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Lo bello y lo grotesco destacan en esta exposición
colectiva. Encierra el realismo social de los maestros José Mejía
Vides, Camilo Minero y el arte polémico de Antonio Bonilla.
Abierta al público desde el 19 de abril, en esta muestra se aprecian
obras con paisajes líricos plasmados en grabados, personajes populares
en óleo y la violencia en toda su dimensión, reflejada en
dibujo.
"Los tres son de generaciones diferentes y con estilos propios. El
hilo conductor que los une son las preocupaciones sociales reflejadas
en sus cuadros", explica Mario Castrillo, coordinador y presentador
de la exposición.
La obra de Mejía (fallecido) mantiene la identidad nacional, evoca
las tradiciones, las costumbres y los paisajes de El Salvador mediante
la técnica del grabado (xilografía).
Esta técnica consiste en tallar la madera; culminada la obra se
procede a imprimirla la imagen en papel, estilo muy peculiar del maestro
Mejía, quien muestra en esta exposición la delicadeza tallada
de las aguadoras, las iglesias de Metapán y Panchimalco, el trapiche
y el pito y el tambor.

Minero estampa la sencillez por medio de
grabados, en los que desfilan niños vendedores de periódicos
(canillitas) y un bodegón de una flor, en la cual aplicó
tonalidades amarillo pastel.
Trazos delicados

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En los lienzos de Camilo Minero se superponen
los planos de la figura humana como tema central, en los que resalta la
riqueza cultural de El Salvador desde una conversación entre comadres,
tumultos de gente que abordan autobuses, idealismo y ritualismo.
La mayor parte de sus cuadros expuestos
gravita en el expresionismo socialrealista, reflejados en las técnicas
de impasto, acuarela, óleo sobre madera, xilografía y piroxilina.
"Al apreciar la obra de Minero de cerca no tiene la misma dimensión
que de lejos. Es un empaste en el que aparecen bordes que aparentan estar
mal hechos y mal terminados, pero esa es la técnica", comenta
Castrillo.
El arte de este maestro no tiene motivos rebuscados. Parte de las cosas
sencillas y cotidianas de la vida.
Estilo
grotesco
Contrario a estos dos maestros se encuentra
Antonio Bonilla, catalogado por el resto de sus colegas como polémico,
irreverente, agresivo, que gusta sacudir la conciencia de quien observa
sus cuadros.
Su material, que él rotula "Apuntes sobre la violencia",
se distingue no sólo por las tonalidades en pastel, sino también
por la crudeza de mostrar la realidad que vive la sociedad salvadoreña.
Entre sus dibujos destacan los problemas familiares (violencia física,
sicológica y verbal); muestra la incidencia de los secuestros,
las violaciones y las torturas a las que son sometidas las víctimas
de estos fenómenos sociales.

Minero
Nació
en Zacatecoluca el 11 de noviembre de 1917. Fue pupilo del pintor Marcelino
Carballo y alumno de la Escuela Nacional de Artes Gráficas.
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Estudió en
el Instituto Nacional y en el Taller de Gráfica Popular, en México.
En 1996 se le reconoció con el Premio Nacional de Cultura y fue
nombrado hijo meritísimo de la República de El Salvador.
Mejía
Vides (1903-1993)
Muralista, grabador,
dibujante, pintor, nació el 19 de marzo de 1903 San Salvador. Hizo
sus estudios en el Instituto Ixelles, fundado en 1914 por Alberto Masferrer.
Como alumno destacado gana una beca (1922) otorgada por el Gobierno de
México, con la que amplía sus conocimientos en las artes
plásticas en la Academia de San Carlos.Dentro de sus lauros se
le otorga el primer premio en pintura al óleo en la Academia San
Carlos, México, 1925; primer lugar en la Exposición Centroamericana
de Artes Plásticas, en San José, Costa Rica, 1935.
Obtuvo primeros premios en pintura en (1963, 1965, 1969). Para 1987 recibió
el "Laurel de Oro" y en 1989 se le entrega una distinción
honorífica por el 25 aniversario de la presa "Guajoyo".

Antonio
Bonilla
(1954)
Su obra se distingue por formas y colores propios. Con un dejo surrealista
aborda temas de actualidad con agudeza e ingenio.
Posee obra en Europa, Estados Unidos y en El Salvador se le conoce como
el "maestro del feísmo".
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