5 de Noviembre de 2000



Algunos los critican por curar ilegalmente, estafar a la gente o trabajar con el demonio; otros los admiran por ser una huella ancestral en tiempos modernos. Para sus pacientes significan la salvación a sus problemas.


Escríbanos

Aparenta unos veinte años, de complexión delgada y mirada vaga. Repentinamente lo invade la ansiedad, pide permiso a su hermano para moverse de su asiento; se ríe levemente, mueve sus manos, se toca el corazón y platica en silencio, como con alguien.
Su hermano menor está preocupado, no sabe decir qué le sucede, solo que está así desde que al parecer no pudo culminar su amor con una muchacha del cantón donde vive. Llegaron a la “clínica” del “Hermano Santos” en Izalco, animados por una tía que los convenció “del poder del doctor”.
Mientras una mezcla de preocupación y esperanza se evidencia en los ojos del hermano del paciente, en la tía hay seguridad de que así como “el doctor levantó” a su padre de la muerte y a su madre de una dura enfermedad, su sobrino sanará.
Junto a estas tres personas hay otras en fila. Se han apurado a anotarse en el libro de pacientes para no ser de los últimos; saben que pronto llegarán otros aquejados de distintas partes del país. El sacrificio de la distancia no importa, la fe en que sanarán o resolverán sus problemas amorosos o económicos lo supera todo.
“Yo todavía estoy esperando la respuesta del trabajo que me están haciendo por que mi hijo deje el alcohol; ahora solo vengo a contarle lo que está pasando”, dice una angustiada madre mientras espera su turno.
La panorámica es la misma en todos estos lugares, donde los pacientes coinciden en encontrar respuesta para sus males físicos y espirituales, ya sea mediante recetas naturales o conjuros.
“Los daños existen, lo que pasa es que muchos no creen, pero solo la persona que los sufre sabe lo que es eso, y ¿quién más que estos hermanos (curanderos) para ayudar?”, dice una joven vendedora del mercado central de San Salvador.
Pero no todos creen en ese poder sobrenatural y botánico que se atribuyen estos curanderos. Sus ritos pagano-religiosos y su tendencia a lo oculto son duramente criticados.

Inaceptables ante Dios

El padre Óscar Rodríguez, párroco de la iglesia María Auxiliadora de San Salvador, no ve con buenos ojos esa mezcla de lo santo con lo pagano. “Dios es el soberano, tiene absoluto poder sobre el mal físico y moral; lo tiene sobre el demonio. No hay ningún acuerdo, no lo puede haber”, dice.
Un aspecto curioso y generalizado en estos centros es el ambiente de escasa luz y altares compartidos por imágenes religiosas y objetos esotéricos. Según el antropólogo Guillermo Bello Suazo, las mismas recetas en la que mezclan oraciones a santos y uso de amuletos significan el punto de unión entre la religión y el curanderismo.
El padre Rodríguez no lo cree así y es enfático: “Una cosa es que usen remedios naturales, algo normalmente aceptado, pero no mezclar a Dios, el demonio, la Virgen, los santos (en) cultos de ese tipo”.
Según el sacerdote, los curanderos que practican magia negra y blanca son creyentes (en Dios) a su manera y considera que si tuvieran el auténtico don divino de la sanidad no tendrían que recurrir a esos ritos. “Una mezcla de un culto al estilo San Simón es una auténtica supersticion prohibida en la Biblia”, acota.
El reverendo Cándido Ramírez, director de Educación Cristiana del Liceo Cristiano “Rev. Juan Bueno”, no cree que exista un don de sanidad divino ni natural en estos curanderos. “Están influidos por satanás y sus curaciones son producto de esa influencia y esto está prohibido en la Biblia”, opina.
Carlos Gálvez, también pastor evangélico, dice que esas prácticas son engañosas y peligrosas, que son prohibidas por Dios y que al final lo que quieren es desviar a las personas de la verdadera fe. “Los que buscan estos centros lo hacen por necesidad de una respuesta inmediata a sus problemas; quieren que se les resuelven a su manera, no a la de Dios”.
El padre Rodríguez lo aduce a una ignorancia religiosa. “Un católico bien centrado en su fe pone su confianza absoluta en Dios y no en este tipo de personas” y además le es ilícito visitar estos centros, aun cuando lo haga para recibir un remedio natural.
Sacerdotes y pastores evangélicos consultados coincidieron en señalar el libro bíblico de Deuteronomio, donde Dios manda a los creyentes a no practicar la adivinacion, la hechicería o los encantamientos, tampoco a consultar a los adivinos o a todo aquel que invoque a los espíritus o muertos.
El doctor Eduardo Valdez Bolaños, presidente de la Junta de Vigilancia de la Profesión Médica (JVPM), califica la curandería como un aspecto folclórico de nuestro ambiente, que pueda que tenga conocimiento de las plantas, pero no de las enfermedades.
Para este funcionario, a la JVPM no le incumben los hechizos y demás artificios que hagan uso curanderos, sino en el hecho de que se introducen en el campo de la medicina sin estar preparados académicamente ni autorizados.

 

También ven la curandería como una charlatanería porque se aprovechan de la ingenuidad de la gente y como una especie de riesgo espiritual. “Es un querer mezclar la auténtica fe con ritos paganos”, dice el padre Rodríguez. Los médicos, por su parte, lo ven más como un riesgo para la salud física.

Médicos sin título

El doctor Valdez se ampara en el Código de Salud que manda a la Junta a vigilar el ejercicio de la profesión médica, así como en el Código Penal, donde tipifica como delito y sanciona con prisión de uno a tres años el ejercicio ilegal de una profesión reglamentada sin contar con un título académico para ello.
Parte de las atribuciones de la JVPM son identificar, a través de cinco inspectores, aquellos centros de salud ilegalmente establecidos, entre ellos los de naturopatía, quiropraxis y curandería tradicional, cerciorarse de que no cuentan con la autorización y notificarlos a la Fiscalía General de la República para que proceda.
En lo que va del año se han cerrado cinco centros con fachada naturópata y hay más en la lista de espera. El doctor Valdez dice que muchos de los que se anuncian en periódicos, radio o son detectados por los inspectores serán visitados y se les exigirán sus atestados legales y académicos.
Una vendedora nahuizalqueña de medicinas naturales y productos afrodisíacos se negó a identificarse ni siquiera como curandera. “Luego molesta la autoridad, lo tildan de brujo a uno. Yo solo vendo estos productos; allá la fe de la gente”, dijo.

La JVPM solo reconoce a nueve médicos especializados en naturopatía y a cuatro en quiropraxis, que se han preparado en el extranjero porque en el país no existen escuelas de naturopatía o medicina biológica, ramas de la medicina alternativa.
Que muchos curanderos se sometan a cursos y participen de congresos internacionales no es suficiente para la JVPM. “No podemos aceptar a alguien que no tenga una licenciatura siquiera o técnico empírico... A los médicos nos han costado doce y trece años para ejercer medicina”, afirma el doctor Valdez.
Sin embargo, este funcionario cree factible que con un mínimo de noveno grado de estudios, sometidos a capacitación legalmente establecida por el Ministerio de Educación y avalada por la JVPM, los naturópatas o curanderos podrían ejercer.
El diploma que unos 300 naturópatas y otro número indeterminado de ellos han obtenido en Guatemala no es válido en el país, según la JVPM, porque ni los ministerios de Educación y de Salu ni la JVPM pueden darles amparo, ya que no cumplen los requisitos necesarios, comenzando porque no son médicos.
Pero la gente los busca. El licenciado Guillermo Bello Suazo dice que es por problemas de educacion y económicos, sino también por falta credibilidad en el sistema de salud. “A estos curanderos los ven como un sistema más humano, a eso responde precisamente el alto porcentaje de parteras y que las mujeres las prefieran porque se sienten mimadas”, dice el antropólogo.
Según el licenciado Bello Suazo, preocupa que un alto porcentaje de la población consulte a los curanderos y que es necesario revisar el sistema de salud, no solamente en cuanto a cobertura sino en calidad de la atención.
“Mucha gente visita estos centros, atraída por las limpias y curaciones porque cree que sus enfermedades son parasicológicas o paranormales. Esta gente (curanderos) tiene tal habilidad que hace creer a las personas que se curan y muchas veces son cánceres que les está afectando. Ocupan mucho la sicología humana”, opina el doctor Valdez.
Sea porque se curan o parezca que se curan, estos centros son muy concurridos. No se sabe cuántos hay en el país ni cuántos están apegados a la práctica tradicional indígena, pero según el licenciado Bello Suazo, “todo el mundo sabe de alguien que cura, hay una práctica tradicional extendida con una fuerza impresionante”.

 
Expresión cultural

La licenciada Gloria de Gutiérrez, jefa de Asuntos Indígenas de Concultura, dice que los curanderos cumplen una función social importante. “Creo que son especialistas, médicos (porque) además de atender la dolencia física, el curandero es como un sicólogo, como un siquiatra... Se les debería dar una atención como se ha hecho con las parteras, que sean una opción legal”, manifiesta.
Para esta funcionaria, a los curanderos no se les valora; los médicos los discriminan porque en general nunca se valora la cultura autóctona.
Sin embargo, para el antropólogo Guillermo Bello Suazo la figura del curandero se ha deformado y ya no se puede hablar de curanderos puros. Los centros de hoy ofrecen varios servicios para atraer dinero, amor y salud. El tradicional trataba aspectos de salud.
A juicio del antropólogo, la naturaleza del oficio también se ha visto alterada porque muchos comercian con la fe de las personas y viven de eso.

Objeto de estudio

En 1997 el Instituto de Estudios Antropológicos, Históricos y Arqueológicos de la Universidad de El Salvador investigó el comportamiento del curanderismo a través de diez centros naturistas en cuatro municipios de San Salvador: Ciudad Delgado, Mejicanos, Nejapa y Apopa.

Unas 150 personas consultaban diariamente, de los cuales el 80% eran mujeres y de estas “un porcentaje importante”, prostitutas por problemas conyugales, mientras los hombres eran agobiados por problemas personales y en algunos casos por enfermedades.

En términos generales, el 60% de las consultas obedecía a verificación de males, separación de hogares, suerte en el amor y en el trabajo, así como por cuestiones de salud. Todo a un costo promedio de ¢30, aunque había trabajos que podían alcanzar los ¢10,000. Las tarifas variaban según la gravedad y la dificultad del trabajo.

El estudio reveló que muchos de estos curanderos tienen conocimiento de plantas y de la sicología humana y que encontraban en la vía oral el método más eficaz de publicidad, más que la radio, la televisión y hojas volantes.

Según el licenciado Bello Suazo, la idea del estudio era demostrar que existe una fuerte campaña de modernidad en la actualidad y evidencia que en una sociedad moderna se está usando un recurso tradicional para resolver sus problemas.

 


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