7 de abril 2002



Por siglos se le ha atribuido a los inciensos japoneses poderes místicos, relajantes y curativos del espíritu. En nuestros días son los favoritos de quienes disfrutan del aroma que desprenden al entrar en contacto con el fuego. La historia de su surgimiento es tan interesante como su uso.




La utilización del incienso no se
originó en Japón.

Las culturas orientales sorprenden a los occidentales por sus tradiciones que perduran a través del tiempo porque las guardan celosamente para que trasciendan de una generación a otra.
Los japoneses no son la excepción, ya que su identidad está ligada a rituales como la ceremonia del té, las artes marciales y el uso de inciensos, considerados diferentes medios para alcan zar la perfección.
Aunque la utilización del incienso no se originó precisamente en Japón, fue en este país donde la práctica se volvió popular como medio de relajación y de diversión.
La quema de incienso se remonta a los tiempos bíblicos y se cree que podría haber comenzado en el antiguo Egipto, donde las resinas y las gomas de árboles aromáticos traídos de las costas de Arabia y de Somalia eran utilizadas por los faraones en ceremonias religiosas, con el fin de espantar a los demonios y honrar a los dioses.
Los babilonios también le dieron ese carácter religioso, ya que lo utilizaban para acompañar las oraciones. Fue importado a Israel en el siglo V antes de Cristo para el uso de ofrendas religiosas, extendiéndose desde allí a Grecia, Roma e India, donde tanto los budistas como los hinduístas aún lo usan en rituales y ceremonias.
La primera vez que aparece registrado en los libros de historia de Japón el uso de trozos de madera para extraer aromas fue en el año 595 de nuestra era.

Origen: awají

Según la historia, un árbol de nombre desconocido llegó a una isla de este país llamada Awají. Los habitantes querían utilizarla como leña, pero al encenderla se dieron cuenta de que desprendía un agradable olor. Sin pretenderlo habían iniciado una tradición que trasciende hasta nuestros días.
Esto justifica el hecho de que la tradición original en Japón se haya iniciado con trozos de madera que difieren de las múltiples formas, tamaños y olores que se comercializan en la actualidad.

 

Esta práctica se conoce con el nombre de “Ko do” (que en japonés significa Ko = olor y do = perfeccionamiento), que se considera como un arte para perfeccionar el aroma de una variedad de árboles, cuyos pedazos se calientan utilizando quemadores de cerámica.

Arte de la perfección

El Ko do es una práctica exclusiva de Japón que se introdujo como forma de diversión y de arte. En cambio, la India, China, Korea y algunos países de Europa utilizan los inciensos con fines religiosos o en aromaterapia.
Según Shigetomo Maruhashi, agregado cultural y económico de la Embajada de Japón en nuestro país, la práctica del Ko do no es muy común en la actualidad, incluso en ese país, debido a que los árboles son difíciles de obtener y por encontrarse en zonas alejadas de las urbes.
Otro dato relevante en la historia del Ko do es el año 1645, fecha en que el sacerdote budista Ganjin llevó a Japón trozos de árboles aromáticos de la India, de Corea y de China Continental, que eran utilizados para alcanzar la purificación durante los rituales religiosos.
Durante la etapa de 1600 a 1867 se empezó a divulgar esta práctica como una forma de diversión y de arte. Los japoneses empezaron a utilizar las bolsas de olor en la ropa.
En 1662, una persona de nombre desconocido que regresó de China empezó a fabricar compactados que se quemaban directamente. Antes de esta fecha sólo se utilizaban los trozos de madera o Ko do.



Los babilonios le dieron carácter
religioso a la quema de incienso.



Se puede encontrar en muchas
presentaciones
.

 

En Europa se utilizan los incienso
con fines religiosos.

Ko do
El Ko do es una práctica exclusiva de Japón que se introdujo como forma de diversión y de arte.

En la actualidad, el Ko do o quemar trozos de madera se utilizan en Japón para orar en las ceremonias frente a los muertos o para venerar a los antecesores frente a los templos de oración de las viviendas. En cambio, los de olor más fuerte son usados para impregnar los ambientes.
Mientras tanto, algunos occidentales seguimos creyendo erróneamente que los inciensos largos y compactados que se comercializan hoy en día corresponden a esa milenaria tradición de los japoneses. Pero, originales o no, aromatizan cualquier ambiente y los disfrutamos de todas formas.

Los nipones utilizan bolsas de
olor en la ropa.

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