7 de abril 2002



Nadie puede discutir que para educar a un hijo se necesitan dos actores principales:
la madre y el padre. Pero en esa dura tarea no todo es color de rosa, y con
frecuencia se generan discusiones entre las dos partes.



La madre no quiere que su hija adolescente vaya al cine, el padre dice que ya está grandecita y puede cuidarse sola. La madre quiere que su pequeño de cinco años se coma los vegetales porque son necesarios para su salud, al padre le da igual si el niño prefiere el postre o las verduras.
Lo cierto es que estas diferencias pueden ser el inicio de una discusión. La madre critica al padre su condescendencia y hasta su indiferencia por la familia. El padre reprocha a la madre su exageración y la acusa de hacer un espectáculo de todo lo que pasa.
Las discusiones y los enfrentamientos que se generan en un hogar la mayoría de veces se debe a las diferencias entre padres y madres para educar a los hijos.
“Pues papá nos deja” es un libro que da respuesta al enigma de por qué hombres y mujeres educan de modo distinto.
Este libro, que no debería faltar en la biblioteca de todo matrimonio bien organizado, detalla que los conflictos entre parejas tienen su sede principal en la diferencia de roles que desempeña un hombre y una mujer.
Mientras que el hombre casi siempre se dedica a trabajar fuera del hogar y se desliga de las responsabilidades dentro de este, la mujer pasa más tiempo con sus hijos y sigue de cerca sus comportamientos.
El padre se conforma con aportar económicamente al hogar y con lucir a su hijo los domingos en el parque. Él piensa que su trabajo es duro y por la noche cuando llega a su casa necesita descansar y liberarse del estrés acumulado durante el día.
La madre abnegada que ha aguantado todo el día las travesuras y los lloriqueos de los pequeños trata de compartir sus experiencias con su pareja. Comenta que llevó al niño mayor al dentista o que el más pequeño pronunció el nombre del hermanito, entre otras cosas.
Lo cierto es que al llegar la noche, los dos tienen finalidades distintas. Uno dice que necesita más consideración mientras se tiende en el sofá para observar la televisión y la otra espera que alguien la comprenda al tiempo que limpia la mesa y lava los trastos.

 

Estos ejemplos cotidianos son a menudo utilizados por la autora Yolanda Cadalbert-Schmid a lo largo de la lectura.
Ella demuestra las razones por las que a la hora de educar a los hijos siempre se pierde la armonía en un hogar.
Al abrir este libro dedicado a la familia, los lectores se encuentran ante un espejo que refleja de forma clara y sencilla los conflictos que se viven a diario en un matrimonio. Las investigaciones con diferentes familias realizadas por la escritora enriquecen el material.
La forma en que se va desarrollando la temática es muy ordenada. Se muestra el problema, las causas, las consecuencias que puede tener y al final se ofrecen las soluciones para librar las batallas que se generan entre parejas al momento de guiar a sus vástagos.
Aunque a los hombres les pudiera parecer que la autora está en contra de ellos, en la medida que destaca la poca participación que tienen al educar a los hijos, es necesario que antes se hagan una pregunta: ¿En realidad estoy pendiente de todo lo que ocurre a mis pequeños?
Al final la escritora da una solución: “Cuando los esposos se conocen bien y se ayudan mutuamente en las tareas domésticas y educativas, tan monótonas y repetitivas, mejora ese sentimiento de comunidad entre ellos”.

 

Educar a los hijos no es responsabilidad
de uno sino de dos.

Ficha técnica

Libro: ¡Pues papÁ nos deja!
Autora: Yolanda Cadalbert-Schmid
País: Alemania
Páginas: 183
Precio: $13.40 (colones 117.25)
Editorial: Ediciones Mensajeros, S.A.
De Venta en librerias catolicas luz y Vida.

¿Qué une a los padres?

Los dos aman mucho a su hijo.

Los dos tienen, por causa del hijo, un nuevo sentido distinto de la responsabilidad

Ambos experimentan una nueva cercanía, porque el hijo es una parte biológica de ellos mismos.

Ambos ven en el hijo aspectos positivos del otro.

Ambos se preocupan cuando el hijo tiene problemas o está enfermo.

Ambos sufren cuando el niño sufre.

Ambos se alegran con sus hijos, por ejemplo con sus éxitos.

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