7 de abril 2002



Cinco comunidades situadas en la cuenca del lago de Ilopango serán favorecidas con
la producción de peces en jaulas flotantes. Esta iniciativa va acompañada de una finalidad ambiental: la preservación del cuerpo de agua.

La pesca artesanal en el lago de
Ilopango ha dejado de ser un medio
de subsistencia para las familias.

Los pescadores residentes en la cuenca del lago de Ilopango tienen que soportar el intenso sol de la mañana para poder recolectar de tres a cinco libras de pescado.
Por si fuera poco, el dinero que obtienen por la comercialización de los peces a duras penas les alcanza para comprar el maíz y el frijol.
José Basilio Araujo vive en la ribera del lago y tiene 21 años de dedicarse a la pesca artesanal. En los últimos 15 años, él ha sido testigo del aumento de los pescadores (de 300 a 1,000) y de como la población de peces ha disminuido.
“Ahora lo hacemos porque no hay otra cosa que hacer; no nos alcanza ni para la alimentación, mucho menos para la salud y para la educación de nuestros hijos”, cuenta el viejo atrapador.
La solución a ese problema parece dibujarse en el horizonte para 120 familias. Son cinco comunidades residentes en la cuenca del lago de Ilopango las que serán beneficiadas con la construcción de 25 jaulas flotantes para la crianza de peces (cinco en cada comunidad).

Sustento diario seguro

Los pobladores de San Antonio, Santa Cruz la Vega en Cojutepeque, y San Agustín, en Cuscatlán; así como Joya Grande y Amatitán, en La Paz, confían en que esta iniciativa traerá mejoras en sus condiciones de vida.
El proyecto “Producción en jaulas flotantes” es implementado por la Agencia de Desarrollo Microrregional de los Municipios de Ilopango, Soyapango y San Martín (ADEMISS) y es financiado por la Fundación Interamericana (FIA).
En la iniciativa, que también incluye acciones de saneamiento ambiental y reconstrucción de algunas viviendas que resultaron dañadas por los terremotos del año pasado, se invertirán 275,000 dólares.
El cultivo de peces en corral permitirá producir por jaula unas 3,500 libras de pescado cada tres meses y medio. “Es algo distinto porque la gente ya no tendrá que luchar para recolectar unos pocos peces; tendrá seguro su sustento diario”, detalla Elena de Rodríguez, presidenta de ADEMISS.
El proyecto se desarrollará en tres fases: organización, producción y comercialización. Hasta el momento se ha trabajado en la primera etapa. Se reunió a los miembros de las comunidades y fueron capacitados por técnicos del Centro de Desarrollo Pesquero (CENDEPESCA) sobre el cultivo de peces.
A mediados de abril se continuará con la construcción de las jaulas y luego se hará una prueba piloto para que los pescadores aprendan a cuidar de los alevines: alimentarlos, limpiar las jaulas y hacer muestreos sobre peso y talla.
Paralelo a ello se les capacitará sobre la comercialización del producto: cuáles son los posibles mercados, el precio en el que se debe vender y cómo administrar los fondos que se obtengan.
Los peces escogidos para el cultivo son tilapias, debido a que alcanzan tallas más grandes en menor tiempo, existe más facilidad para alimentarlas (se adapta al concentrado de granos y semillas) y se adecua a las características del cuerpo de agua (temperatura y oxígeno).

“Las tigresas”, pioneras de la
experiencia.

 

Un buen ejemplo

En 1997, un grupo de pescadores artesanales, en compañía de sus esposas, comenzó a preocuparse porque pasaban horas y horas en el lago sin que sus redes capturaran lo suficiente para subsistir. Pensaron en una alternativa viable y optaron por la construcción de jaulas flotantes.
La idea de producir y vender pescado por mayor entusiasmó al grupo llamado “Los tigres de Xilopango”, compuesto por siete mujeres y 16 hombres. Fue así que tocaron puertas en CENDEPESCA y recibieron asesoría técnica para concretar el proyecto.
“Nosotras colaboramos en todo desde el principio; hicimos cuatro jaulas, cuidábamos los peces y nos encargábamos de la comercialización. Poco a poco nuestro sueño se hizo realidad”, relata Concepción Campos, de 65 años.
Cinco años después, la labor ejecutada por el grupo emprendedor llamó la atención de los miembros de ADEMISS y no dudaron en solicitar cooperación internacional para financiar una iniciativa similar, aunque más grande.

La lejía y el jabón contaminan el
cuerpo de agua.

José Víctor Guillén se dedica a la pesca desde hace 15 años. Mientras camina por la orilla del lago llevando de la mano a su pequeño hijo confiesa sus expectativas. “Estoy seguro de que esto nos va a ayudar a relacionarnos como personas y en lo económico también”, asegura.
Celestina Velázquez dedicó 25 años de su vida a vender el pescado recolectado por su esposo. Ahora que se necesita un día completo y con suerte para capturar la cantidad de peces que antes se capturaba en dos horas, esta mujer de 55 años ya no sale de su casa para vender.
“Sólo agarramos cinco libritas y las mando a vender para ir comprando la comidita, por eso yo estoy dispuesta a ayudarles, aunque sea a lavar las jaulas”, comenta la mujer de piel aceitunada por el sol.

Varios niños en edad escolar serán
beneficiados.

Cada jaula tiene capacidad para
engordar entre seis mil y 10 mil
peces cada tres meses y medio.

 

La equidad de género es primordial
en la iniciativa.

Dos fines en uno

Según investigaciones realizadas por el Centro de Desarrollo Pesquero, la contaminación del lago de Ilopango es del 20%, pero según técnicos de la institución ésta no afecta a los peces cultivados en las jaulas flotantes.
“Se han buscado lugares adecuados donde la contaminación sea mínima y donde no haya entradas de ríos contaminados; además se ha comprobado que el oleaje no sea tan fuerte para que no destruya las jaulas”, menciona Ricardo Quintanilla, inspector de pesca de CENDEPESCA.
Aunque se puede pensar que las heces fecales de los peces y los residuos de la comida que se les dan podrían contaminar el agua, uno de los miembros del grupo “Los tigres de Xilopango” expresa que en la mañana y en la tarde se recogen los residuos de los corrales para evitar las impurezas en el lago.
El Ministerio del Medio Ambiente ha realizado las inspecciones adecuadas y ha determinado que la producción de peces en jaulas flotantes no contamina el agua. Al contrario, este proyecto, además del beneficio económico lleva un ingrediente ambiental que lo convierte en clave para preservar limpio el cuerpo de agua.
José Amaya, gerente de ADEMISS, menciona que el medio es la construcción de corrales, pero el fin es proteger el lago. Él asegura que al hacer suyo el proyecto, los beneficiados se convertirán en veladores de sus intereses. Prohibirán la basura, el ruido, el aceite que botan las lanchas, los pesticidas y todo lo que atente contra la crianza de los peces.
Además, con la producción en jaulas flotantes disminuirá la recolección de peces y eso servirá para preservar y aumentar la población. Si se deja de alterar la vida acuática llegará un momento en que se regenerará.
El cultivo de peces a través de jaulas flotantes ha tenido mucho éxito en Venezuela, Colombia, Ecuador y México. En El Salvador comienza a vislumbrarse como una alternativa viable para los pescadores artesanales; sin embargo, piensa implementarse en otros cuerpos de agua del país.

Proceso esperanzador

Las etapas de un pez son huevo, jaramugo (recién nacido), alevín (mide 10-12 centímetros), juvenil y adulto.


Cuando son alevines, las tilapias son trasladadas a las jaulas flotantes. Los corrales miden seis metros cuadrados y albergan unos 108 metros cúbicos de agua.

Antes de sembrar los alevines se mide el oxígeno que hay en el lugar y la acidez o la turbidez del agua. Si el oxígeno es alto se colocan de 80 a 100 peces por metro cúbico de agua, pero si es bajo se siembran de 60 a 80.

A los tres meses y medio, las tilapias están listas para la venta. Cada jaula arroja una producción de 6,000 a 10,000 peces ó 3,500 libras de pescado.

Amatitán se ha favorecido con
los corrales.

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