

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La
okra que es desechada luego de la clasificación es comprada por
los comerciantes en peqieño. quienes la venden en el mercado
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La
agilidad y la dedicación de las mujeres que cortan la okra es
muy reconocida.

Las
cortadoras recorren hasta cinco cuadras de distancia para llegar al
centro de acopio con su sustento diario.
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Mercado
internacional
La fábrica Del Tropic Food es la encargada
del manejo del cultivo en el país. Brinda asesoría
técnica a los agricultores, les compra la okra, la procesa
y la envía a Estados Unidos y a Canadá.
En el 2001, la fábrica procesadora exportó 150 contenedores
y cada uno tiene capacidad para guardar 40,000 libras. En lo que
va del año se han enviado 60 contenedores.
Las
exportaciones de okra se destinan en su mayoría a Estados
Unidos. El Salvador abastece dicho mercado con el 4.2% de sus
requerimientos y Guatemala con el 81.1%.
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Trabajadoras
se encarga de clasificar el fruto en el centro de acopio para luego
llevarlo a la fábrica.
Ningún
trabajo del
campo le puede gustar
a uno, pero lo hacemos por la necesidad
Julia Trujillo
Esta hortaliza
contiene una sustancia
musilaginosa. Suele
prepararse hervida,
frita, empanizada o en
ensaladas.
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